En qué ha quedado la novela sobre la vida religiosa

Bueno pues ya estamos en la última semana de agosto. Se acaba un verano laboral que no el del calendario que todavía nos permitirá sudar la gota gorda en septiembre. Ha sido un agosto infausto, me he sentido por momentos como el pobre y santo Job clamando al cielo con la misma bonhomía con la que se describe en las páginas de la Biblia. Pero exageraciones aparte, el libro ha llegado al final, le quedan los flecos para recortar y pulir, nada que no se pueda superar con algunos días de dedicación.

Lo más divertido son las impresiones generales al enviar la sinopsis a algunos conocidos. El libro no es vendible. Es casi la sentencia categórica de algunos. A quién le importa el aggiornamiento y los avatares sucedidos entre 1.978 y 1.982 en esta España de emboscados dispuestos a actuar a lo Curro Jiménez. Yo sin embargo pienso que cuando se escribe se recupera una memoria que pertenece a todos. Se interpreta un rincón de la vida en una época ya tan lejana que hoy es imposible de entender a muchos jóvenes.

El valor del libro consiste precisamente en descifrar por qué actuamos de un modo determinado y en eso reside su importancia, en hacer comprender que el aborto era impensable en una España donde todavía se tardaría tres años en aprobar la despenalización y que sin embargo existía en turismo abortista en el Reino Unido, algo de lo que hacían gala actrices y cantantes de la época, reivindicando ese derecho a decidir hacer con su cuerpo lo que les viniese en gana, sin cortapisas, al estilo de otras naciones europeas. Sin embargo la contraportada de esa imagen reside en la mujer violentada que acepta su embarazo como solidaridad hacia toda la humanidad de mujeres violentadas en la historia por motivos de venganzas tribales, de actos de guerra que humillan al contrario, de redención al asumir el papel de madre soltera con la serenidad del mismo crucificado.

¿Importa ese antagonismo en el siglo XXI con una ley del aborto que ha convertido en derecho la supresión de la vida de un inocente?. Porque en definitiva la cultura de la muerte que hay en la actualidad sobreviene tras largos años de pasividad frente al drama de conculcar el derecho a la vida del ser no nacido. Hemos llegado a la negación antropológica del primero de todos los derechos, del más sagrado y maravillosos, del milagro de la existencia que surge por ósmosis física entre un varón y una mujer. En tiempos de vientres de alquiler y de embriones manipulados en probetas, de hijos a la carta, de derechos que se imponen sobre la propia naturaleza, dar una visión retroactiva al pasado puede descubrir perspectivas inauditas en nuestra época.

De eso trata la novela y también del drama de los abusos dentro del clero, pero no con la sordidez expuesta por la prensa durante estos últimos años, sino con la indagación meticulosa en la naturaleza humana, que permite profundizar en los motivos que subyugan a un menor, justificando la doble vida de un adulto que consagra en el altar el cuerpo y la sangre de Cristo. Si ese menor además encuentra el apoyo y la comprensión dentro de la misma Iglesia, se vivirá un proceso de doble vía, la ayuda psicológica y moral del abusado y el proceso que el Derecho Canónico impone a quien denigra la condición sagrada de su ministerio.

Pero todavía quedarán en el rincón más oculto de la historia esos personajes que vivieron “la movida” que tontearon con la droga, que se comprometieron políticamente en unos momentos donde el ruido de sables hacía presagiar lo peor. La novela es sólo un trozo de la historia de sus protagonistas, una ficción con resabios de verosimilitud y un apasionante thriller de un padre que busca tras la venganza sentir que el honor mancillado de su hija ha encontrado justicia. Y entre sus protagonistas religiosos, frailes y sacerdotes que viven ese aggiornamiento que volvió del revés los claustros y seminarios de aquella España que despertaba a una monarquía parlamentaria.

Que no hay editor capaz de atreverse con el tema. Pues bueno, el mérito no es escribir para vender, sino para interpretar un trozo de vidas. Evidentemente a quien escribe le gusta que otros vibren con las palabras que han ido fluyendo de sus dedos. Yo lanzo el reto este septiembre a varias editoriales. En otoño suelen salir novedades en casi todas, sería interesante que entre los editores católicos alguno pusiera sus ojos en esta historia con ánimo de darla a conocer.

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Acerca de Carmen Bellver

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