La llamada del Adviento: tiempo de ascesis

Adviento es tiempo de esperanza, de preparación para la Navidad. Tiempo también para mirarnos en lo hondo y despojarnos de ropajes mundanos. Tiempo de ascesis, de penitencia. ¡Qué mal suena esto a los oídos del mundo!. Y sin embargo, cuando buceamos en lo profundo podemos encontrar muchas hojas secas: la del egoísmo, la comodidad, el desinterés por el otro, la vanidad, el orgullo, el afán de dominio. Son muchas las hojas muertas que se arremolinan a nuestros pies. Hojas que debemos aventar, aunque no siempre se consigue. Si hay algo que me gusta del Papa Francisco, es precisamente su clarividencia para sentirse pecador y necesitado de oración.

Apenas queda nada para recibir el fulgor de la Navidad. Dios hecho hombre nos nace con esos ropajes que se escapan a los ojos de sabios y entendidos. Nos nace en lo cotidiano. Tiene debilidad por las zonas marginales, por los lugares comunes, por los gestos sencillos. Me gustaría aprender de esa pedagogía del amor hecho donación. Me gustaría limpiarme con agua clara y cristalina por dentro y por fuera. Para mirar con los mismos ojos del amor.

Me pido unas dosis de colirio para sanar miradas injustas, para no juzgar por las apariencias, para llegar a la esencia de cada persona, dejando de merodear por los arrabales que me apartan de los demás. Me pido tiempo para estar con los otros y gozar de su presencia. Y unas gotas de optimismo en cada esquina de mi vida, para no dejarme abatir por la desesperanza o el desaliento, para no quedar contaminada por el dolor, el mal, y todo aquello que me separa del Amor verdadero.

Y como cada año, deseo arrodillarme ante el Niño Dios que hay detrás de cada hombre y mujer abatidos por la crisis, la precariedad, el paro, la guerra y la desolación. Porque si los miro como al Niño, seguro que me salen las palabras y los gestos oportunos. También me gustaría ser más positiva. A mí me abruma el mal, el pecado, las zonas oscuras del alma humana, me contagio de sus sombras y me lleno de tristeza. De manera que me pido también saber encontrar la felicidad en cualquier lugar y situación, dejando reposar mi cabeza con confianza en las manos amorosas del Señor.

¡Necesitamos tanto de gente positiva que infunda ánimo y esperanza!. Que me pido una conversión del corazón radical, tan radical, que ya nada pueda hundirme en la desolación. Porque con la fe y el amor como pasaporte para ir por el mundo, es más que suficiente. Me consta lo que digo, lo intuyo en muchos rostros conocidos y en otros que veo pasar por la calle y que esconden historias maravillosa de coraje, de decisión y de valentía.

Que el Señor de la vida que cada año acogemos con solemnidad, no se quede solo en un icono, en una imagen, en un acontecimiento que pasa sin calarnos hasta lo más profundo del corazón. Por eso os pido muchas oraciones para seguir aprendiendo de aquellos que vale la pena aprender. Y dejando de lado aquello que carece de relevancia. Y deseo que este Adviento no sea uno más. Seguro que si vosotros lo pedís también conmigo, veremos esa estrella de la Navidad creciendo en nuestro corazón en todo su significado.

Acerca de Carmen Bellver

Colabora en los medios de comunicación aportando su visión desde el humanismo cristiano
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3 respuestas a La llamada del Adviento: tiempo de ascesis

  1. E dijo:

    Carmen, pienso que la santidad, a la que todos los cristianos estamos llamados, no es un sprint, salvo para personas muy escogidas por Dios como San Francisco Javier, San Francisco de Asís, Santa Teresa de Lisieux, Santo Domingo Savio, y tantos santos, también los mártires; sino que para la mayoría es como una carrera de fondo y de esto sabían mucho Santa Teresa de Jesús y San Juan de la Cruz, también San Francisco de Sales, San Juan Bosco, y tantos tantos santos, más recientemente Madre Teresa de Calcuta.
    Tenemos que aceptarnos como somos, sabiendo que Dios siempre está ahí y nos ama. Nuestra alegría es sabernos y sentirnos amados por Dios con nuestros defectos y nuestras virtudes.
    Los que tenemos hijos pasamos por pruebas muy grandes, es fácil caer en la desolación. Pero siento consuelo al pensar que Dios sabe mejor que nadie porqué pasan las cosas y no pierdo la esperanza (no podría perderla) de que Dios les ayudará a enderezar sus vidas, se lo pido todos los días y se lo pido a la Virgen que como Madre sabrá entender y no nos dejará desamparados.
    En ocasiones me siento muy cansada y abatida, pero me repongo y pienso en positivo, no me queda otra opción que pensar en positivo y mirar al futuro con esperanza.

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  2. E dijo:

    Hay quienes no quieren tener hijos o sólo tienen uno porque no quieren sufrir. Se huye del sufrimiento, por eso existe tanto indiferentismo. Más que ateos lo que hay es mucha indiferencia a comprometerse y compadecerse con el sufrimiento y los problemas de los demás.
    Que el Niño Dios nos bendiga y nos ayude a no pasar de largo.

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