Junio el olvidado mes del Sagrado Corazón

En Junio celebramos el mes dedicado al Sagrado Corazón de Jesús. Una devoción con años a cuestas que tiene su origen en las visiones de Santa Margarita María de Alacoque a quien se apareció Jesús en 1673, prometiendo que quien comulgase los primeros viernes de mes le ofrecería unas gracias durante el resto de su vida. Pero la devoción se remonta a los primeros padres de la Iglesia, que ya hablaban de la sagrada llaga del costado de Cristo.

El corazón es el pulmón que bombea la sangre en nuestro organismo. Cuando para, cesa la vida. De la misma manera al amor se le sitúa dentro del corazón para expresar su ternura más profunda. Numerosos santos han tenido presente el Corazón de Jesús. Y ya en el siglo XX con la aparición de Nuestra Señora de Fátima, la consagración a los Corazones de Jesús y María prendió en las familias más devotas.

Hoy hablar de comulgar durante los primeros viernes de mes para alcanzar una promesa, parece anacrónico, suscita incredulidad, recuerda épocas de mucha misa, mucho rezo, pero escasa caridad y compromiso. Esa dicotomía entre lo devoto y pasivo. frente a lo activo y eficaz, nos persigue confundiendo la verdad que prende de un corazón en llamas que se inmola por puro amor.

Porque el Corazón de Jesús nos enseña la pureza de las intenciones. La oración que se materializa en acción, y el dolor que ocasionan nuestros pecados a ese órgano de misericordia infinita. Esa devoción no finaliza en acudir cada primer viernes de mes a comulgar. Sino que precisamente radica en hacer de la comunión el centro de nuestra vida. De ese pan compartido que se entrega a todos y que pide un compromiso personal para hacer lo mismo por los demás.

La oración por tanto, sirve en cuanto que nos mueve a amar al otro. Se justifica de la necesidad de pedir la gracia al Señor para poder obrar según su misericordia. Se fundamenta en el fervor que nos mueve a abrasarnos en su mismo fuego purificador. Los escépticos siempre considerarán hipócrita cualquier devoción, para ellos el abismo que separa el bien de nuestro comportamiento débil y pecador, abre una sima infranqueable. Sin embargo, es esa sima, la que mueve a consagrarse al Corazón de Jesús. Es el reconocimiento de nuestra condición mísera y pecadora quien suplica las fuerzas necesarias para obrar con el mismo amor de Cristo.

Y ahí reside la larga meditación de este mes de Junio que paso a paso nos convoca a venerar el Corazón de Cristo, recordándonos que la fe es un don al servicio de los demás. Por ello sabemos que una fe sin obras es una fe muerta. Pero que las obras sin fe, no levantan un palmo de estatura. Porque la grandeza de la comunión reside en que el don de la Eucaristía nos une al mismo centro del Amor. Y ese convencimiento nos acerca al misterio con temblor, sabiendo que somos indignos de recibir tanto amor. Reconociendo que todo es gracia, que la misma vida es también un don.

Fomentemos la devoción en su verdad más íntegra. Sin sentimentalismos banales. Ofreciendo la misericordia de Dios como ese fuego purificador que trasforma los corazones más duros porque desea salvar a toda la humanidad. Nadie queda excluido del amor en llamas del Corazón de Jesús. En el mes de junio la Iglesia nos recuerda por tanto que todos los días nos mueve el mismo órgano vital de Cristo. Celebrarlo es un modo de unirnos también a tantísimos que antes nos precedieron.

Anuncios

Acerca de Carmen Bellver

Colabora en los medios de comunicación aportando su visión desde el humanismo cristiano
Esta entrada fue publicada en Religión y etiquetada , , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s