“Un itinerario espiritual”

Una buena amiga me prestó la obra de Paul Lebeau sobre Etty Hillesum. “Un itinerario espiritual” que trata de los escritos de esta mujer singular en el periodo convulso de 1941-1943. Desde una vida cómoda y burguesa, cruzará el umbral a Auschwitz sin perder la dignidad, ni la esperanza. La recopilación de sus cartas nos permite seguir sus momentos de lucidez y también de tinieblas.

En tiempos también oscuros, llenos de sombras siniestras, conviene leer a gente que encontró el sentido de su vida, aún en situaciones terriblemente angustiosas. Me gusta pensar que estos zahoríes del espíritu son lámparas que brillan en la oscuridad de nuestra época.

La fe es un depósito que nos tiene que diferenciar de los demás en algo fundamental, la esperanza y la alegría. Lo decía el Papa Francisco, y lo repite esta mujer singular en sus escritos. Hay algo que hace especiales a estas personas de profundidad espiritual, que provienen de todo tipo de creencias. Etty Hillesum era judía, sin embargo cuando se lee su profunda mutación personal, encontramos frases preciosas y llenas de un misticismo cristiano:

“Dios no es el artesano del mundo. No lo ha fabricado como fabrica el relojero un reloj. No construye seres acabados. Al contrario, se retira para que surjan de sí mismos y por sí mismos los seres que Él suscita…Si Dios interviniera para evitar los tanteos, los desórdenes, las resistencias de la inercia, los maremotos, las epidemias, el mundo sería para Él como un objeto que se manipula. Nuestra imaginación, deslizándose hacia el infantilismo, vería en ello, sin duda, un amor más grande. Pero Dios no ama como nosotros quisiéramos que amara cuando proyectamos en Él nuestros sueños. De esa forma, sólo nos ahorraría el sufrimiento al precio de un paternalismo por el que dejaría de ser el Amor. Lo serio de Dios es el respeto y el sufrimiento. Ni al uno ni al otro podemos acercarnos, sino muy de lejos, apoyándonos en nuestra esperanza más elevada. A decir verdad, Dios nos respeta demasiado para evitarnos sufrir por arte de magia, y se respeta demasiado a Sí mismo para dispensarse a Sí mismo el sufrimiento por nuestro sufrimiento.

Es conveniente leer a este tipo de gente. Muchos de nosotros vivimos un cristianismo burgués, sin el plus de autenticidad que tienen ciertas personas que siempre están tras la búsqueda de El Absoluto. Las preguntas decisivas que nos haremos en los últimos momentos, si es que tenemos la suficiente lucidez para atisbar el final, seguramente irán en la línea de encontrar sentido a nuestra vida. De ser capaces de leer con la ortografía correcta los acontecimientos por los que nos hemos visto obligados a pasar. También será el momento del abandono, de saber que no podemos llevarnos nada de lo que hemos ido atesorando en la tierra. Pero sin duda lo mejor, lo encontraremos en las relaciones que hemos ido estableciendo entre nosotros. Los mejores momentos de cada vida, se miden en esos grados de comunión amorosa con otros. Están llenos de rostros y caras que no desaparecerán, porque ya forman parte de nosotros.

La esperanza cristiana además, nos predestina a la gloria futura, que no es poco. Si sabemos irnos con esa mirada, igual que otros que nos precedieron estaremos construyendo el Reino de Dios según su voluntad. A pesar de que en el fondo no atisbemos a comprender lo importantes que somos para Dios. Etty Hillesum sí alcanzó a comprenderlo.

“Corren malos tiempos, Dios mío. Esta noche me ocurrió algo por primera vez: estaba desvelada, con los ojos ardientes en la oscuridad, y veía imágenes del sufrimiento humano. Dios, te prometo una cosa: no haré que mis preocupaciones por el futuro pesen como un lastre en el día de hoy, aunque para eso se necesite cierta práctica… Te ayudaré, Dios mío, para que no me abandones, pero no puedo asegurarte nada por anticipado. Sólo una cosa es para mí cada vez más evidente: que tú no puedes ayudarnos, que debemos ayudarte a ti, y así nos ayudaremos a nosotros mismos. Es lo único que tiene importancia en estos tiempos, Dios: salvar un fragmento de ti en nosotros. Tal vez así podamos hacer algo por resucitarte en los corazones desolados de la gente. Sí, mi Señor, parece ser que tú tampoco puedes cambiar mucho las circunstancias; al fin y al cabo, pertenecen a esta vida…Y con cada latido del corazón tengo más claro que tú no nos puedes ayudar, sino que debemos ayudarte nosotros a ti y que tenemos que defender hasta el final el lugar que ocupas en nuestro interior…Mantendré en un futuro próximo muchísimas más conversaciones contigo y de esta manera impediré que huyas de mí. Tú también vivirás pobres tiempos en mí, Señor, en los que no estarás alimentado por mi confianza. Pero, créeme, seguiré trabajando por ti y te seré fiel y no te echaré de mi interior“ (12 de julio de 1942)

Acerca de Carmen Bellver

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Una respuesta a “Un itinerario espiritual”

  1. Mirta Corradi dijo:

    Me encantó!!!!! veré si me puedo comprar el libro. Me gustó la visión de que cada uno de nosostros debemos salvar a Dios. No Él a nosotros. GRACIAS

    Me gusta

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