Un cáncer terminal por un modo de vivir equivocado

En un país hundido por la crisis y en vías de desfragmentación por ese sueño camaleónico que han inventado los nacionalistas periféricos, hay textos que deberían ser de lectura obligatoria. Imaginen la abulia de algunos diputados en el Congreso, leyendo revistas de dudosa respetabilidad, consultando en su Ipad las escapadas de fin de semana. Esta nueva clase social que vive de la cosa pública y que apenas sabe de los sinsabores de millones de españoles, tendrían que recibir de tanto en tanto, textos como el que pongo a continuación:

“Sed buenos, comprensivos, perdonándoos unos a otros como Dios os perdonó en Cristo. Sed imitadores de Dios, como hijos queridos, y vivid en el amor como Cristo os amó y se entregó por nosotros a Dios como oblación y víctima de suave olor. Por otra parte, de inmoralidad, indecencia o afán de dinero, ni hablar; es impropio de santos. Y nada de chabacanerías, estupideces o frases de doble sentido; todo eso está fuera de sitio. Lo vuestro es alabar a Dios. Meteos bien esto en la cabeza: nadie que se da a la inmoralidad, a la indecencia o al afán de dinero, que es una idolatría, tendrá herencia en el reino de Cristo y de Dios. Que nadie os engañe con argumentos especiosos; estas cosas son las que atraen el castigo de Dios sobre los rebeldes. No tengáis parte con ellos; porque en otro tiempo erais tinieblas, ahora sois luz en el Señor. Caminad como hijos de la luz”. Efesios (4,32–5,8)

Sí, entiendo que la cuestión religiosa no forma parte de la vida diaria de sus señorías, al menos de la mayoría. Por eso les debe de sonar un tanto atrevido que se señale la inmoralidad, la indecencia o el afán de dinero, como algo reprobable. Porque en esencia todos conocemos más de un político que ha declarado que lo suyo en la vida pública era sacar tajada del cargo. Pero es que además nuestros jóvenes alevines en las escuelas e institutos, no tienen otro deseo que ser famosos y ricos, lo de menos es la ocupación; la aspiración en sí misma denota el nivel moral de nuestra sociedad.

Una sociedad que aplaude el pelotazo y la picaresca, que está pronta a aprovecharse de los demás, sin valorar la catadura moral de sus actos. Una sociedad, que en definitiva ha dado la espalda a Dios para sentirse dueña y señora de las leyes más absurdas. Como la de permitir la relación sexual consentida con menores, mientras se niega el permiso de circulación hasta la mayoría de edad. Una sociedad que consiente en matrimonio de menores de catorce años que están obligados a estudiar hasta los dieciséis. Un absurdo legislado por sus señorías y que lo trágicos acontecimientos sociales ponen en la picota.

Durante varias décadas del franquismo oscurantista, los niños españoles soñaban con ser médicos, maestros o ingenieros. Su máxima aspiración era una profesión que les hiciera prosperar, estando la riqueza y el pelotazo bastante lejos de sus preferencias. Tal vez porque entonces existían profesiones respetables, en las que el servicio público denotaba una calidad humana especial en quienes lo ejercitaban. No en vano había un alto grado de consideración por las personas que ejercían una determinada profesión. La gente respetaba a los profesionales y confiaba en su buen juicio.

Aunque sólo sea por estas frases de San Pablo, más de uno debiera valorar que nuestra sociedad ha perdido el rumbo fundamental que hace progresar a un pueblo. La excelencia y el servicio forman parte de la herencia moral que reciben los más jóvenes. Sin embargo, hoy nuestros niños y adolescentes, son golpeados en las noticias por pleitos judiciales de supuestos servidores públicos que han intentado aprovecharse de su cargo. En ocasiones los famosillos ídolos de sus sueños terminan también en el banquillo por defraudar a Hacienda o por dimes y diretes de cariz escandaloso. Todo el circo mediático subraya lo peyorativo y arrincona lo que en esencia debería promocionar: el buen juicio, la honestidad, la responsabilidad.

No es extraño por tanto que la crisis económica haya arrastrado a tantas personas que sometidas al imperio de los mass media apostaron por endeudarse, sin considerar que las cosas pudieran torcerse. Se abandonó la herencia del ahorro y del buen pagador, para subirse al carro del derroche y del gasto consumista. De aquellos polvos vienen estos lodos en los que andamos enfangados.

Sólo una gran transformación social que parta de las raíces del individuo, podría sacarnos de una crisis, que esencia es un cáncer terminal por un modo de vivir equivocado.

Acerca de Carmen Bellver

Colabora en los medios de comunicación aportando su visión desde el humanismo cristiano
Esta entrada fue publicada en Sociedad y etiquetada , . Guarda el enlace permanente.

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s