33 Congreso deTeología del batiburrillo al discernimiento

Me van a permitir que haga un poco de publicidad, aunque sólo sea con objeto de destripar un poco el caos mental que llevamos arrastrando varias décadas. El 33 Congreso de Teología que se realizará en septiembre, bajo el epígrafe Teología de la liberación hoy, con ese impulso tan demodé de calificar algo que ya es historia y que no tiene solución de continuidad. Me parece que merece un pequeño análisis por mí parte.

Los mismos convocantes explican que este Congreso lleva tres décadas realizándose. Y esperan encontrar el impulso necesario para abordar los desafíos actuales, A mi juicio de manera parcial, puesto que provienen solo de África, América Latina y Europa. Este hecho ya resulta sorprendente porque la realidad cultural y social de los tres continentes no tiene nada en común, salvo estar sometidos de modo diverso al dios mercado. Y por otra parte dejan Asia al margen, cuando precisamente ese continente está pisando fuerte y puede ser la nueva fuerza económica que vertebre la sociedad del futuro.

Si tienen a bien discernir los nombres y asociaciones que van con representación a este Congreso, encontrarán algunos puntos comunes. A saber, que les cede el local determinado sindicato que formó parte del submarino ideológico de la Transición. Este sindicato hizo cosas maravillosa, proporcionó ilusiones a miles de afiliados y terminó por claudicar ante el dios Mamón. Hoy sigue ofreciendo señuelo y bandera para hacer caja. Lo mismo que determinados intelectuales que se pasean con un discurso equivocado. Una se pregunta qué hace semejante batiburrillo ideológico hablando a cuenta de la dichosa Teología de la Liberación. Como si situarse de pose al margen del tinglado caótico de este principio del siglo XXI, no tuviera mayor importancia. Cuando todos estamos inmersos en una nave que parece naufragar, la del modelo socialdemócrata que pasó a mejor vida en Europa. El llamado estado de bienestar trucado en estado de malestar permanente.

Estamos necesitados de referentes morales con ideas claras que iluminen la oscuridad de esta espantosa depresión económica y cultural. Y francamente que un jesuita sitúe a Buda y Jesús en la misma línea horizontal como gestores de nuevos caminos de liberación, me produce el mismo asombro que la presencia de Diego Cañamero, con lo que arrastra semejante personaje. Por no hablar de esa Plataforma de Afectados por las Hipotecas.

No están todos los que son, pero algunos han perdido el horizonte. No entiendo qué hace Adela Cortina hablando de justicia y solidaridad, al lado de Juan José Tamayo que pertenece a la Asociación de Teólogos y Teólogas de Juan XXIII. Encontramos también la participación de Católicas por el derecho a decidir, miembros de Amnistía Internacional, feministas teólogas. Países dispares, realidades distintas, todos mezclados y revueltos por una buena causa: encontrar la manera de seguir moviendo un mito.

Si todo ese batiburrillo de siglas y corrientes ideológicas tan dispares lo agitamos, el contenido no deja de ser un cóctel difícil de digerir. Pensar que se va a sacar algo en claro de este dislate, es poseer una buena dosis de ingenuidad en las espaldas. Viviendo tiempos en los que necesitamos que las relaciones humanas no estén marcadas por la agenda del capital, que lo único que hacen es deshumanizar la sociedad. Tenemos la obligación de al menos de saber junto a quién caminamos. Y no puede ser que sigamos echando mano de alguien tan amortizado como Pére Casáldaliga. Ni que recurramos a explicar la teología de la liberación en África, América o Europa. Porque semejante cosa no ha existido nunca, se está inventando sobre la marcha, construyendo una teoría que no representa la realidad.

Veo más claro que nunca que determinados personajes están perdidos en la sociedad actual. Ya no encuentran el camino que les lleve hacia un modelo social coherente. Y siguen mirando al pasado o mezclando churras con merinas, como si eso supusiera alguna solución.

Estoy segura que hoy siguen habiendo pensadores de altura realizando un análisis social importante y válido. El problema es que en este Congreso parecen dispuestos a seguir dando vueltas sobre sí mismos.

En cualquier caso espero que les vaya bonito. Y que nos ilustren con algún manifiesto conclusivo que permita cambiar mi escepticismo en ilusión.

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Acerca de Carmen Bellver

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