Una sociedad más justa y más fraterna

La caridad siempre será superior a la justicia porque va más allá de los límites. La caridad es compartir lo que se tiene, no exclusivamente dar lo que sobra. La caridad proviene del amor, donde se reconoce que todos somos hijos de Dios y que somos nosotros quienes debemos construir una civilización fraterna. Pero sin justicia la sociedad es desigual y el conflicto social está servido a corto o largo plazo.

Existe por tanto un decálogo para los católicos que proviene de la voluntad de Dios para hacernos responsables unos de otros, tratando a los demás como queremos que nos traten a nosotros. Ese mismo decálogo con sus variantes ha sido incorporado a la justicia civil. Pero la justicia civil está llena de trampas y engaños y se vacía de contenido cuando constatamos que hay ladrones que no van a la cárcel y padres de familia que, por sustraer alimentos básicos, son condenados. Gente que es excluida del sistema, arrojada en las cunetas de la miseria. Mientras algunos acaparan con avaricia los bienes que debieran ser repartidos en justicia.

Una sociedad justa no sólo puede salir de las leyes, tiene que estar grabada en el corazón de los hombres. De allí es de donde Jesús explicaba que salía todo el mal que hay en el mundo. Por eso ahora mismo en una sociedad corrupta, donde se sigue estafando al más pobre y vulnerable, la autoridad moral de nuestros políticos ha sucumbido, con el peligro que entraña tal cataclismo. Hasta que no haya una regeneración de la democracia modificando el juego político hacia unos parámetros de verdadera justicia social, tendremos una casta privilegiada asfixiando a la inmensa mayoría de los ciudadanos.

¿Hasta cuándo podrán mantener los políticos y financieros esta doble moral de ancho para mí y corto para los demás?. La responsabilidad social que entraña ser representantes de los ciudadanos exigiría un plus de honestidad que estamos hartos de comprobar que no se da, ni tiene visos de darse. Y ahí vuelve a escucharse la voz de Dios llamando a la conversión. Sólo cuando se ve en el otro a un hermano, puede surgir la empatía suficiente para que exista un trato justo y humano.

Pero cuando las estructuras sociales están podridas y no hay una autoridad moral que se eleve por encima del egoísmo general, suelen suceder cataclismos como el hundimiento del taller textil de Bangladesh, donde las condiciones de trabajo son propias de una sociedad de esclavos que carga los lomos de los obreros para llenar los bolsillos de esos empresarios ávidos de riqueza y capaces de todo.

Las condiciones de trabajo indignas no han sido ajenas a este país. Costó mucho que existieran unas mínimas normas de higiene y un control de los riesgos laborales. Sin embargo, los políticos permiten la competencia desleal entre países. Y los financieros la fomentan permitiendo la libre circulación de capitales que permite la huida hacia los paraísos fiscales o laborales. Eso da lugar a la deslocalización que hace aumentar el paro en nuestro país y crecer la riqueza en otros lugares del mundo. A costa, desde luego de los sufridos trabajadores.

Esta competencia desleal pervierte la justicia, porque los derechos humanos están por encima de los intereses mezquinos de la economía. Y en ello tienen mucho que decir los políticos, ya que su función precisamente es regular leyes para el bienestar común. Cuando es el sistema lo que no funciona, el caos, el vandalismo, el odio y la guerra son la consecuencia directa de la maldad del hombre. Por eso en este año de la fe deberíamos hacer oír la voz del Evangelio pidiendo la ayuda del Espíritu para que convierta los corazones de piedra en unos corazones de carne con entrañas de misericordia.

Mientras tanto, como siempre nos han enseñado, debemos orar por nuestro país que se ha instalado en un páramo de desamor y egoísmo. Sin olvidar ayudar a quienes sufren las consecuencias de la crisis, a la vez que tendremos que exigir una regeneración de las estructuras corruptas. Porque como ciudadanos también tenemos la obligación de exigir unos representantes dignos y un gobierno leal a su pueblo.

Anuncios

Acerca de Carmen Bellver

Colabora en los medios de comunicación aportando su visión desde el humanismo cristiano
Esta entrada fue publicada en Política y etiquetada , , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s