No “huelen a oveja”, huelen a perro rabioso

Aunque sea un tema repetitivo, me apetece retomar el hilo del sarpullido histérico que determinados medios con olor a oveja o perro lanero llevan lanzando como bombas de racimo desde que se supo que España acogería la beatificación de un grupo de mártires de la fe. Y remarco lo de la fe, porque con la etimología de las palabras suceden cosas muy curiosas. Al final un mártir va a ser cualquier ciudadano de a pie que hoy sufre los desmanes de la crisis. Porque hay mártires de la vida diaria como para erigir un monumento. Pero no por ello deja de resultar banal hacer comparaciones odiosas. Aunque ahí están los de siempre exigiendo que la Iglesia pida perdón por sus muertos. Olvidando que nadie pidió perdón por tantas cosas deleznables como sucedieron en aquella década ruinosa para España.

Sé que los juicios de Núremberg tras la segunda guerra mundial pusieron los puntos sobre las íes para todos los nazis. Pero tuvieron en cuenta que la mayor parte de los alemanes no era otra cosa que un títere en un baile que le había tocado por narices. Desconozco si aún se van tirando a la cara sus muertos, como solemos hacer los españolitos del siglo XXI con los nuestros. Pero me extrañaría, incluso han conseguido unificar dos Alemanias que la historia separó. Y hoy en día mandan tanto en Europa como lo hicieron con Hitler, con otro estilo, desde luego.

Pero lo remarco porque la guerra que asoló Europa fue terrible y las víctimas se contaron por millones. Y el ensayo de lo que sería aquella tragedia tuvo su primicia en nuestra piel de toro. Por eso va siendo hora de que se haga un encomiable esfuerzo por la reconciliación. Bien está que se encuentren las fosas de las víctimas del franquismo. Pero no olvidemos que se han perdido también muchas otras víctimas inocentes cuyos restos tampoco sabe nadie donde encontrar. Entre las que se cuenta las de algunos mártires. Todo lo que sucede con este tema me parece anormal. Creo que hay gente dispuesta a revivir el pasado incluyendo las trágicas consecuencias que conlleva asociado.

Me resulta bochornoso que alguien con hábito y que tiene en su misma comunidad monástica mártires de la fe, haga una pirueta ideológica y trastoque el tema en una herida que supura pus. Si eso es buscar la reconciliación de los españoles a mi me lo tienen que explicar porque no lo entiendo. No puedo entender que se esté exigiendo a la Iglesia que pida perdón por las víctimas de un acto de guerra. O por las víctimas de un régimen como el de Franco. La Iglesia sigue pidiendo perdón por sus pecados cada vez que en la Eucaristía rezamos el Padre Nuestro. Y además es una de las partes que más hizo en la Transición por cerrar las cicatrices de una guerra entre hermanos.

Por eso me atrevo a opinar que hay francotiradores verbales a sueldo de eso que algunos llaman “nos conviene que haya tensión”. Es casi como el tiro al plato, se ha convertido en un deporte que distrae de los temas de gran calado. Es un tema que se sacan de la chistera y provoca visceralidad entre los ciudadanos y nos devuelve la mala sangre del pasado histórico. A mí me parece más ponderado explicar los hechos históricos mediante la frialdad de los especialistas. Y en ese campo a nadie le cabe ninguna duda de cómo fueron las cosas. Y que nos sigan contando milongas a los que peinamos algunas canas, pues va a ser como que no.

Los mártires para la Iglesia son “semilla de cristianos”, figuras que merecen reconocimiento. Pero claro, que se puede esperar de quienes dudan hasta de la santidad de los que veneramos en los altares. Pues que al final tenemos un grupito que deplora canonizaciones, duda de las virtudes heroicas de quien sea, etc. En definitiva confunde el contenido con el continente y a cuenta de esas beatificaciones martiriales dispara a todo lo que se mueve.

Va siendo hora de pedir un poco de cordura porque lo que estamos produciendo es mucha vergüenza ajena. Manifiestos, proclamas, es decir blablablá para llenar titulares sin fondo, sin sentido, ni justicia. Esas cosas deberían de mirarse con lupa por quienes confunden el periodismo con dejar decir cualquier cosa en un artículo. Al final termina siendo como la telebasura. Algo que todo el mundo consume y al que nadie le gusta, pero que tiene sus terribles consecuencias.

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Acerca de Carmen Bellver

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