Día del enfermo: “Pues anda, haz tú lo mismo”

Este lunes la Iglesia celebra el día del enfermo. Una fecha donde la oración por quienes sufren se eleva en todas las iglesias de España. La enfermedad es una oportunidad más que nos da la vida, con ella descubrimos la fragilidad de nuestra existencia, somos más vulnerables de lo que nunca hubiéramos sospechado. Se abre una puerta tras la que ya nada es igual. Muchos descubren el sentido de su vida, tras una dolorosa enfermedad. Otros viven esos momentos con una fe llena de súplicas, pero también de aceptación. Y por supuesto los hay que se rebelan, que se llenan de un sentimiento trágico que les supera.

Como casi todo en esta vida, le damos el verdadero valor a la salud cuando la perdemos. Nos damos cuenta entonces de las veces que debemos agradecer todo lo bueno que poseemos. Mi experiencia personal con el dolor, la convivencia larga en centros hospitalarios, me permitió escribir una novela “Habitaciones aisladas”, donde se reúnen seres de diversa condición que van a convivir con la enfermedad y la incertidumbre, seres cuyas vidas de pronto han sido paralizadas en una planta de hospital donde llegarán a conocer otras personas en una situación similar.

Las relaciones que se pueden establecer en un hospital son del todo diferentes a las amistades que surgen en otros ámbitos. El reto de la novela estriba precisamente en mostrar que pese a ello la vida sigue. La novela traza una a una la historia que hay detrás de cada enfermo y los vínculos que establecen entre sí. No tiene un fondo religioso, aunque hay personajes que viven una fe muy intensa, mientras otros están completamente alejados de Dios. Hay un hilo común entre los enfermos que se presenta con la aparición de esas habitaciones aisladas donde los enfermeros entran con mascarilla. El cataclismo que supone para los habitantes de la planta ver sellar las habitaciones, les unirá en las pesquisas para descubrir qué enfermedad se cierne tras aquellas puertas.

No voy a hacer una crítica literaria de la novela porque eso les corresponde a otros, pero he querido presentar la misma en estas fechas próximas al día del enfermo. Creo que hay miles de personas que nunca han pisado un hospital, para ellos la novela es una oportunidad para descubrir un mundo muy cerrado que sin embargo está lleno de vida.

Es curioso pero el Evangelio está lleno de enfermos que son curados por Jesús. Allí hay piezas antológicas que nos descubren la fragilidad humana y la grandeza del Señor. Para mí esa oración de intercesión por los demás, se refleja en el paralítico que es bajado desde el tejado para ser curado por Jesús. Allí vemos la presencia activa de otros que buscan la manera de ayudar al enfermo en lo poco que puedan, que en este caso era llevarlo a la presencia del sanador.

Para esta jornada la Iglesia nos presenta otro fragmento del Evangelio, la del buen samaritano (Lucas 10, 37), con las mismas palabras que tras la parábola dice Jesús: “Pues anda, haz tú lo mismo”. Os dejo a continuación la oración que la Conferencia Episcopal ha publicado para esta jornada:

Jesús, Buen Samaritano,
que viviste aliviando el sufrimiento
como expresión de la misericordia del Padre.
Nuestro mundo arde en deseos de eternidad,
pero el camino de la vida es largo y tortuoso:
hay violencia, desgracia y desesperanza.
Nuestro mundo sufre.
Ayúdanos a bajar a lo profundo del corazón,
donde habitan las carencias
y se descubren las necesidades,
donde se escucha el grito del dolor,
la voz de quien sufre y necesita.
Danos entrañas de misericordia,
para que no demos rodeos ante los que sufren
y sepamos caminar con los ojos del corazón abiertos
para ayudar a quienes nos necesitan.
Haznos, Señor, buenos samaritanos
para que el mundo descubra en nuestra vida
el rostro misericordioso del Padre.

No dejemos de dar gracias por el don de la salud, y mostremos la ternura y la compresión hacia quienes viven golpeados por el dolor de la enfermedad. Pero sobre todo para quienes tenemos fe, presentemos ese momento como la oportunidad de entrar en el recinto sagrado de la vida, de puntillas, agradeciendo la fragilidad que nos hace clamar hacia el Señor, que nos lleva a sus brazos amorosos y nos enseña a que estamos de paso en esta vida.

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Acerca de Carmen Bellver

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