Una mujer en la Comisión para la reforma de la Curia

Francesca Immacolata Chaouqui es una joven que aparece en su perfil de linkeldn como una exitosa ejecutiva a cargo de las Relaciones y Comunicaciones Externas de Ernst & Young, licenciada en derecho por la Universidad de la Sapienza, desde hace dos días es una de las consultoras del Papa, la única mujer entre un conjunto de expertos económicos, jurídicos y financieros que como el español Lucio Ángel Vallejo Balda, han sido nombrados para llevar a cabo la reforma económica-administrativa de la Curia.

Francesca de madre italiana y padre de ascendencia marroquí, es una de las escasas mujeres que tendrá acceso a la Curia. Tan sólo figuran ocho mujeres en un mundo exclusivo de hombres. Un mundo reservado a clérigos que de la mano del Papa Francisco se abre ahora a la participación de los laicos con carácter consultivo.

Siempre se ha hablado de la misoginia del clero vaticano, un círculo cerrado donde la influencia italiana también está siendo desplazada. Los últimos nombramientos convierten el rostro de la Curia en el más plural y global de su historia. Aparecen nombres de todos los continentes. Por fin el rostro de la Iglesia Universal se ve reflejado en el Vaticano.

Me gusta la idea de ver participar a la mujer entre los monseñores. Siempre he dicho que deberían existir mujeres cardenales. Y que desde luego falta su voto en los Cónclaves. No sólo por una cuestión de paridad, sino especialmente porque la elección de un pontífice también afecta a la mitad del género humano, que siempre ha sido excluido de estas decisiones.

Las puertas de la Iglesia están abiertas a todo el mundo. Las de la Curia no deben ser exclusivas de un determinado género. Si algo debe aprender la Iglesia es a delegar en manos de laicos y mujeres parte de su maquinaria. La realidad parroquial así lo atestigua. Son las mujeres quienes suelen hacer posible que el párroco acuda a todas las necesidades de su feligresía. Ellas llevan las catequesis, la economía parroquial, el consejo pastoral y lo que se tercie. De manera que en labores consultivas o directivas, es cuanto menos una falta de delicadeza no recurrir a su presencia.

También dejaría de ser noticia que una mujer forme parte de los consejeros del Papa, porque ya no sería un hecho excepcional sino frecuente y común. De la misma manera que ahora vemos mujeres ministros o presidentas de gobierno. El carácter cerrado de la Curia debe finalizar abriendo las ventanas de par en par, para que el aire fresco renueve las paredes milenarias de sus oficinas. Vamos a ver si el papa Francisco lo consigue. Necesitará para ello no sólo coraje, sino también colaboradores fieles, dispuestos a esa labor.

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Acerca de Carmen Bellver

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