Bienvenido 2013. Año de la Fe. Año de la Esperanza

En estos primeros días del 2013 os animo a encomendaros a Dios y darle gracias por el fatídico 2012. Porque a pesar de los pesares hay mucho que agradecer. Hubiera querido hacer un resumen del año en base a buenas noticias. Pero como bien dice Benedicto XVI el mal tiene más publicidad que el bien. Sin embargo, este año de penurias ha incrementado la solidaridad de los pobres. Muchos han tenido que acudir a Cáritas, pero más han colaborado en donar generosamente alimentos o ropa. Y eso es un motivo de esperanza, porque muestra que el hombre puede ser un lobo con su especie, pero está creado a imagen y semejanza de Dios, en él aletea el espíritu del amor hacia los demás, sólo hay que despertar ese rasgo divino para que todo vuelva a renovarse.

En el año de la Fe conviene alimentar la esperanza, pese a las voces agoreras de Merkel y Obama, con sus profecías calamitosas. Es cierto que la crisis económica parece irradiar a todo occidente con un único objetivo: hundir las clases medias y crear una sociedad empobrecida en manos del capital. Pues bien, ahí está la voz de la Iglesia y de los fieles cristianos que gritan clamando por la Verdad. El hombre no es un objeto de consumo, no puede estar esclavizado en manos de la productividad y el rendimiento, como si estos fueran valores absolutos. Tenemos que conseguir cambiar la mentalidad avariciosa, por la mentalidad del bien común. Producir para mejorar las condiciones de vida de todos los hombres. Y no producir con el único objetivo de alcanzar mayores beneficios a costa de la miseria de miles de seres.

Os convoco a seguir reivindicando la sociedad del bienestar, la sociedad de los derechos básicos: educación, trabajo, sanidad, cultura. Porque la mayor felicidad no está en acaparar sino en desprenderse y en mejorar las condiciones de vida de quienes nos rodean. Si conseguimos que los valores cristianos superen la mentalidad mezquina del capital, estaremos entrando de verdad en una nueva era. Y hay mucho del Reino de Dios oculto a la mirada de las mayorías. Tal vez es el momento de mostrar esos valores ocultos que no son noticia.

Entre líneas se encuentran esos modelos sociales que hay que publicitar, vecinos que se acuerdan de los más débiles, que comparten su cesta de la compra. Empresarios que donan parte de su producción a los bancos de alimentos. Constructores que facilitan viviendas con rentas mínimas a desahuciados. Hay un ramillete de gente de buena voluntad, pese a toda la porquería que en ocasiones pueda rodearnos.
Y si es verdad que las guerras, el hambre y la miseria continúan presentes en el mundo, más verdad aún es que son fruto del pecado del hombre. Por eso los creyentes seguimos orando por toda la humanidad, para que el bien siga presente, con la seguridad de que el mal no tiene la última palabra. Es obvio que de las crisis se sale fortalecidos, se aprende de los errores cometidos, se progresa. Y quiero pensar que aunque nos queden unos cuantos años difíciles, el hombre sabrá resurgir de sus propias cenizas.

Frente al consumo propiciado por la globalización y la guerra comercial desaforada, promocionemos el consumo responsable. No es necesario comprar compulsivamente para tener el último modelo, la última marca. Educar para la responsabilidad conlleva precisamente no gastar superficialmente, enseñar a ahorrar propiciará que las familias no se endeuden innecesariamente como estos años pasados lo hicieron sin previsión de futuro. El cambio social debe conllevar un cambio de valores y de modelo de sociedad. Podemos construir ese futuro si cambiamos los valores caducos que nos han abocado a la crisis de un modelo social que muchos consideran fracasado.

Que el Señor de la vida nos guie en este año que comienza. A Él debemos ofrecerle todo lo que vayamos a realizar, porque es quien cambia el llanto por risas, el dolor en ternura, la desesperanza en esperanza, el odio en amor.

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Acerca de Carmen Bellver

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