María Inmaculada, ruega por nosotros

Las palabras del Papa Francisco sobre la misericordia de Dios nos hablan a todos al corazón. Pero también nos alertan frente a quienes se creen “puros”, mejores que los otros, incapaces de realizar el mal. Precisamente hacia ellos tiene Jesús palabras durísimas, les llama fariseos e hipócritas. Su corazón es duro como la piedra. En cambio, para quien reconoce su debilidad, el abrazo de Dios es infinito. Y frente a eso nos encontramos hoy con la mujer que nunca ha estado manchada de pecado: La Inmaculada.

En un mundo que vive en permanente vodevil, la imagen de la pureza del corazón le chirria. Y sin embargo, la grandeza de María, reside precisamente en ese FIAT desde la profundidad del corazón. Esa disponibilidad ante la llamada de Dios, es lo que hoy nos muestra la festividad de la Inmaculada. Tal vez quisimos mostrar la virtud de la pureza con un envoltorio equivocado. La verdadera pureza, lo dice el propio Evangelio, reside en el corazón de donde sale todos los pecados y abominaciones.

La imagen de María ya no es inalcanzable, porque aunque ella no tenga pecado, nos muestra el camino a seguir, la disponibilidad del corazón abierto a la gracia del Señor. Y esa es la santidad de vida a la que está llamado cualquier creyente. No para realizar grandes actos, sino precisamente para hacer de la vida, toda ella, una ofrenda permanente, un FIAT profundo. Por supuesto, caeremos en numerosos lugares comunes, pecaremos de pensamiento, palabra y omisión. Pero tenemos la seguridad de que María está con nosotros y nos acompaña para llevarnos de la mano hacia el Señor.

La devoción milenaria a la Virgen, ha sido siempre fuente de múltiples gracias. Hoy no se puede hablar de la pureza inmaculada, de la castidad, sin que las sonrisas irónicas se marquen en el rostro de nuestros interlocutores. Pero sí podemos hablar de una mujer que hace de su vida una entrega permanente. Y que nos muestra el camino para realizar la obra de la gracia en nuestras existencias mediocres y pecadoras.

Es entonces cuando la palabra pureza y castidad, dejan de chirriar como algo desfasado, porque se alcanza a ver que se trata de algo maravilloso. No es, como algunos pretenden, un ideal imposible e inalcanzable, es un estado de vida natural que aspira a vivir según los designios del Señor. Con la virtud de la humildad como coraza permanente frente a la acechanzas del maligno.

Esas son las armas que María nos enseña a utilizar en este día especial que celebramos en multitud de países, venerando la Inmaculada Concepción. Aspirar a vivir según el Evangelio, renunciando al pecado. Sabiendo que somos débiles por naturaleza, pero que tenemos siempre la puerta abierta para encontrar el camino de regreso a la gracia.

Pidamos a María que nos lleve siempre de la mano. Roguemos con el rosario en la mano, la oración que ella misma enseñó a Santo Domingo de Guzmán, mostrando el racimo de oraciones que nos acercan más a las puertas del cielo. María Inmaculada, ruega por nosotros.

Promesas de Nuestra Señora, Reina del Rosario, tomadas de los escritos del Beato Alano:

1. Quien rece constantemente mi Rosario, recibirá cualquier gracia que me pida.
2. Prometo mi especialísima protección y grandes beneficios a los que devotamente recen mi Rosario.
3. El Rosario es el escudo contra el infierno, destruye el vicio, libra de los pecados y abate las herejías.
4. El Rosario hace germinar las virtudes para que las almas consigan la misericordia divina. Sustituye en el corazón de los hombres el amor del mundo con el amor de Dios y los eleva a desear las cosas celestiales y eternas.
5. El alma que se me encomiende por el Rosario no perecerá.
6. El que con devoción rece mi Rosario, considerando sus sagrados misterios, no se verá oprimido por la desgracia, ni morirá de muerte desgraciada, se convertirá si es pecador, perseverará en gracia si es justo y, en todo caso será admitido a la vida eterna.
7. Los verdaderos devotos de mi Rosario no morirán sin los Sacramentos.
8. Todos los que rezan mi Rosario tendrán en vida y en muerte la luz y la plenitud de la gracia y serán partícipes de los méritos bienaventurados.
9. Libraré bien pronto del Purgatorio a las almas devotas a mi Rosario.
10. Los hijos de mi Rosario gozarán en el cielo de una gloria singular.
11. Todo cuanto se pida por medio del Rosario se alcanzará prontamente.
12. Socorreré en sus necesidades a los que propaguen mi Rosario.
13. He solicitado a mi Hijo la gracia de que todos los cofrades y devotos tengan en vida y en muerte como hermanos a todos los bienaventurados de la corte celestial.
14. Los que rezan Rosario son todos hijos míos muy amados y hermanos de mi Unigénito Jesús.
15. La devoción al Santo rosario es una señal manifiesta de predestinación de gloria.

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Acerca de Carmen Bellver

Colabora en los medios de comunicación aportando su visión desde el humanismo cristiano
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Una respuesta a María Inmaculada, ruega por nosotros

  1. E dijo:

    Me gusta mucho leer todo lo que se escribe con tanta devoción sobre la Santísima Virgen Maria, como este artículo. Da mucho consuelo, es como sentirse en los brazos de la Madre.

    Me gusta

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