De la catástrofe a la esperanza

La labor de los medios es informar, pero desde hace mucho que observamos cómo la información es manipulada de manera interesada. Faltan análisis rigurosos de la realidad social y sobran titulares mediáticos que como grandes culebrones serpentean en la red sin aclarar gran cosa. Los procesos de corrupción que se llevan a cabo en España están influyendo negativamente sobre la sociedad. Nadie cree ya en la política y su capacidad de resolver la crisis. Y eso supone un futuro desolador que se abre como una gran sima dispuesta a engullirnos.

Estamos contemplando cómo la dictadura financiera se adueña de la política y destroza los logros sociales conseguidos durante generaciones. Con un chasquido de dedos los tiburones financieros han descubierto el modo de seguir haciendo rodar la bola de nieve de sus cuentas bancarias. Todos sabemos que en tiempos de crisis hay quien en cambio se hace millonario. Pues bien, podemos poner nombre y apellidos, pero los políticos callan. Silencian el expolio de las Cajas de Ahorros y la estafa de las preferentes, difuminan la responsabilidad del Banco de España, abundan en las frases de manual para hablar de recortes necesarios.

Determinar hasta cuándo puede durar este estado de cosas, es una aventura quimérica. La sociedad tiene sus propias reglas, un caldo de cultivo que va sembrando el descontento y de dónde de pronto surge una chispa que hace que todo estalle. Estamos en esos momentos en que los que han sembrado vientos pueden recoger tempestades. Y los culpables sin duda son aquellos que han sido comprados por el capital para silenciar el despojo permanente del estado de bienestar. A esos políticos hay que añadir los medios de comunicación bajo control de intereses determinados. Hay una casta que ha expoliado el patrimonio común y siendo grave, nadie informa con rigor. Tenemos que sondear en otros caladeros para descubrir la estulticia.

Durante todo el verano el caso Bárcenas ha ido solapando otros casos que de tener la misma publicidad crearían una alarma pública notoria. La realidad es que la corrupción política afecta a todos los partidos, pero especialmente a los dos mayoritarios. Ha sido el modelo de la transición que ahora se agota. Un modelo en el que los banqueros han tenido parte importante comprando voluntades. Los resultados son los que son, rescates con dinero público de malversaciones personales con nombre y apellidos, que siguen figurando como grandes consejeros de entidades públicas que han ido privatizando los políticos.

El desastre es tan grande que cuesta comprender como se mantiene en calma un país con seis millones de parados y condenado a la servidumbre de trabajar por salarios devaluados en dos años al límite de la miseria. Queda la tramoya en escena, el decorado de unos sindicatos cuya voluntad también ha sido comprada. La fantasía de que existe un proyecto político para sacarnos de la crisis.

La realidad parece empeñarse en ir en otra dirección, el capital domina el mercado y es el dueño absoluto de la historia. Pretende reducir la clase trabajadora al estado de necesidad perentoria, suprimir las clases medias y dejar una élite financiera cuyos beneficios estratosféricos pueden dirigir la nave de cualquier país a golpe de un clic de ratón.

¿Es posible que esto pase inadvertido a los medios?. ¿No se estará utilizando la red para planificar la información en la dirección que algunos determinan?. Pues me temo que sí, de alguna manera las piezas encajan en un puzle que muestra un totalitarismo disfrazado de libertad y democracia. No hay tal, hoy nadie le pone freno a la ambición y la avaricia de los mercados.

¿Cómo escapar del gulag al que nos han condenado?. Creo que el ser humano progresa pese a todo, y posiblemente este estado de cosas produzca un estallido desde el que se reordene la sociedad. La única esperanza es que alguien pueda poner fin a los paraísos fiscales y los beneficios desorbitados que compran Estados. Mientras tanto, sólo podemos crear conciencia para que los corruptos sean apartados del camino, ellos son el principal obstáculo para salir de este estado calamitoso. No cabe duda que existen políticos honestos con verdadera vocación de servicio, pero sin un programa coherente que se enfrente a la telaraña del capital, dudo mucho que nadie pueda hacer gran cosa.

Y en este baile la Iglesia sólo tiene dos opciones: la del samaritano y la del profeta de la denuncia permanente. La del forjador de conciencias honestas con unos principios firmes. La doctrina social de la Iglesia es papel mojado si no se materializa en la vida diaria. A ello deberían empeñarse nuestros obispos.

Acerca de Carmen Bellver

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