Día de réquiem en España

Hoy es un día de luto en Santiago y en toda España, pero especialmente en la ciudad del apóstol que tiene que celebrar su día grande con un réquiem por las víctimas del descarrilamiento del tren. La vida siempre tiene curvas inesperadas en las que se puede escribirse “fin de trayecto”. Sólo cuando nos tocan próximas a nosotros comprendemos la fragilidad del ser humano y medimos en balanza las pocas cosas que de verdad valen la pena.

Hoy es un día para elevar plegarias por los muertos y los heridos y sus familiares. Un día para mostrar la solidaridad ante el dolor. Recapacitemos también sobre el por qué de situaciones tan dramáticas. El ser humano comete errores, vale, pero que no sean imprudencias. Porque las imprudencias tienen responsables.

Ayer me llegaban mensajes comentando la tragedia, se hablaba de una explosión. Y en ese momento me vino a la memoria la escena terrible del 11-M, confieso que sentí un vacio en el estómago que me prevenía sobre las causas del siniestro. Comencé a imaginar que ante la fiesta del apóstol podían haber querido llenar de dolor a España en el día de su patrón.

Respiro tranquila cuando leo que no se sospecha de ningún atentado. Y es que vivimos supeditados al azar y sus consecuencias. Todo depende de estar o no en el lugar adecuado. Seguro que tendremos historias de gente que perdió ese tren, que cambió la hora, que no pudo subir. Y ahora sentirán en su piel el sabor de un nuevo amanecer, gratuito, como es la vida.

No me gustaría estar en el lugar del maquinista, oremos también por él, que tendrá que cargar el peso de esos muertos sobre su conciencia, que pasará a lamentarse con frases en condicional para el resto de su vida: “si hubiera hecho eso, si no hubiera hecho aquello”. Frente a ello mejor no condenar antes de tiempo, porque también podría ser un fallo no imputable a la imprudencia.

En cualquier caso tendidos en las vías quedaron decenas de muertos y un puñado heridos de gravedad que Dios quiera no fallezcan más adelante. Vidas truncadas de golpe por el infortunio. Buen momento para pensar en la fragilidad de la existencia. Para sentir en la piel la fortuna de vivir, para dar gracias por tantas cosas que nos pasan desapercibidas y que colman nuestra vida. Para volver a decir te quiero a quienes están a nuestro lado, con el sabor en la garganta de quien tiene la suerte de poder mirar a los ojos al ser querido.

En estos momentos de dolor, un abrazo fuerte hacia todos los que están rotos por la tragedia. Que el Señor les ayude a superar el infortunio. Y que el apóstol Santiago interceda por todos ellos.

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Acerca de Carmen Bellver

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