La escritura como reflexión social

La pasión de escribir no te la quita nadie cuando descubres que con ella se puede penetrar en tus propios pensamientos. Escribir es una manera de ordenar ideas, pero con moviola. Puedes volver atrás y repasar, ahondar, en definitiva rectificar. Algo que no es posible en la oratoria, cualquier discurso hablado es un arma arrojadiza. Una vez se ha dicho, no hay manera de rectificar, salvo que honrosamente reconozcamos que nos equivocamos.

Aconsejo a mis alumnos que pongan sus sentimientos y emociones en el papel, que lleven un diario que les obligue a reflexionar sobre su propia vida. Es el método ideal para entenderse y entender el propio mundo que nos rodea. Una manera de cuadricular nuestra mente al mismo tiempo que la haces flexible para la reflexión.

La escritura fue la mayor revolución de una sociedad agraria que comenzaba a configurar la ciudad y el Estado. Como ahora mismo la tecnología revoluciona la nuestra. Poder comunicarse en la distancia con las cartas, hacía que éstas se convirtiesen en fetiches aromatizados por el tiempo. Hoy volvemos a la palabra dardo, la que se lanza en las redes sociales, sin apenas reflexión. Estamos conociendo un nuevo sistema de comunicación, precipitado y osado, sin apenas reflexión personal.

Afortunadamente también han nacido los blogs. Esos espacios de pensamiento propio que te permiten conocer la opinión de otras personas sobre temas que te preocupan o que iluminan tu entendimiento durante unos minutos. Adoro Internet por ser espacio de opinión libre, porque puedo profundizar en temas que antes me llevaban a las bibliotecas y ahora resuelvo desde casa.

Quien no practica la escritura pierde parte de su interioridad porque ésta se desvanece etéreamente en su propia divagación. Por eso los programas basura son siempre de ínfima calidad, reflejan un pensamiento evanescente, débil, sin consistencia. En cambio los debates que tienen la facultad de exponer ideas con rigor, nos enseñan también a pensar. Y no hay nada más humano que el pensamiento, el logos, la razón.

Aprender a analizar el mundo que nos rodea consiste precisamente en reflexionar sobre el pasado y el presente, contrastar datos y aventurar hipótesis. Somos protagonistas de un gran momento histórico, todos los son, aunque con diferente intensidad. Lo cierto es que estas décadas inician un nuevo rumbo. Nos abrimos a la comunicación global, sometidos a la influencia de los medios, aplastados por las fuerzas económicas que se muestran como los verdaderos artífices de la política.

Hoy no gobiernan las naciones reyes o partidos. Son las finanzas y la especulación en manos de los grandes grupos inversores quienes determinan la paz o la guerra de los pueblos. Quienes de alguna manera han ejercido un golpe mortal sobre la socialdemocracia europea y sobre el estado de bienestar.

Es posible que tengamos que calificar a los años pasados, los del boom económico, como los de mejor cobertura social. Mientras que ahora nos abrimos a unas carencias que se parecen más a las décadas del siglo XIX. Una población empobrecida y sin otro futuro que estar en manos de un mercado que no les considera como personas merecedoras de unos derechos inviolables. Observamos también que los políticos se han convertido en una oligarquía que vende al pueblo sin vergüenza, mientras ellos mantienes privilegios insolidarios. Se hace necesario por tanto, modificar el juego político hacia unos parámetros donde la corrupción y el partidismo dejen paso a los valores que fundamentan el bien común.

Mientras tanto seguiremos glosando las injusticias calamitosas que provocaron la ineficiencia de la casta política, parasitaria y corrupta, que nos mal gobierna desde hace décadas. De ello se encargará sin lugar a duda la escritura, los novelistas que puedan analizar con voz personal la crisis actual, volverán a hacer uso del realismo social que parecía haber abandonado la novela. Es necesario dejar constancia de este tiempo convulso. El periodismo tendrá que volver a releer a José María Larra y sus crónicas sociales, la actualidad esconde historias que merecen ser conocidas por las generaciones futuras. Pero para acometer esa empresa deberá desprenderse del yugo de pertenecer a un determinado medio de comunicación. Porque todos sabemos que los grandes medios actualmente someten la información al interés de sus dueños.

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Acerca de Carmen Bellver

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