La sociedad polarizada de este siglo XXI

Es un hecho evidente y preocupante. En cuestión de dos o tres años la paz social ha saltado por los aires. Aquella idílica transición buscando el consenso se ha roto en mil pedazos. La sociedad se polariza, los enfrentamientos en las calles se repiten, el malestar aletea detrás de cada cogote. Sentimos que la crisis ha roto nuestro futuro y lo que es peor nos ha dejado maltrechos. La bolsa de pobreza sube en España a niveles que ya parecíamos haber olvidado. Hemos retrocedido en bienestar al furgón de cola de los países más desarrollados. Y todo esto sucede de sopetón porque durante años nos habían vendido una sociedad idílica, un paraíso permanente. Cierto que nunca conseguimos atajar la sangría del paro. Pero también es verdad que muchos se acostumbraron a sacar tajada de las ayudas sociales, en una picaresca constante y desvergonzada.

En definitiva que entre los de arriba y los de abajo, hemos construido en cuestión de unos años, una sociedad enferma y terminal, cuyas raíces están podridas desde la base hasta las cúpulas. Y con estos mimbres es evidente que no saldremos adelante. Por ello las cosas empeoran a marchas forzadas. Cuando la libertad religiosa es un logro de nuestra sociedad, encontramos que unos mozalbetes recuperan el lenguaje guerra civilista para acongojar a una escuela religiosa. El asalto al colegio de los salesianos de Mérida puede pasar como una gamberrada de jóvenes sin cerebro, pero no debemos minimizar los hechos, porque son una muestra más de cómo se está deteriorando la paz social.

El ambiente crispado de la calle, con movilizaciones descontentas con las políticas sociales, hace presagiar más radicalismo elevando la temperatura al punto de ebullición. Y ese punto se parece mucho a las algaradas de otros países golpeados por la crisis. El fenómeno no es nuevo, se ha dado en todos los periodos de transición de un modelo social a otro. Está presente en la historia europea con dos guerras mundiales fruto de los conflictos ideológicos que azotaron el siglo XX.

Nosotros estamos inmersos en una sociedad que ha entrado en una nueva era. Y ello supone logros indudables que todavía no somos capaces de analizar, pero también conflictos de difícil solución. A la Comunidad Europea le acaban de otorgar el Premio Nobel de la Paz. Es cierto que tras la segunda guerra mundial Europa ha conseguido una estabilidad política durante más de sesenta años. El empeño por hacer una Comunidad Europea plural y sólida nos ha estado dirigiendo durante más de cincuenta años. Pero la realidad es que los pilares que mantienen ese sueño, parecen ahora muy próximos a derrumbarse.

Aletean ahora los primeros conatos de separatismos dentro de una sociedad plural. Volvemos a estar como en el siglo XIX soñando con identidades históricas de dudoso futuro. Y salen los fantasmas del pasado con su cohorte de ideas trasnochadas y de algaradas con gritos que parecen sacados del fondo del armario de la historia. Pero aunque todo esto parezca una pesadilla, lo cierto es que a una le da por pensar que no todo es casual. Que hay como una pesada mano negra moviendo los hilos. Los oportunistas de todos los tiempos están al acecho para sacar tajada de esta coyuntura.

Por ello una vez caídas las ideologías que polarizaron la guerra fría, estamos ahora huérfanos de soluciones políticas viables y con futuro. Si la sociedad de las nuevas tecnologías nos ha impuesto un ritmo frenético de vida, el motor que lo impulsa carece ahora de sentido y coherencia. Se diría que no encontramos analistas fiables o capaces de darnos unas líneas orientadoras. Ahora todo salta por los aires en cuestión de minutos o segundos. Con un clic puede cambiarse el destino de un país. Y eso desde luego no facilita las cosas. De manera que tendremos que volver a poner en el centro de todo al ser humano para que el pensamiento vuelva a renacer de sus cenizas. La ciencia y la economía no lo son todo, no pueden progresar sin que el cerebro dirija su ruta y sin que la ética aparezca junto a ellas. En caso contrario estamos abocados al puro suicidio.

Estamos en el mejor de los momentos para la nueva evangelización. Para ofrecer lo mejor que hay en nosotros. La confianza y el amor a Dios y a los demás, es la única luz que brilla en estos tiempos oscuros.

Anuncios

Acerca de Carmen Bellver

Colabora en los medios de comunicación aportando su visión desde el humanismo cristiano
Esta entrada fue publicada en Sociedad y etiquetada , , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s