Dictadura financiera y pobreza mundial

Nos han dicho que no podemos seguir viviendo al mismo ritmo que antes. Han entonado un responso por el Estado de Bienestar. Y no es cierto que no se puedan mantener los Servicios Públicos básicos. Lo único real es que se defrauda, se malversa, se escamotea del erario público y la mirada impávida de los políticos no hace nada por cambiar el rumbo de esta deriva espantosa. La dictadura financiera es total, con ribetes apocalípticos. Hoy la cuarta guerra mundial consiste precisamente en una guerra comercial basada en el capitalismo más voraz. Donde las personas son meros objetos productivos.

Sabemos que el poder y el dinero se reducen cada vez más en manos de unos pocos, que especulan con los alimentos básicos, con las medicinas, con los servicios sociales. Es cierto que no se puede premiar el asistencialismo, que la competitividad y el esfuerzo personal se deben promocionar para ser productivos. Pero también es verdad que esta crisis no la han provocado los consumidores de a pie. Sino los tiburones financieros que siguen especulando con el capital.

De otro lado, hemos visto como en unas décadas se abandonaba la industria y se ponía énfasis en el sector financiero y especulativo. Un error producido por la adoración al dios Mamón idolatrado por tantísimos, que lleva inevitablemente a la pobreza y la exclusión social de miles de personas. El juego capitalista es un Saturno que devora a sus hijos. Estamos deslocalizando empresas que emprenden la huida de nuestros países hacia otros de economías emergentes, con coste sociales más bajos. Lo que no se dice es que la reducción de costes se hace a cuenta de la calidad de vida del trabajador, de sus garantías de salubridad y dignidad. En pocas palabras volvemos al siglo XIX a las empresas del inframundo, insalubres, que consideran a sus trabajadores material productivo, sin consideración a sus condiciones laborales.

La lucha obrera en Europa permitió un Estado de Bienestar conseguido a golpe de insurrecciones, rebeliones, huelgas y presiones de los sindicatos. Vivimos ahora los coletazos agónicos de todo aquello. Las condiciones laborales actuales son precarias y dejan mucho que desear. En pocos años y con la claudicación de sindicatos pesebreros vendidos a la subvención fácil, hemos perdido calidad de vida. Hoy hay jóvenes que mal trabajan por un salario mínimo que paradójicamente no les permite construir un futuro.

Por todo ello se sale este diecisiete de octubre a la calle para denunciar que la pobreza sigue siendo la nota dominante del planeta. Donde miles de seres malviven, mientras otros pocos disfrutan de riqueza suficiente para solucionar los agujeros de la crisis. Para un creyente está claro que el rico puede entrar en el Reino de los Cielos, sólo que su puerta será mucho más estrecha, porque está construida en base a la avaricia, al mantenimiento de condiciones de desigualdad social y en muchas ocasiones su propio egoísmo es responsable de la situación del resto de sus hermanos.

Sólo cuando los gobiernos legislen para que exista un bienestar social equitativo entraremos en la dinámica del Reino de Dios. Donde todos compartimos los bienes y los repartimos en base a las necesidades más perentorias.

Que esta lucha contra la pobreza no caiga en el juego mediático del escaparate. Ahí donde se juntan unos cuantos para hacer como que luchan por mejorar las condiciones de vida, cuando de lo que se trata es de seguir jugando con los pobres del mundo.

Es necesario que esas desgravaciones fiscales por conciertos benéficos o Fundaciones, no se conviertan en la excusa para que los de siempre sigan jugando con los pobres, mientras ellos viven de maravilla. Mejorar las condiciones generales de vida es el logro del Estado de Bienestar y no podemos renunciar a ellas, porque un Estado que no trabaje por el bienestar de su pueblo estará abocado inevitablemente a una dictadura que manipulan a la gente para sacar tajada.

Acerca de Carmen Bellver

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