“Igualdad no significa justicia”

Siempre me ha parecido que el Derecho Romano era una aportación significativa para la cultura. El litigio  tomaba forma y de alguna manera nos civilizaba a todos. Ya no se lanzaba un chusco sobre el oponente, se debatía y se llegaba a una solución. El sentido común conformaba eso que posteriormente hemos dado en llamar Ley. Pese a la importancia de su legado, descubrí con dolor que la Justicia es esa señora con los ojos vendados que eleva su mano sosteniendo una balanza. Una justicia tal vez legal, pero poco justa. Una justicia conforme al derecho, pero realizada bajo triquiñuelas legales para seguir engañando a esa “JUSTICIA” en mayúscula de la que andamos huérfanos. Esa justicia soberana que un creyente deposita en Dios.

Nunca olvidaré la sensación de incredulidad que me inundó delante de un letrado cuando explicaba que su caso bien podía solucionarse dependiendo del juez de turno. En ese momento supe que la “justicia” intenta ser objetiva siendo a su vez completamente subjetiva. Y desde luego como creyente no dejo de tener presente la imagen de Poncio Pilatos lavándose las manos sabiendo que con ello se condenaba un inocente.

Ante la avalancha de noticias sobre la libertad de asesinos de ETA, tras la sentencia del Tribunal de Estrasburgo, me quedo con viñeta sobre “la igualdad” y “la justicia” que representa la imagen que cuelgo en mi post.

No hay justicia, señores. Ni tampoco hay igualdad. No se pueden mezclar peras con manzanas. No es lo mismo un asesino arrepentido que un fanático del tiro al blanco. Tampoco son iguales todas las víctimas. Aunque reposen en el mismo camposanto. Son cosas que se perciben en lo profundo de nuestra conciencia. Y nos sobran las explicaciones de letrados profiriendo hiperbólicos rodeos para hacer comestible lo que se nos atraganta en la garganta.

Los derechos humanos deben ser respetados. Pero cuando se tiene todo un ejército de abogados dispuestos a conseguir la libertad de un asesino, nos queda la triste sensación de que seguimos vulnerando la justicia, esta vez por medio de la Ley.

El ciudadano siente en los últimos tiempos con demasiada frecuencia que la Ley está del lado equivocado. Sospecha que los mayores ladrones del país están protegidos por esa Ley equivocada. Y que los pobres de a pie no tienen justicia. Mira con estupor que un asesino frío y calculador, capaz de arrebatar la vida de otro semejante, sonríe victorioso por haber doblegado la justicia. Y con hechos así andamos todos obnubilados, estupefactos. Y nos sobran las retóricas de unos y otros. Nos queda la sensación de que algo anda torcido en este mundo.

Sabemos que la cárcel no tiene otro objetivo que reinsertar en la sociedad a quienes no saben convivir con los demás. Pero nos preguntamos ahora mismo si es posible tal reinserción en los casos de quienes se consideran héroes de su causa. Una causa que lleva sembradas miles de víctimas inocentes. Yo les confieso que sigo confusa, tan confusa como la mayor parte de la sociedad española.

Acerca de Carmen Bellver

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