Intenciones de la izquierda respecto a la religión católica

No hace mucho me aventuré en el análisis de la vida religiosa en las últimas décadas. Hoy tengo que referirme a la evolución de los creyentes desde la transición hasta la actual democracia decadente y en vías de convertirse en el peor enemigo de España. Salvando el análisis político tendríamos que referirnos a esos abuelos que militaron en partidos clandestinos que hicieron posible la transición. Uno de esos militantes es Francisco Vázquez Vázquez, diputado, senador, alcalde y ex embajador de España en La Santa Sede. Junto a su militancia socialista nadie ha puesto en duda su catolicidad. Por tanto tenemos que creer que lleva información de primera mano cuando confiesa sin rubor en Vida Nueva las intenciones de la izquierda respecto a la religión.

Para Francisco Vázquez el futuro se tiñe del mismo anticlericalismo casposo que hubo en la década de los años treinta del pasado siglo. Se trata según el mismo confiesa, de enmascarar la falta de criterios políticos con una ingeniera social. No hay nada nuevo en esta confesión, salvo que viene de alguien muy afín al socialismo que ha vivido como muchos otros creyentes, cautivos de un partido ateo que supo mostrar el señuelo de la solidaridad para atraerse votos.

Hoy tenemos que reconocer que no pocos creyentes militan en la izquierda más beligerante. Y lo más curioso es que desde allí no cesan de lanzar puyas a la Iglesia. Son una especie de católicos desquiciados que no saben estar de acuerdo con la fe que dicen profesar. Convierten la religión en una especie de utopía social que aspira a reformar el mundo. Y como todos sabemos el mundo y la fe nunca han militando del lado de la misma frontera. Son por naturaleza antagonistas. De manera que esas asociaciones esquizoides que viven de proclamar todos los tópicos contra la fe que ha habido y hay en la historia de la humanidad, tienen sin duda fecha de caducidad, una vez desaparezca la generación que las hizo surgir.

Pasada la generación de la transición, la que navegó con calificativos como cristianos por el socialismo, que impregnó las órdenes religiosas de España de sus ideales, haciendo militantes activos a los discípulos de sus aulas, nos encontraremos de nuevo con una generación nueva que carece de la formación necesaria para tolerar la religión.

Esa nueva generación lleva la misma marca ideológica que la ex ministra Bibiana Aído, un socialismo de salón que fomenta el sectarismo, al mismo tiempo que convive con las prebendas elitistas de la casta política. Estos alevines de la nueva era, adoctrinados desde la base para creer que las víctimas de la guerra civil fueron héroes de la democracia, carecen de información sobre la otra cara de la moneda. De manera que desconocen la cantidad de sangre derramada por odio a la fe.

Si Francisco Vázquez desde su atalaya privilegiada sospecha un radicalismo visceral contra la Iglesia, tenemos la obligación moral de descubrir a quienes hacen piña desde dentro de la misma, para facilitar el camino a sus perseguidores. Son grupos concretos que todavía no han cambiado el chip y siguen encerrados en unos esquemas mentales que ya han caducado.

La teología de la liberación trajo una gran cantidad de víctimas que defendían a los pobres y se oponían al capitalismo salvaje que hundía en la miseria a los países del cono sur de América. Aquello tuvo su razón histórica, pero no se puede extrapolar a otro continente. Los hechos fueron los que fueron. Por eso en la España actual algunos siguen padeciendo una preocupante agnosia en relación a cuestiones fundamentales.

La fe que profesamos no puede convertirse en un movimiento social. El fracaso de los distintos regímenes políticos nos muestra que el hombre, vive marcado por la ideología y es capaz por ella de las mayores atrocidades. La fe en cambio, se presenta como un estilo de vida que aspira a coronar otra cima. El odio sistemático a la Iglesia tiene sus raíces en El Enemigo que aborrece al Espíritu que nos habita.

Por eso, tratarán de enmascarar que sus propuestas políticas no han sido capaces de dar de comer a los más necesitados. Que es la Iglesia y la caridad de sus fieles quienes abren comedores sociales y gestionan empleo, con mayor provecho que las entidades del Estado. Volverán a lanzar sus insidias sobre el dinero de la Iglesia, ocultando que los partidos políticos y las organizaciones sociales de distinto signo, reciben más y gestionan peor.

La idea, como siempre, es buscar una cabeza de turco que sirva como pantalla para ocultar su fracaso histórico. Porque hoy podemos decir sin temor a equivocarnos que el socialismo español gobernando durante varias legislaturas, bajo el lema de cien años de honradez, nos dejó un páramo arrasado por la picaresca más sórdida y temible, la de la mentira cien mil veces proclamada.

Es tiempo, por tanto, de una generación libre del yugo de la infamia y capaz de gestionar la sociedad sin caer en las trampas saduceas de estos últimos años. Y es tiempo también de que los católicos dejen de avergonzarse de pertenecer a la Iglesia, marcados por el estigma del nacionalcatolicismo. Aquello ya es historia y nosotros debemos ocuparnos del futuro.

Acerca de Carmen Bellver

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