La plataforma Convocatoria Cívica acusa a la iglesia de reaccionaria

Baltasar Garzón inició ayer su presentación de la plataforma Convocatoria Cívica, con una serie de buenas intenciones ante la alarmante situación de la sociedad. Pero lo estropea a las pocas líneas con una perorata que nos recuerda épocas sombrías:

“Queremos involucrarnos con la verdad, la justicia, los derechos cívicos, la defensa de las víctimas y la reparación que merecen y combatir la involución democrática que se agranda cada día en España de la mano del Partido Popular, la extrema derecha creciente y la jerarquía católica más reaccionaria”

No negaré que cualquier esfuerzo ciudadano por vertebrar una regeneración social me parece loable. Me llama la atención, en cambio, que aludan a la “jerarquía católica más reaccionaria”. Como si quisieran tomar distancias con respecto a mayoría católica de este país. Y me indigna que se azuce la marca ideológica del anticlericalismo desde una supuesta plataforma que abomina de la corrupción y el estado lamentable de nuestra nación.

Como no puede ser de otro modo a esta Convocatoria Cívica se suman Benjamín Forcano y sus adláteres. Y yo particularmente me desmarco con este artículo.

Reaccionario se aplica según la Real Academia de la Lengua en unos supuestos determinados:

Que propende a restablecer lo abolido. Opuesto a las innovaciones. Perteneciente o relativo a la reacción

La plataforma de Baltasar Garzón por tanto es también reaccionaria porque intenta cambiar el rumbo que dirige el partido popular. Pero con su alusión a la jerarquía católica nos vuelve a recordar que hay un interés manifiesto en cargar sobre las espaldas de la jerarquía la culpa de los males que nos acucian. Es el fantasma del pasado que vuelve a despertar de la mano de los intolerantes y marca un proyecto político con un rasgo característico de esta izquierda secular.

Y me opongo a esa manipulación interesada de los hechos. Porque en cualquier caso los reaccionarios católicos intentamos concienciar a la sociedad de males que pasan inadvertidos dentro del pensamiento dominante. Cuando hablamos de que la ley del aborto es una lacra, nos basamos en la defensa del ser más débil de la sociedad, que se toma en muchas ocasiones como el polizón molesto en el vientre de su madre. Educar para defender la vida, no puede considerarse propio de la ultraderecha o de la jerarquía católica, es un deber de cualquier ciudadano que defienda el bien común.

En la misma línea defendemos la familia tradicional y lo hacemos desde la base de que es la célula vertebradora de la sociedad. Buscando defender los derechos de los niños a tener un padre y una madre, por encima de los experimentos sociales, que les convierten en objetos del pin, pan, de los lobbies interesados en la ingeniería social. No estamos contra los homosexuales, son más bien éstos quienes desean incorporar su marca ideológica como un fenómeno social en el que deben educarse todos los ciudadanos. Sin respetar las discrepancias antropológicas de otros sectores sociales.

No estamos contra nadie, sino más bien a favor de gestionar mejor los recursos sociales, de aplicar la doctrina social de la iglesia, de favorecer la fraternidad, el amor y la justicia. Pero navegar con quienes desean arrancarte la piel es un contrasentido. Por eso yo no firmaré el manifiesto de la plataforma Convocatoria Cívica, aunque mantenga sintonía con determinadas reclamaciones, que desde este blog también se han tratado.

Y propongo como mejor plataforma la del Evangelio que nos enseña a obrar amando al otro, deseando mejorar sus condiciones de vida, reprobando el hurto, el abuso, la corrupción, como pecados nefandos, que en definitiva son los que nos apartan de Dios. No intentamos que toda la sociedad sea creyente, porque la fe es un don que se otorga, no un derecho que se exige. Y esa es la diferencia más notable entre la ideología totalitaria y la propuesta liberadora de la fe.

Porque la fe libera al individuo de sus ambiciones más profundas, dejando exclusivamente el anhelo de formar parte del Reino de Dios. Intentando hacer partícipe a todo el mundo del don por el que pasamos de la esclavitud del pecado a la libertad de los hijos de Dios.

Espero que llegue un día que podamos liberar a la izquierda de sus rasgos más sectarios, que no aparecen en otras plataformas europeas, pero que parecen identificar a los paladines de la libertad de esta agitada piel de toro.

Acerca de Carmen Bellver

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