Que Dios os acompañe y proteja. ¡Feliz Navidad!

Estamos frente a un acontecimiento al que mucha gente mira con recelo. Son fechas donde el calor del hogar y el corazón esponjado de buenos sentimientos acude puntual a la cita de todos los años. Es tiempo donde las tristezas de quienes nada tienen aumentan como un pesado fardo. Porque en esta cita más que nunca, si cabe, quien sufre, sufre dos veces; quien goza, goza dos veces.

Pero a nosotros los creyentes nuestra fe nos pide que como María en el evangelio de este domingo, acudamos solícitos a ayudar a los demás. Los gestos por muy pequeños que sean son señales victoriosas de generosidad, amabilidad, simpatía, proximidad ante quienes han perdido la esperanza.

Me gustaría hacer llegar esa puerta abierta a todos aquellos que en tiempos de crisis y desamor, se han quedado sin nada. Esa puerta que lleva en la dirección del amor, de la acogida, del compartir generoso con quien menos tiene.

Contemplar el Belén es advertir que el hogar se hace presente donde el calor del amor abriga los corazones. No son necesarias grandes cosas, ni mesas opíparas llenas de manjares, ni árboles luminosos cubiertos de regalos. En un pequeño pesebre, al calor de los animales, rodeado del amor de los suyos y de la alegría de unos extraños como los pastores, nace el Dios con Nosotros. Nos recuerda los valores que deben presidir cualquier vida. Unos valores basados en lo fundamental. Con ellos no hay crisis que pueda triunfar.

La luz brilla en la oscuridad, con más fuerza que nunca en estas fechas. La luz del amor derrite el hielo de la avaricia, del rencor, del egoísmo, de la guerra, del hambre. Esa luz se enciende cada Navidad en todo el mundo, porque esta fecha es universal. La recibirán en todos los continentes, se encendió en Belén y recorre el mundo para alumbrar la oscuridad. Gocémonos con ella.

Que el amor y la paz del Señor esté presente en vuestros hogares. Ese es el mejor regalo de Navidad, el único que debería estar siempre presente. Lo demás es accesorio, fruto del consumismo, de un ambiente comercial que no refleja lo importante del acontecimiento que celebraremos esta Noche Buena. Que sepamos llevar esa esperanza a otros hogares. Especialmente a los que se sienten abandonados, enfermos, y olvidados.

Me uno a todos vosotros en la oración en estas fechas, para que el amor de Dios se derrame una vez más en este planeta lleno de contradicciones sin sentido. Que Dios os acompañe y proteja.

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Acerca de Carmen Bellver

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