Rumorología tras la Sede Vacante en el Vaticano

Se oyen y se leen numerosos bulos tras el anuncio de la sede vacante en el Vaticano. El más sorprendente viene de la reputada agencia efe. Un sastre colombiano confiesa que ha elaborado tres mitras y ajuares para hombres altos y europeos. Me ha sorprendido hasta el estupor la inconsistencia del argumento. ¿No hay candidatos altos en África, Asia o América?. En qué se basa el costurero para afirmar que son europeos. Porque lo cierto es que las medidas se corresponden con una estatura media: 1,78-1,83-1,84. Supongo que para un colombiano esa estatura es alta, pero para los occidentales es una medida muy corriente. Lo más significativo, si hiciéramos caso de la confesión del sastre colombiano Luis Alberto Delgado, es que descarta a los papables bajitos. Monseñor Cañizares puede dormir tranquilo.

Luego vienen los pálpitos personales. Para monseñor Amigo el Cónclave será corto, mientras que el cardenal Lehmann advierte que el Cónclave será largo. Eso sin contar con las profecías de San Malaquías y sus augurios nefastos que llenan portadas con un futuro incierto. Es decir que para los medios se abre un periodo de rumorología inconsistente, puesto que ninguno tendrá acceso a la información que manejarán los cardenales en la Capilla Sixtina. Y si algo podemos afirmar es que ninguna de las visiones traídas a colación por ser revelaciones que hablan de los últimos tiempos, merecen tenerse en cuenta, como fiables.Puesto que todas ellas aluden al arrepentimiento y a la conversión como solución para evitar males mayores.

En cualquier caso tenemos dos o tres líneas maestras que indican por sentido común un par de notas con probabilidad de ser ciertas. La buena salud del futuro pontífice, el vigor físico que determinará su buen hacer en la silla de Pedro. Y la necesidad de que acometa la labor emprendida por su predecesor, quien admitió no ser capaz de llevar adelante los temas pendientes.

Hay por último otro rumor de fondo que nada tiene que ver con Vatileaks, escándalos sexuales, cuentas secretas o abusos pederastas. Me refiero a la posibilidad de que la proverbial lucidez de Benedicto XVI se estuviera apagando por una enfermedad degenerativa y propia de la edad provecta. Es sólo uno de los muchos rumores que harían posible entender su renuncia y su deseo de finalizar los días tras los muros de un claustro, al abrigo de miradas ajenas. Algo que sólo sabrían los más íntimos y que no convenía hacer público de ninguna manera.

Pero en cualquier caso, lo más inmediato es valorar qué necesita la Iglesia en este nuevo milenio y creo no equivocarme si deduzco una línea maestra que ha señalado el mismo papa emérito, quien deja su agenda al sucesor. Indudablemente los tiempos son otros y pertenecen a mentalidades abiertas, capaces de intuir por dónde sopla el Espíritu.

A la Iglesia le achacan una decrepitud que no es cierta. Está en expansión en Asia y África y mantiene una autoridad moral que sigue siendo un referente para millones de personas. Cuando cambian los tiempos, los grandes errores de la sociedad, quedan reflejados en las sabias palabras de la Iglesia. Últimamente se ha abierto una oposición en muchos países al matrimonio homosexual o al aborto, entre otros casos. Y esa sintonía con la Iglesia viene de la mano de políticos o científicos ajenos a la fe católica. Por tanto, cabe explicar que la moral de la Iglesia no surge por consenso, sino que se basa en el derecho natural, algo que como el ADN está sellado y no es posible cambiarlo al arbitrio de ninguna conveniencia. Por otro lado la crisis económica que es una crisis social, vuelve a poner las palabras de Benedicto XVI en vigor al hablar de la necesidad de un mayor control sobre los bienes de la humanidad. Y por último cabe seguir explicando la fe como un encuentro gozoso con Cristo que nos lleva a caminar por una senda abrupta que sin embargo, realiza al ser humano en su totalidad. Porque Dios sigue siendo ese Tú que todos estamos anhelando.

Las reformas en cuanto a moral sexual, acceso al sacerdocio de las mujeres, facilidades para recibir los sacramentos de los divorciados, o el celibato opcional, siguen sonando por parte de esa facción de la Iglesia a la que se le hace difícil conciliar la fe con la vida de la sociedad. Tal vez la llamada a la santidad como una vocación ineludible de todo creyente, resuene con más fuerza en la voz del nuevo Pontífice, para conciliar esas dos corrientes opuestas que conviven en la Iglesia. Que el Señor asista a los cardenales y todos ofrezcamos el mismo ejemplo de Benedicto XVI, dispuesto a someterse a la autoridad del nuevo Pontífice.

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Acerca de Carmen Bellver

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