Así se las gastan los monseñores

Un buen amigo me ha enviado un video que deja en evidencia a los hombres de Iglesia. Podemos ver a un encogido Benedicto XVI ofreciendo la mano para el saludo, mientras se la niegan los mitrados, que no dudan en cambio de ofrecerla al cargo público.

Una vergüenza que publico después de reflexionar, porque me hace pensar en cómo ha sido tratado Benedicto XVI por la Curia, de quien sin embargo se despidió dando las gracias. Y es que junto a las ovejas están los lobos y es difícil cribar lo bueno de lo malo. Por eso tal vez se ha lanzado un órdago a su sucesor para que siga limpiando la Iglesia de arribistas y malos pastores.

Añado ahora mismo que este video es una burda manipulación. Se trata de la presentación del séquito de Benedicto XVI al cargo público del país. Por eso no da la mano a quienes de sobra conoce. Añado el enlace para que se vea la manipulación http://www.aciprensa.com/noticias/no-existis-falta-de-respeto-de-obispos-alemanes-al-papa-explica-vocero-vaticano/#.UTyC31e6yBF
Da la sensación de que cuando uno llega a Papa queda secuestrado por una estructura inamovible durante siglos. Y la única solución para denunciar tal hecho es renunciar para clamar ante los cardenales. ¡Hagan una elección que pueda coger las riendas desbocadas durante siglos! Nos consta que hay muy buenos obreros en la viña del Señor. Todos ellos deben ahora reflexionar y orar para acertar en una elección que aunque luego nos desconcierte, esté de acorde con los tiempos.

Sin duda cada Papa deja una impronta, una huella. Juan Pablo II el Grande, acercó la Iglesia a todos los pueblos y naciones. Viajó en un baño de multitudes, se esforzó en clamar contra los miedos y respetos humanos. Pero tal vez abandonó el gobierno de la Iglesia confiando en manos que no siempre respondieron con lealtad. Benedicto XVI ha luchado contra los errores del anterior pontificado. Y se va diciendo que todavía queda mucho por hacer

El papa emérito ha sucumbido al peso de sus achaques y la ingente tarea de no poder mover pieza, con la soltura que exige su cargo. Dice que no se va por miedo, ni por cobardía, sino porque lo cree imprescindible para la Iglesia. Hay que leer estas palabras en clave. Si él no se siente con fuerzas para seguir, los monseñores deben optar por alguien con los suficientes redaños para gobernar. Por supuesto no hay que olvidar que debe ser un pastor y un padre para todos. Un hombre de Dios, pero con carácter y ganas de acometer los vientos huracanados que agitan la barca de Pedro.

Me atrevo a suponer que el martes no saldrá la fumata blanca. Pero el miércoles ya tendremos Papa. No creo que los cardenales demoren mucho más la elección. Han tenido tiempo para sopesar las cuestiones más importantes que deberá acometer el futuro Papa. Y bastará que se postulen con claridad dos o tres nombres, para que en la siguiente elección esté ya todo decidido. Pero mi instinto puede equivocarse, en cuyo caso tampoco sería bueno para la Iglesia, porque se estaría mostrando al mundo que las fuerzas por promover un determinado candidato impedían un consenso.

No es tan difícil pensar que estamos entrando en un tiempo nuevo de la historia. Un mundo tan pequeño que cualquier desliz corre por la red a velocidad de un simple clic. Estamos en un tiempo donde todo se expone a la luz, nada puede permanecer oculto, basta una simple confidencia. Eso supone que también en el Vaticano deben saber reaccionar a tiempo, deben estar preparados para hacer frente a cualquier calumnia. Aunque también es verdad que la Iglesia no tiene porque seguir las coordenadas del mundo, a quien se opone en cuanto seductor y destructor de los valores del Reino, pero con quien convive y está condenado al enfrentamiento permanente.

Sea lo que sea, nos gustaría que los cardenales oliesen el aire del Espíritu, para que todos quedemos sorprendido con un Papa que nos lleve de la mano en esta década del siglo XXI.

Acerca de Carmen Bellver

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Una respuesta a Así se las gastan los monseñores

  1. Según me informan este video es una burda manipulación interesada. Se trata de la presentación del séquito de Benedicto XVI a una autoridad oficial. Por eso no le dan la mano al Papa y sí al cargo oficial. Lo siento, no venía direccionado y no podía seguirle la pista.

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