A vueltas con “Esa otra Iglesia es posible”

Entramos de lleno en septiembre, el mes de inicio de curso para muchos. El regreso al trabajo, tras las vacaciones, para otros. En uno y otro caso tenemos la certeza de que se presentan unos meses cruciales y conflictivos. Las reivindicaciones ante los recortes han sido amortiguadas por el periodo estival. Pero están muy presentes. La crisis sigue golpeando las economías más vulnerables. Y lo curioso es que las dramáticas situaciones que se viven a pie de calle, tan sólo cruzan el espacio informativo como anécdota. Parece que los medios utilizan su influencia para dejar de hablar de algunas cosas y dar relevancia a otras.

Al margen de ese tema recurrente en los últimos meses, la Iglesia sigue girando como una peonza en esas diatribas entre conservadores y progresistas. Y si no lo creen sólo tienen que rescatar los titulares y artículos que hemos podido leer respecto a monseñor Martini. El cardenal de los progresistas, la figura mediática que sobrevoló como papable en algún Cónclave, nos ha vuelto a traer con su óbito los mismos temas que siguen rodando desde hace más de cincuenta años. Temas que parecen ser la panacea para revitalizar la Iglesia. Para algunos, la ordenación de mujeres, el celibato opcional, la pastoral con los homosexuales, el aborto y la píldora anticonceptiva, la comunión de los divorciados y vueltos a casar, son los pilares que hacen tambalear la fe de los fieles.

Y ahora que estamos a un paso de iniciar el año de la Fe a una sólo se le ocurre decir que va siendo hora de rescatar aquello que nos identifica por encima de las tendencias. Y lo que nos identifica o debiera identificarnos es el deseo de vivir según Cristo, teniendo claro si está presente en mi vida como algo vivo que además me lleva a hacer partícipes a otros de ese gran tesoro. La fe no nos libera de los problemas cotidianos, pero sí nos permite vivirlos de otro modo, completamente diferente de aquellos que no la tienen.

En nuestro caso, pese a los inconvenientes estructurales de la política o la sociedad, debemos afirmar que lo principal que mueve y dirige nuestras vidas, es precisamente el deseo de vivir según Cristo, de ser fieles a su mandato. Y la obediencia a la Iglesia nos sitúa en la órbita de la confianza. Estamos seguros que la mano que gobierna la Iglesia es mucho más prudente y sabia que la opinión propia. Y por otra parte, debemos tener claro que la Espíritu guía la Iglesia y el mundo de manera sorprendente. Lo que hoy nos puede parecer un inconveniente para la trasmisión de la fe, con los años se revela como acertadísima decisión.

Me fastidia mucho ver y escuchar a los alevines de “Esa otra Iglesia posible”. Porque lo que nos enseño Jesucristo es que hay una sola Iglesia. También nos dejó claro que la puerta de entrada a su morada era bastante estrecha. Y no omitió filípicas respecto a la dificultad de seguir con la cruz a cuestas, por un camino en el que se nos perseguiría, nos matarían y nos llevarían a los tribunales.

Viendo como está funcionando el mundo en estos últimos años. Una tiene claro que a la Iglesia no le espera precisamente un triunfo aplastante, muy al contrario tendrá frente a ella toda la fuerza de sus opositores, completamente convencidos de que deben dar un giro a sus posturas sobre los temas señalados más arriba. Esa labor va a ser más fuerte ahora que nunca, porque las tecnologías permiten campañas feroces. Deberemos tener abierto el entendimiento para no dejarnos caer en la manipulación ramplona.

Veo que de nuevo el anunciado Congrego de Teología la “Juan XXIII” vuelve a mezclar churras con merinas, para llenar cuota y aforo. Como estamos en crisis, oportunamente han hecho girar todas sus ponencias sobre el tema que más preocupa a la sociedad. Pero conociendo sus conclusiones de otros años, podemos asegurar que terminarán por acusar a la Iglesia de la dictadura de los mercados. Y volveremos a tener esa dicotomía espeluznante que divide “los buenos y los malos creyentes”, según la particular óptica de cada uno.

Más nos valdría un poco de autocrítica personal a la luz de la fe. Que es de lo que se trata en última instancia. Y tal vez rogar más unos por otros. Para que nuestras diferencias se limen y se suavicen las aristas que no separan tan grotescamente de aquello que nos debería unir como hermanos.

Anuncios

Acerca de Carmen Bellver

Colabora en los medios de comunicación aportando su visión desde el humanismo cristiano
Esta entrada fue publicada en Actualidad y etiquetada . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s