Contruyamos esa nueva sociedad que el mundo está necesitando

Lo que en un principio fue corazonada, mera intuición, se va reflejando en otros artículos. Ya son muchos quienes afirman estar en un cambio de época. Nos encontramos en transición hacia un nuevo modelo social. Y hace falta que los católicos apostemos fuerte por una renovación. En principio constatamos que el capitalismo financiero ha llevado al colapso a la sociedad de bienestar. Y comprobamos que las grandes fortunas salen indemnes de las crisis gracias a esos paraísos fiscales que ningún gobierno parece dispuesto a suprimir.

Cada día aumentan más los rincones hacia donde se evade la riqueza. Y en tiempos de crisis y paro, siguen apareciendo jubilaciones blindadas de muchas cifras que son un bofetón al rostro de esos desplazados del sistema. La sociedad está enferma de corrupción y no parece que exista ninguna autoridad moral superior a la Iglesia para marcar un nuevo rumbo. La justicia al servicio de los poderosos muestra el rostro más inhumano de la ley.

Hay peligro de populismo barato, de demagogia, y sobran los avispados que hacen negocio hasta de la desgracia ajena. Tal vez podamos ofrecer un modelo de sociedad más justo y equitativo, si de una vez por todas se ponen limitaciones a los avariciosos. La riqueza no puede estar reñida con un reparto justo de los bienes. De manera que aquellos que intervienen en el progreso económico y social de su país, no pueden estar por encima de las leyes. No pueden usar sus conocimientos para evadir sus obligaciones. Es necesario un marco social donde se pongan límites a los sueldos desorbitados y a los sobres bajo mano, que compran voluntades.

Es necesaria la trasparencia fiscal y dejar de utilizar las leyes para que se pueda evadir la riqueza de un país. Si los gobiernos pudieran utilizar los recursos que han sido sustraídos por algunas fortunas hacia paraísos fiscales, parte de nuestra deuda sería saldada. Y hay algo más importante todavía. Los bienes no pueden pertenecer exclusivamente a una élite que dilapida el esfuerzo de miles de personas. Hay un comercio de lujo que es un despropósito. Hace falta una conciencia solidaria. Y hay algo elemental, nadie debiera poseer más que lo necesario. El consumismo mueve el capital pero crea una sociedad desigual. En donde algunos sueñan con poseer más, aún acosta de otros, para poder vivir dentro de un estatus determinado.

Los burgueses de hoy se han convertido en la aristocracia del pasado. Son esos lobbys que manejan las bolsas de todo el mundo, que especulan con el precio de los alimentos, que dictan medidas a los gobiernos para seguir manejando a la inmensa mayoría. La diferencia con el pasado, es que hoy podemos decir alto y claro que eso es inmoral. Que acaparar por encima de lo necesario es sustraer a otros lo mínimo para subsistir. De ahí que los católicos debamos explicar bien que nuestra sociedad consiste en la redistribución de los bienes entre toda la comunidad, para que estén al servicio del individuo. De manera que tenemos una responsabilidad social. Porque nuestro modelo de sociedad desdeña la riqueza como meta, nuestros intereses están en aquello que no se corroe ni pudre. Deseamos atesorar buenas obras que ayudan a vivir mejor a todas las personas.

Ese modelo redistribuye la riqueza, la pone al servicio del bien común. Huye del lujo, y la prepotencia, se preocupa de los más débiles. Porque hay algo elemental, nuestra salud, nuestra inteligencia, nuestra belleza, son dones de Dios. Ningún hermano nuestro está por debajo de nosotros, aunque sufra limitaciones psíquicas o sensoriales. Ser conscientes de ello, nos ha permitido a lo largo de generaciones preocuparnos por los menos dotados, ayudarles. Eso ha construido una sociedad más humana y justa.

Si ahora olvidamos los verdaderos valores del ser humano y caemos en la soberbia y el egoísmo, despreciando a quienes no parecer estar a la altura de las circunstancias, lo que en definitiva se está haciendo es construir una civilización insolidaria, un infierno en el mundo.

Miremos al futuro con optimismo, si sabemos impregnar a la sociedad los valores del Evangelio, no debemos temer nada. Estaremos en las mejores manos, seguiremos obrando de acuerdo a la voluntad de Dios. Ojalá aparezcan pronto esos líderes con visión de futuro y mirada evangélica, dispuestos a ponerse al servicio de la sociedad. Los estamos necesitando.

Acerca de Carmen Bellver

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2 respuestas a Contruyamos esa nueva sociedad que el mundo está necesitando

  1. María dijo:

    “Nadie debiera poseer más que lo necesario”… Bueno… ¿Y qué es lo necesario? Porque cada un o tenemos una percepción distinta de lo “necesario”… Creo que “demasiada riqueza”, entendida como ostentación y lujo es inmoral. Pero de ahí a limitarse a todo lo que sobrepase lo necesario… Nadie necesitamos pintar el salón de casa, y puestos a pensar, podemos comer en una manta en el suelo, la mesa y las sillas no son necesarias. Hasta hace poco no eran necesarias la nevera ni la lavadora… Estoy de acuerdo en todo lo que dice el artículo, pero creo que vivir “sin lujos excesivos” es moral, aunque uno tenga más de lo necesario. Vivir únicamente con lo necesario es un gran signo de santidad, pero no creo que sea obligado para un cristiano. Sin ir más lejos, no creo que un ordenador sea una necesidad básica, pero sí una herramienta y, muchas veces, un capricho, puesto que no lo usamos únicamente para cubrir nuestras necesidades “básicas”…

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  2. Efectivamente la gran pregunta es qué es lo necesario. Pues ni más ni menos que un trabajo digno, educación, vivienda, sanidad. Naturalmente lo santos se exigen más, piensan que lo que acaparan para sí, lo roban para los demás. Pero como bien supones, ese plus de generosidad solo es propio de gente con unas cualidades casi heroicas.
    Y por otra parte la sociedad consumista, precisamente donde falla es en acaparar bienes que no son básicos. Ahora bien, cuando el nivel social de riqueza se reparte, los bienes como la televisión, o el ordenador, entrar a formar parte de esos bienes básicos.
    Un saludo

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