“Y libranos del mal”

El nombramiento de ocho exorcistas por parte del cardenal Rouco para la diócesis de Madrid, pone los pelos como escarpias. Uno de los exorcistas de Roma de prestigio internacional, el padre Gabriele Amorth, explicaba en una ocasión que una de las habilidades especiales del demonio consiste precisamente hacer dudar de su existencia. Muchos quedamos impresionados con la película El Exorcista, basado en la novela de William Peter Blatty que tuvo un enorme éxito en la década de los setenta del pasado siglo. Ha quedado como una de las mejores películas de su género. Basada en un hecho real pone en escena la más brutal de las posesiones. Pero la realidad es que estos son casos puntuales que aunque suceden siguen siendo una inmensa minoría.

Pensar que en estos tiempos tecnológicos el demonio sigue oprimiendo a los hombres resulta difícil de creer, pero no es menos cierto que existe la presencia del maligno y en muchos casos se manifiesta de manera sibilina. Aunque no por ello el exorcista deja de consultar a psiquiatras expertos en trastornos de personalidad. Y cuando más conocemos diferentes tipos de psicopatologías se reduce el campo de lo demoniaco, para ceñirse exclusivamente a unos fenómenos muy determinados propios de personalidades desquiciadas.

Para estas lides no hay mejor experto que mi vecino de arriba, el Padre Fortea, su obra Suma Demoniaca, es todo un tratado de demonología, que para un exorcista debe ser algo así como un manual de primeros auxilios, para distinguir entre posesión, vejación demoniaca, obsesión diabólica o infestación diabólica. No voy a entrar en materia porque me faltarían datos para analizar con rigor la diferencia entre unas y otras.

Me basta saber que se requiere la presencia de sacerdotes expertos en estos temas, por el elevado número de solicitantes de exorcismos, o cuanto menos, de distinguir si el caso es un trastorno psiquiátrico o bien, el influjo del mal operando en todo su abominable esplendor. A mi juicio apartarse de juegos y creencias esotéricas, es un paso que la Iglesia recomienda a los fieles. Invocar espíritus, o seguir rituales determinados, puede llevar al sujeto a caer en la zona oscura del maligno.

La presencia del demonio es una constante en los evangelios y los sacramentales que algunos olvidan por efecto del secularismo, siguen siendo tan válidos como siempre. No hay nada mejor que invocar una oración en determinados momentos, no con objeto de que surta un efecto milagroso en nuestra vida, sino por la necesidad de contar con la presencia de Dios en todas las actividades que realizamos.

Esa presencia que se materializa en una bendición de la mesa, en una oración antes de comenzar la jornada, en hacer la señal de la cruz cuando comenzamos un viaje. Todos esos pequeños gestos que diariamente nos ponían en contacto con nuestra fe, y que desafortunadamente se han ido olvidando, servían como una capa finísima de protección que reforzaban la presencia del Señor en nuestras vidas y por tanto apartaban al maligno de nuestro camino.

Aunque todos sabemos que tenemos que convivir con las tentaciones y vencer nuestra tendencia al egoísmo, no es menos cierto que gozamos de la protección del Señor. Las posesiones son casos especiales y concretos. No podemos olvidar que en nuestro Bautismo se impone el óleo de los catecúmenos renunciando explícitamente a Satanás. Promesas bautismales que renovamos en la noche pascual. Nada mejor para evitar la presencia del maligno que vivir con intensidad la fe en la oración y con la práctica de los sacramentos. Ante todo ello poco puede hacer el poder del maligno, porque ya Jesucristo venció a Satanás y nos rescató a todos para el formar parte del Reino de Dios.

No obstante, no debemos menospreciar el poder del maligno, porque la misma oración que Cristo nos enseñó nos pide que el Señor nos libre del mal, que no es otra persona que Satanás. Una oración que debemos invocar de día y de noche, como la más excelsa de las oraciones ya que nos la dejó el mismo Jesucristo.

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Acerca de Carmen Bellver

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Una respuesta a “Y libranos del mal”

  1. José dijo:

    Carmen, yo creo que el primer maligno somo nosotros mismos, cada uno para sí mismo. Pero Jesús mismo nos dio el antídoto cuando nos dijo que si cumplimos el mandato del Padre “vendremos a él y haremos en él (en el hombre) nuestra morada”. Mañana, día del Dios pleno, es el día de los hijos de Dios. El maligno y Dios no pueden coexistir. Por lo tanto, podríamos abrir un buen camino al tratar de ser cada uno de nosotros nuestro mejor exorcista. Jesús sanador con su Espíritu de fuego es nuestro modelo y nuestro camino.

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