Los Guinness que no veremos

“Piano, piano” lo van consiguiendo. La CEOE nos la vuelve a dar con queso. Se trata de que ahora no utilizamos la diligencia y un permiso por defunción no puede durar cuatro días. ¡Ay, que pillín!. Si total le mandas un WhatsApp al difunto y va apañado, eso del duelo, de arreglar papeles, de tomar resuello ante la pérdida de un ser querido no tiene la más mínima importancia. Y si tienes que pagar autobús, taxi, hospedaje, etc. Con tu salario mínimo de 600 euritos te apañas en una pensión sin derecho a sábanas. Eso sin tomar en cuenta que lo del salario mínimo es poco prudente. Que hay que seguir a la baja. Esperanza Aguirre dixit. Cualquier día trabajaremos por la comida, toda una mañana para un plato de sopa y un chusco de pan. Caminito llevamos.

Por lo que a mí respecta la crisis suena a timo programado, se trataba de abaratar costes, los del común de los mortales, porque aquí siguen cortando tajada sus señorías que no se rebajan sus dietas, ni prebendas. Por no hablar de la corrupción galopante de la casta financiera. Vergüenza torera ni tienen, ni se la espera. Consultamos los beneficios de las entidades de ahorro y mira por donde siguen con sus cifras de muchos ceros, pagando a coste de oro a ejecutivos y consejeros, pero recortando del salario de los empleaditos, porque en eso consiste la competitividad, en pagar poco y ganar mucho.

Hemos perdido el sentido del decoro, vamos camino de perder la dignidad y los derechos que se consiguieron tras años de penurias. Ahora todo parece programado para retroceder a tiempos de la misma posguerra. Y mientras la política no piense en el bien común seguiremos abriendo desigualdades que claman al cielo. Perderemos becas de comedor, de libros, las ayudas no contributivas, aumentarán las aseguradoras privadas, reducirán las pensiones tras años de costear la riqueza común. Privatizarán la salud y seguirán especulando con esa mano de obra barata que han conseguido por mor de la crisis.

En tanto se permitan los paraísos fiscales y la especulación con los alimentos y el mercadeo de los lobbys financieros que gobiernan en la sombra, mal pinta el futuro. Y es que la codicia está en los genes de muchos desalmados, ya lo dijo Jesús “es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja, que entre un rico en Reino de los cielos.”(Mateo 19, 16-30). Y qué decir de esos politicastros que programan leyes para favorecer a quienes les otorgarán un cargo de consejero en su empresa. Dorados retiros los suyos, casi todos los ex-ministros gozan de esa segunda actividad, sin que se les suprima su jubilación por cargo electo.

Pero todavía es peor que se monten a cuenta de esta crisis espectáculos con la miseria. Bien está que se abran comedores sociales. Bien está que aportemos alimentos no perecederos. Pero que se quiera conseguir un récord Guinness con la solidaridad me pone los pelos como escarpias. No sería mejor conseguir un récord Guinness de buenas prácticas y deontología. ¿A ver qué empresario paga mayores salarios y tiene mejores condiciones laborales?. Venga, un espectáculo a cuenta de la praxis laboral. ¿A ver qué país tiene el salario mínimo más alto?. Otra, de récord por favor. ¿A ver que sanidad pública tiene mejores prestaciones?. Eso sí que sería loable. Entrar en la dinámica de lo positivo y no de lo negativo.

Que somos muy solidarios, pues mira, alguno pensará que todavía hay que apretar más las tuercas porque salir alimentos han salido a saco. Y no se trata ahora de dar ideas al mal, sino de promover el bien. Y además para un creyente, “cuando des limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha” (Mateo, 6,3). Qué es eso del Ginnes de la solidaridad. Me produce indignación y vergüenza ajena que se haga un espectáculo de la miseria. Es como esos festivales solidarios que cobran un riñón por cubierto para las obras benéficas, y todos salen en la foto como los más guay.

Lo cierto es que cualquier crisis es un tiempo de posibilidades. De manera que no perdamos las esperanzas, hay salida y soluciones, sólo es cuestión de voluntad y decoro. Poner las medidas necesarias para no convertir el país en un páramo. Mientras tanto seguiremos pidiendo por nuestros gobernantes, que buena falta les hace.

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Acerca de Carmen Bellver

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