La justicia de Dios y la justicia del hombre


El fenómeno de las iglesias vacías o repletas de ancianos y mujeres de edad madura merece un análisis. Vivimos en un tiempo en que ha caído la fe mágica. Ha caído la fe encorsetada en una moral sin entrañas. Ha caído el espíritu de reverencia ante lo sagrado. Y todo eso ha sido sustituido por otro tipo de fe mágica, con resortes ocultistas o gnósticos. Junto con una libertad de conciencia resumida en un relativismo a la carta. Una fe en la que cojo aquello que me gusta y descarto lo que me resulta incómodo. En todos los casos el componente es el mismo. La fe no ha sido descubierta en sus raíces profundas. Descubrir la fe, desentrañar el misterio de la fe, requiere un ejercicio de coherencia y de claridad que está lleno de tropiezos sinuosos. Pero desde luego es posible.

Lo que parece morir es la fe rutinaria. Y nos podemos sentir agradecidos si la comunidad vive con mayor rigor aquello que profesa en el Credo. La fe de los santos cotidianos y ocultos. Esos que viven unidos al Señor, y no sólo le dan culto sino que también ponen su vida al servicio del Reino de Dios. No es necesario nada más que vivir con el espíritu del Señor los hechos cotidianos. Ofrecer lo bueno y lo malo que vamos encontrando en el día a día. Desentrañar la maraña de egoísmos y mediocridades de las que somos capaces.

Y sobre todo ofrecer la fe como una acción de gracias permanente. Si sabemos desentrañar la alegría de ser fieles al Señor, tendremos mucho camino recorrido. Entrar por la puerta estrecha es una imagen que expresa con claridad el camino del cristiano. Y me parece que tenemos un Papa que va desentrañando con gestos inauditos ese salir de sí mismo para abrirse a la fraternidad de los hijos de Dios.

Hoy resulta más difícil que nunca declararse creyente. Porque vamos a estar en el ojo del huracán, escrutados hasta el mínimo de nuestros gestos. Es la argucia del enemigo de Dios. Falsificar los hechos, engañar, presentar la pobreza de nuestras vidas, para que nadie quiera convertir su corazón. La antítesis persistente entre lo que guardamos en vasijas de barro y lo que en realidad somos, es una realidad dolorosa. Solo podemos decir como san Pablo “que no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero”. (Romanos y, 19-25).

Y en ese momento el cielo se abre. Como en el Evangelio de este domingo. Constatamos la miseria de nuestras vidas, la dificultad por vencer nuestros egoísmos, la soberbia de nuestro corazón, el apego a los ídolos del mundo. Y con ese bagaje acudimos al Señor a implorar misericordia. No podemos ser como el fariseo que da gracias por ser bueno y cumplidor. Porque nadie es bueno sin la gracia de Dios. Cumplir los mandamientos como un código moral, puede estar bien, pero si le faltan entrañas de misericordia, se quedan en nada a los ojos del Señor. Porque nuestras obras por sí solas no bastarán para salvarnos. Cualquier obra por pequeña que sea debe regresar a las manos del Señor. Para que todo lo hagamos con El, por El y en El. Ese es el camino de la fe.

Por lo demás, las iglesias deberían estar abiertas todo el día. Los sacerdotes tendrían que sentarse allí a esperar cualquier hijo de Dios que se acercase. La evangelización no es el sermón del domingo y ya se ha acabado. Así no actuaron los primeros seguidores de Jesús. Más bien se abrieron al mundo saliendo a confesar aquello de lo que eran testigos. Y luego dejaron que el Espíritu actuara. Oración, predicación, testimonio, son el secreto de la expansión del cristianismo. Y hoy en un mundo globalizado hay que encontrar el camino para seguir dando testimonio con la humildad del publicano que refleja el evangelio de este domingo. (Lucas, 18, 9-14)

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Acerca de Carmen Bellver

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7 respuestas a La justicia de Dios y la justicia del hombre

  1. En algunos detalles discrepo. Dices que las iglesias deberían estar abiertas todo el día. Respondo que esto es imposible a menos que se pongan de acuerdo los parroquianos para hacer turnos de guardia. Dices que los sacerdotes tendrían que sentarse allí a esperar a cualquiera que se acercase. Respondo que ni hacen falta sacerdotes para esto, lo pueden cumplir cualquier grupo de cristianos dispuestos a dar consejo y ayuda. Esto de poner a los sacerdotes demasiado en el candelero se llama “clericalismo” y el papa actual lo ha criticado. El Pueblo de Dios puede organizarse perfectamente para ofrecer las ayudas que convengan, tenemos en ejemplo de Caritas que operan sin la presencia obligada de los sacerdotes. Los sacerdotes tienen una misión específica en cuanto a los sacramentos, pero no en ayudar y dar consejos a los necesitados, esto último pueden ejercerlo cualquier cristiano que posea una cultura cristiana aceptable. Pero si algunos prefieren que los curas lo hagan todo ya la tenemos liada….El gran problema es que todavía no estamos mentalizados en que la Iglesia somos Todos, todavía estamos en la mentalidad del medievo en que la Iglesia son los Curas.

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    • Gracias por tu opinión Silveri. Si, el clericalismo es malo. Pero es peor el funcionario sagrado que hace misa y cierra la iglesia. Así no se puede seguir. Por otra parte no podemos confundir la experiencia de un sacerdote con años de estudios con la bondad del primer cristiano de a pie que encontremos. Aunque es una propuesta interesante, no hay que descuidar la formación. No todo el mundo sirve para todo. Y cuando una iglesia está abierta, el sacramento del perdón está al alcance de cualquiera. Y aqui, amigo Silveri, encontramos demasiadas veces los confesionarios vacíos.

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  2. E dijo:

    Carmen, me alegro de que tengas este blog. Podemos seguir en contacto.

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  3. E dijo:

    Carmen, ¿has visto las imágenes tan hermosas del Papa Francisco con un niño pequeño inquieto? ¿has visto con qué naturalidad el Papa estaba con el niño? Tengo yo también un pequeño de casi cuatro años muy inquieto; la última vez que estuve en misa, el cura prácticamente nos echó a mi hijo y a mi ¡en plena homilía!, todo el mundo mirando. También tengo una desagradable experiencia con otro cura, que tampoco parece estar acostumbrado a estar con niños. Confieso que no he vuelto a escuchar misa desde entonces, lo he ido dejando. Me dolió mucho, por el desprecio que le hicieron a mi hijo, que es un niño risueño, encantador y cariñoso, pero inquieto.
    El Papa Francisco ha marcado un antes y un después. Ojalá muchos hagan revisión y aprendan de él. Ahora sí se puede decir: ¿Si el Papa lo hace por qué usted no lo hace?

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  4. La iglesia ha intentado que los ciudadanos sigan con unos pensamientos pasados de moda y anticuados con respecto al mundo en el que vivimos y el no modificar su conducta la ha llevado a lo que es hoy en dia una institucion no muy bien vista por casi nadie…

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