“Bastille”, lo que va del amor al enamoramiento

Cuando todo se desmorona, cuando sobreviene la inevitable crisis que hace esfumarse la magia del primer encuentro, la química de los primeros años, la complicidad que tanto nos fascinaba. Cuando todo aquello que antes nos gustaba se convierte ahora en pesadilla, podemos decir que la pareja ha tocado techo. Que el matrimonio ha entrado en crisis.

Pero es que nosotros sabemos que el amor no es exclusivamente enamoramiento. Nosotros sabemos que el amor implica esfuerzo, decisión, voluntad de caminar en una misma dirección. Y precisamente allí, en esa voluntad que sacamos de nuestras alforjas escondidas, es donde reside la grandeza del amor.

Por eso el corto “Bastille” de Isabel Coixet refleja aquello que hace grande un matrimonio, una pareja. Refleja la decisión de romper con nuestro pequeño ego, para satisfacer al otro, para acompañar a quien está más caído que nosotros. El Evangelio lo explica en decenas de pasajes. Amar es un acto de voluntad, es poner al otro por encima de nuestras mezquindades. Es una decisión que implica comprometerse al máximo en hacer la vida agradable a los demás. Aún a riesgo de que en el camino nosotros nos llevemos la peor parte.

Cuando existe esa misma mirada en los dos. El matrimonio o la pareja son felices, navegan en un mar plácido y tranquilo. Cuando inevitablemente surgen los roces, alguien tiene que ceder y sobre todo, tiene que hacer reflexionar al otro. En eso consiste la paz de un hogar. Si ambos se empeñan en no ser destronados de su pequeña parcela de poder, la ruptura es inevitable.

Por eso hay una gran diferencia entre estar enamorado y amar. El enamoramiento es casi una borrachera, un subidón de adrenalina que deforma la realidad, que nos impide medir en su justa proporción aquello que nos rodea. En el enamoramiento hay mucho autoengaño, de manera que la sabiduría popular inventó el noviazgo para que las personas pudieran conocerse. Pero conocerse a uno mismo ya implica un ejercicio de voluntad que recorre toda la vida, así que conocer a otro supone otro largo camino lleno de sorpresas inevitables.

Y es que la persona reacciona a las situaciones según cómo y cuándo sucedan. Calma sus nervios de modos diversos. Y sólo cuando se puede combinar el respeto, la comprensión y el diálogo, es posible la convivencia. Si no hay un esfuerzo por entender al otro, difícilmente podremos superar esas cruces que nos encontramos en el camino de la convivencia.

Espero que dediquéis unos minutos a ver el corto. Y a continuación tomando papel y lápiz desnudéis vuestro corazón. Tal vez os sorprenda la decisión del protagonista. Pensad si estuvo acertado o cometió un error. Según la respuesta podréis valorar si habéis decidido amar o solo buscáis estar enamorados.

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Acerca de Carmen Bellver

Colabora en los medios de comunicación aportando su visión desde el humanismo cristiano
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