Digamos que hablo de Esperanza Aguirre

Dicen que la política es un veneno. No sé si es el poder, la ambición o el dinero, lo que más pesa para estar activos y en primera línea. El marketing vende la vocación de servicio como la primera de las prioridades para hacer carrera política. Pero la realidad oculta muchas sorpresas bajo la alfombra del despacho. A Esperanza Aguirre hay que reconocerle valor, talento y ganas de vencer las adversidades. A una le gustaría descubrir lo que oculta su declaración a los medios para dar por finalizada una carrera brillante de más de treinta años.

Saber retirarse a tiempo es más difícil que mantenerse en la brecha. Porque muestra la cara oculta del personaje. El saber valorar las cosas por lo que son y no por lo que aparentan ser. En la distancia Esperanza Aguirre rebosa saber estar. Olfato político y sangre fría para mantener cualquier envite sin que el rímel se corra de sus ojos. Su declaración a los medios esta mañana ha dejado conmocionada a la opinión pública. Y me huelo que ese fervor por la familia, tras treinta años de compatibilidad forzosa, es muy poco creíble. Pero el tiempo nos pone a todos en el lugar que debemos estar. De manera que hay que esperar acontecimientos que volverán a hacer de Esperanza Aguirre titular en “prime time”.

No comparto su amor por Eurovegas, ni muchas de sus actuaciones políticas. Pero me agrada comprobar que lo principal para mantenerse en un cargo es asumir que no caes en gracia a todos. Y también que a lo largo de los años creas amigos y enemigos a partes iguales. Saber lidiar con los segundos es todo un arte. Y me consta que Esperanza Aguirre eso lo tiene muy a gala.

Luego están las cualidades personales, como el sentido de humor, que le viene por vena familiar. La actitud aristocrática de quien se baja a pie de obra, cuando se puede vivir sin trabajar. Que ya es mérito. Perdemos un personaje de primer nivel en la política. No quedan muchos con su trayectoria y sentido común. Con su coherencia y principios manifiestos desde el primer momento. Y que no ha cambiado de chaqueta según soplase el viento.

Tal vez llega un momento en la vida que haces balance y te das cuenta que no valía tanto la pena aquello a lo que has dedicado tu vida. Espero con impaciencia su libro de memorias, para que me saque de mis dudas y equivocaciones de juicio, respecto a su persona.

Mañana leeré la crónica de un columnista de la Razón al que sigo asiduamente. Por el arte con el que sabe llenar cuartillas y ocupar espacio. Un incondicional de Esperanza Aguirre a quien le unen lazos familiares. Seguro que ya saben a quién me refiero. Pues ese señor, también con aire aristocrático, es otro de los que sabe estar a las duras y las maduras.

Y una que es plebeya hasta en la raya del pelo. Agradece que algunos aristócratas sepan trabajar como cualquier currante. Que se ganen el puesto por méritos propios y que se retiren por propia iniciativa. Es mucho más elegante a que te encausen por cohecho, malversación o evasión de impuestos. Digamos que hablo de Esperanza Aguirre o digamos que hablo del Madrid de Joaquín Sabina.

Acerca de Carmen Bellver

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