Los “socia-listos” y la cultura de la muerte

Estamos en el domingo de la Misericordia. Y misericordia debemos tener con aquellos que nos persiguen aunque solo hayan recibido bien de la Iglesia. Me refiero a esas juventudes socialistas que reclaman los dineros, ávidos de fomentar la discordia y fieles hijos del padre de la mentira. Porque esos dineros de la Iglesia son las cruces libremente asignadas en la declaración de la renta. Y con mis dineros sí que se financian esas juventudes socialistas, pero sin mi consentimiento, robándome del bolsillo. En verdad los dineros públicos son de todos y parece que algunos los quieren solo para ellos. Dineros de sindicatos, partidos y asociaciones de las que no se me pide una cruz en la renta para sufragar sus sedes y veleidades.

Misericordia con el que no sabe, y con aquel que sabe demasiado pero engaña sibilinamente. Ayer se vivió un hecho singular que viene repitiéndose los últimos años. La jornada por la vida, defendiendo al ser más débil de la sociedad. A ese pequeño embrión que necesita de una madre para sobrevivir y al que la cultura de la muerte condena sin el menor atisbo de remordimiento.

Esa cultura de la muerte está en las juventudes socialistas, forma parte de su ideario. Defiende el derecho a matar libremente y sin impedimentos. El aborto como derecho es el culmen del egoísmo y de la sin razón. Educar para no responsabilizarse de la vida, de cualquier vida, necesitada de los otros, avergüenza la memoria de tantos socialistas que lucharon por una sociedad más justa y más humana. Porque en verdad de lo que se trata es de facilitar la vida digna de todo hijo de Dios. No de sufragar los caprichos y la falta de responsabilidad de algunos. Aquellas madres socialistas que buscaban la manera de no abortar y pedían ayudas para la maternidad, han sido eclipsadas por los niños del condón y el aborto libre.

Estos hijos de la nueva cultura, también piden el dinero dedicado a obras de misericordia, exigen el fruto de la caridad con desvergüenza, esconden a la opinión pública todos los economatos que con la generosidad de los cristianos están ayudando a las familias condenadas por la crisis. Piden el dinero de la Iglesia como hijos de Satanás, padre de la mentira. Engañando al ciudadano al decir que esos dineros podían sufragar los recortes en educación y sanidad.

Lo que no dicen es que los millones recibidos por parte del estado se reparten en las sedes de partidos y sindicatos, sin que lleguen a repercutir en la sociedad. Lo que no dicen es que la avaricia y el egoísmo es el origen del fraude, la mentira y la corrupción.

Vuelven a ensañarse con el guerra civilismo y a mirar a otro lado mientras siguen recibiendo subvenciones que les permite publicitar sus mentiras entre los más jóvenes. A quienes no saben educar en la corresponsabilidad sino en el egoísmo. Por eso se fijan en otros para robar lo que no es suyo.

La Iglesia y el Estado caminan por sendas de colaboración, porque la Iglesia hace mucho más por la sociedad que esas juventudes socialistas que esperan alcanzar el pesebre para vivir eternamente en la “dolce far niente”. A esas juventudes que hipócritamente dicen que la Iglesia no avanzado en su autofinanciación les podríamos decir que se apliquen sus remedios. Porque hoy por hoy son miles las asociaciones que están recibiendo subvenciones del Estado, sin que puedan autofinanciarse de las cuotas voluntarias de sus afiliados. Esas miles de asociaciones entre las que destacan las de la cultura de la muerte, tienen mi contribución muy a mi pesar. Porque el dinero de mis impuestos también les llega a ellos.

Seamos misericordiosos y enseñemos al que no sabe. Rompamos el muro del silencio e impunidad que los socia-listos llevan imponiendo durante décadas. Id a vuestros jefes y exigidles que devuelvan sus rolex, sus dietas y comilonas, sus viajes alrededor del mundo en primera clase. Mientras van de pedigüeños fijándose en Instituciones que reparten la caridad a todos los hombres, sin exigirles el carnet de afiliados.

Que el Señor no les tenga en cuenta tanta maldad, tanta sin razón, tanta demagogia que sólo es hija del padre de la mentira. Pese a todo para ellos también hay un Dios misericordioso que no lleva cuenta del mal.

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Acerca de Carmen Bellver

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