Todos los Santos de lo cristiano a lo pagano

De entre las muchas celebraciones religiosas, sin duda una de las más bellas es la de Todos los Santos. Nuestra cultura dedica esta fecha a honrar a nuestros difuntos llevándoles flores al cementerio. Es un guiño con la vida eterna. Una manifestación pública de que los llevamos en nuestro corazón. Una sana costumbre recordada por la Iglesia en las obras de misericordia, que no sólo nos pide rogar por los vivos sino también por los difuntos. Algo que realizaremos con toda la solemnidad mañana sábado.

Mientras, hay que explicar que hoy es el día en la que una multitud de seres en el cielo llevan sus vestiduras blancas, como símbolo de vida eterna. Son personas que nos precedieron en todo tiempo y lugar. Que supieron hacer de lo cotidiano un medio para santificar sus vidas. El único objetivo de este paso por el mundo. Llegar a la santidad de vida, purificando nuestros apetitos. Nadie, ni siquiera el Papa, como muy bien lo ha explicado, está exento de dudas, temores y caídas. La diferencia entre quien da la espalda a Dios y quien intenta seguir ajustando su paso al Señor, es una fina línea tan sutil que pasa desapercibida a los ojos humanos.

Miramos a la gente y no podemos saber qué hay en su interior. Sabemos que todos somos hijos de Dios, incluso los que le ignoran. Y sabemos que Dios sigue con los brazos abiertos para recibir a sus hijos. Que su misericordia les lanza el flotador para que incluso en un decidido acto de contrición en su último estertor lleguen a gozar de su presencia.

Por eso sería conveniente seguir fomentando la sana costumbre de vestir a nuestros niños de santos en esa víspera tétrica que nos impone la costumbre de Halloween. Hay algo macabro en esa noche en el que sales a la calle y ves pasear niños con cara de zombis y madres disfrazadas de brujas repugnantes. La fiesta de los muertos no tiene capacidad de aguantar la fiesta de los santos. No, al menos, si sus padres saben explicar la grandeza de lo que hoy celebramos. Y en eso al menos deben tener la iniciativa los colegios religiosos. Porque a los colegios públicos se nos ha adherido como tema transversal y no parece probable que nadie lo pare sin ser mirado como algo extraño.

Nos adherimos a la moda con una total ingenuidad. Halloween no es un carnaval, sino más bien la fuerza de lo oscuro, del mal, disfrazado para engañar nuestros corazones. No podemos convertir nuestras tiendas en una casa de los Monster, pensando que es un juego sin consecuencias. La realidad es que el totalitarismo ideológico difunde con demasiada frecuencia un pensamiento débil, dispuesto a socavar las raíces cristianas de la sociedad. El paganismo del mundo actual avanza de manera solapada promocionado demasiadas veces por los organismos que debieran velar por la ciudadanía. No quiero lanzar conspiranoías, pero resulta estremecedor asistir impávidos a la avalancha pagana que nos rodea.

Celebremos pues, el gozo de saber que hay una multitud ingente intercediendo por nosotros. Valoremos nuestras raíces cristianas y, en la medida de lo posible, huyamos de las fiestas de lo tétrico y lo macabro. Del engaño solapado con bromas. No sólo es truco o trato, es sencillamente una engañifa pagana que debemos desechar.

Acerca de Carmen Bellver

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3 respuestas a Todos los Santos de lo cristiano a lo pagano

  1. E dijo:

    Halloween también es un producto comercial de la poderosa industria norteamericana del cine, se ha convertido en un subproducto del cine de terror con un mercado de ventas impresionante. No veo tanto el triunfo de lo pagano con esto de Halloween, sino la ley del mercado y del capital, la oferta y la demanda.
    Puede que nosotros, los católicos, quizá no sepamos “vender” bien “nuestros productos”. Cuando he tenido la oportunidad de hacer sustituciones más largas como profesora de Religión, no me he limitado a dar mis clases sin más, he procurado entender y adentrarme en el mundo de mis alumnos y a todos les he ofrecido en momentos puntuales estampas de Jesucristo y de algunos santos, meditaciones para Semana Santa y Via Crucis (cuando he podido trabajar en esas fechas), les he regalado pequeños crucifijos de madera, cuando he revisado y evaluado sus trabajos y libretas les he puesto a todos una pegatina del corazón de Jesús, de María, y puedo decir que todos sin excepción, han aceptado de buen grado estas pequeñas cosas que yo les regalaba. Incluso algunos llegaban después y cuando me veían a solas me decían: “Maestra, ¿cómo me pones una pegatina de Jesús o me regalas un crucifijo con lo malo que soy?”.

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  2. E dijo:

    He tenido conversaciones maravillosas con estos que se tenían a ellos mismos por “malotes”. Ha habido ocasiones en que no he podido dar la clase que tenía preparada para ese día, porque me pedían: “Maestra, enséñanos a rezar como tú rezas”. Porque siempre les he inculcado la necesidad de rezar y de tener ratos de silencio, de parar y ponerse delante del Señor como te pones delante de tu mejor amigo y le cuentas tus cosas. He podido hacer dinámicas muy buenas con ellos, y muchas veces de manera imprevista, con motivo de ponerles yo una imagen y una canción, una imagen y la lectura de algún pasaje de la Biblia…

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