Dejemos respirar al Papa Francisco

La noticia sigue siendo noticia y eso sorprende en un mundo que cambia los titulares con una rapidez inusitada. Pues ahí tenemos la valoración del nuevo Papa Francisco que sigue desgranando impresiones a borbotones. Y una se queda saturada de ese nivel de expectación que ha levantado el Papa. Los medios se apresuran a etiquetar posturas y frases, aventurando una línea determinada en un Pontificado que se termina de estrenar. Y que como no puede ser de otra manera, todavía tardará en mover ficha. Lo habitual es seguir con la rutina de la Curia, que sabe muy bien como regir la Iglesia.

Por eso levantar tantas expectativas puede ser un arma de doble filo. Luego de hinchar el globo viene el bajón. Dejemos respirar al Papa. Que el Señor sabe bien como iluminar a quienes se ponen en sus manos. El resto de lo que llevo leído es nada más y nada menos que elucubraciones sobre un perfil de cardenal que no tiene por qué parecerse a su función como Papa.

De hecho no va a ser posible que quien dirige la barca de Pedro se pasee en autobús tranquilamente. Tampoco es factible que siga realizando labores domésticas. El cargo secuestra a la persona para bien y para mal. El Vaticano es una gran losa que encierra en una jaula de oro al sucesor de Pedro. Poder abrir esas puertas, con lo que arrastran detrás, es poco probable, aunque no imposible. Porque todo es posible para el Espíritu que guía la Iglesia.

Me gustaría que dejasen de hablar del Papa Francisco. Veo un hombre entrado en años abrumado por las cosas que se están diciendo de él. Se analiza cada uno de sus pasos al milímetro y se aventuran interpretaciones cuanto menos precipitadas. No sabemos si el cardenal Bergoglio podrá con el Papa Francisco. O si bien, será este último quien deje atrás al cardenal. Pero lo que nos compete a los creyentes es seguir orando por el Papa, para que dirija sus pasos con la prudencia y sabiduría que necesitan estos tiempos turbulentos.

A mí me gusta que se haya quedado en medio de las dos corrientes señeras de la Iglesia, porque resulta que ha conseguido ya un milagro, y es que ambas hablen bien de este Papa. Y eso que se había cuestionado parte de su actuación como cardenal. Pero mira por donde el Papa Francisco les gusta a todos. Unos por fidelidad, otros porque ha roto cierta dinámica. Pero no precipitemos acontecimientos.

Me resulta cómico que se señale a sus pies, con calzado corriente, sin el típico color rojo de los zapatos que usaba el Papa emérito. Y digo que me resulta cómico porque ese tipo de calzado se hace a medida y no se improvisa de un día para otro. Pero bien mirado, cabría explicar al mundo que el color no es un tema baladí, que está hablando de la sangre de los mártires. Y entonces entramos en la dinámica de confrontación habitual con el mundo, que espera unas actuaciones mundanas, cuando la Iglesia se rige por unos criterios que no tienen la misma dinámica que se usa en el mundo.

Lo que sí notamos y es muy valorado es que sus discursos tienen un aire pastoral sencillo y directo, alejado de la pomposidad y el boato que algunos hombres de Iglesia imprimen en sus palabras. Y es que ahí también se refleja la tradición que pesa como una losa. Por eso resulta demasiado precipitado sacar conclusiones antes de otorgar la gracia de los cien días, para poder valorar lo fundamental de lo anecdótico. Lo que no debemos olvidar es que el Papa es el padre de todos, el pastor de las ovejas dóciles y también de las díscolas. Que tiene que acoger en sus brazos a la humanidad creyente. Mal haríamos en querer que se quede solo con los pobres, porque el Reino de Dios también se ofrece a los ricos, aunque para ellos sea más difícil entrar por la puerta estrecha. Por eso me gustaría apuntar algunas de sus palabras antes de ser Papa:

1. Pulgar es el más cercano a ti. Así que empieza orando por quienes están más cerca de ti. Son las personas más fáciles de recordar. Orar por nuestros seres queridos es “una dulce obligación”.
2. El siguiente dedo es el índice. Ora por quienes enseñan, instruyen y sanan. Esto incluye a los maestros, profesores, médicos y sacerdotes. Ellos necesitan apoyo y sabiduría para indicar la dirección correcta a los demás. Tenlos siempre presentes en tus oraciones.

3. El siguiente dedo es el más alto. Nos recuerda a nuestros líderes. Ora por el presidente, los congresistas, los empresarios y los gerentes. Estas personas dirigen los destinos de nuestra patria y guían a la opinión pública. Necesitan la guía de Dios.

4. El cuarto dedo es nuestro dedo anular. Aunque a muchos les sorprenda, es nuestro dedo más débil, como te lo puede decir cualquier profesor de piano. Debe recordarnos orar por los más débiles, con muchos problemas o postrados por las enfermedades. Necesitan tus oraciones de día y de noche. Nunca será demasiado lo que ores por ellos. También debe invitarnos a orar por los matrimonios.

5. Y por último está nuestro dedo meñique, el más pequeño de todos los dedos, que es como debemos vernos ante Dios y los demás. Como dice la Biblia “los últimos serán los primeros”. Tu meñique debe recordarte orar por ti. Cuando ya hayas orado por los otros cuatro grupos verás tus propias necesidades en la perspectiva correcta, y podrás orar mejor por las tuyas.

Anuncios

Acerca de Carmen Bellver

Colabora en los medios de comunicación aportando su visión desde el humanismo cristiano
Esta entrada fue publicada en Religión y etiquetada , , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s