La conversión del corazón esperanza para el mundo

Ya hemos llegado al Pórtico de entrada de la Semana Santa. Ha pasado la cuaresma, con un soplo, sin apenas advertir su presencia. Con propósitos buenos cumplidos a medias. Y así, ahora, nos ha caído encima la sensación de que tal vez podíamos haber vivido con mayor intensidad esos días de preparación para la Pascua. Lo cierto es que en un mundo ávido de imágenes, cuando estamos acostumbrados a que valgan más que los hechos, la presencia del Papa Francisco y del Papa emérito, nos han tenido subyugados todo el tiempo.

Y hemos olvidado los buenos propósitos para seguir el ritmo de los cotilleos, de esos sesudos expertos que hablan de la Iglesia como si la conocieran igual que la palma de su mano. Y hemos tenido que leer tonterías del tamaño de una montaña. Pero tal vez, nos hemos dejado por el camino el deseo ardiente de conversión.

Estoy pensando en los iluminados de siempre que esperan que el Papa condene el capitalismo, porque para eso sus preferidos son los pobres. Y cuando una mira con perspectiva, descubre que el cambio verdadero es el del corazón. Es ahí donde se ocultan todas las perversiones que afligen al mundo. Los ricos no son ni mejores ni peores, tal vez la avaricia les condene por no repartir en justicia sus bienes. Pero es que a los pobres les corroe la envidia por llegar a ser como los ricos. Y así no se sigue la senda de Jesús, ni del evangelio, que es su Palabra mil veces repetidas.

Al mundo lo salvará el amor, como a las personas, sólo un rostro de ternura da respiro al afligido. Ahora mismo releo “Los miserables” y comprendo que bajo la capa de un condenado por robar un trozo de pan, se oculta la ternura de un hombre desesperado que busca un rayo de luz para salvarse. Y hoy como ayer, podemos condenar el capitalismo y a quienes nos afligen con su avaricia. Pero deberemos pensar en salvar a los hombres condenados bajo el peso de sus pecados. Esos ricos, no dejan de ser también unos pobres “miserables” ávidos de poseer algo que se les escapará de entre los dedos cuando tenga que presentarse ante el Señor.

Sí, hemos de rezar y predicar el evangelio a ricos y pobres, porque todos estamos necesitados de salvación. Sólo cuando un corazón de piedra se transforma en un corazón de carne se da el milagro de la conversión. Por eso es mejor vivir estos días que nos quedan antes de celebrar la Resurrección de Cristo, con un hatillo de humildad, sabiendo que ninguno de nosotros merece una gota de sangre, como la que se derramó en el Calvario.

Ahora que los bancos se han convertido en ese granero donde guardaba su cosecha con avaricia el rico del evangelio, podemos comprender la parábola de Jesús, cuando proclamaba que aquella noche tendría que entregar la vida y todos sus bienes se perderían inevitablemente. Nadie puede programar su futuro, porque la providencia divina siempre está por encima de nuestros cálculos.

Pidamos la intercesión del crucificado para que podamos recibir la gracia de la verdadera conversión, para que podamos celebrar su Pasión y muerte, con la mirada puesta en el triunfo ante el mal. Un triunfo que llevamos dos mil años presentando al mundo. Un triunfo que apenas unos pocos pudieron ver con sus propios ojos y que el mundo ignoró por presentarse con la brisa suave de la humildad, y no con la fuerza arrolladora de los poderosos.

Anuncios

Acerca de Carmen Bellver

Colabora en los medios de comunicación aportando su visión desde el humanismo cristiano
Esta entrada fue publicada en Religión y etiquetada , , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s