La luz de Nochebuena

En este lado del mundo la Navidad son luces en las calles, guirnaldas en los escaparates, bolsas de compras en las manos, reuniones familiares. Algunos no pueden con esa pesada carga de almibarados sentimentalismos, postales que felicitan fiestas, versos que cantan la amistad y el amor. Algunos, insisto, no pueden con sus recuerdos, sus años, su lamentable situación personal. Y quisieran dejar caer los días del calendario y pasar olímpicamente hacia el año siguiente. Pero lo cierto es que para un creyente estas fechas son algo más que mazapanes y turrón, que cava y excesos en la mesa. Para los creyentes Dios se hace uno de nosotros, viene a compartir las penas y las alegrías de cada ser humano.

Si hay una figura que ha trasformado radicalmente la vida de miles de personas, es ese pequeño Niño nacido en una remota aldea. Ese personaje hecho hombre ha tenido una repercusión decisiva en la historia de la humanidad. Muchos agnósticos o ateos, se descubren ante el profeta, el pensador, el hombre que fue capaz de morir perdonando clavado en un madero. Y que hizo del fracaso el mayor triunfo. Porque nos mostró el camino de la felicidad, de la vida eterna.

En esa noche santa que se entonan villancicos en cada iglesia y en cada casa, el milagro de la vulnerabilidad se hace patente a nuestros ojos. Dios ha nacido para recuperar al ser humano de la muerte, para la gloria, para el triunfo del amor. Hay en estas fechas pequeñas historias que deberían salir a la luz, porque servirían para firmar treguas y dejar caer las armas en países que viven atemorizados por la guerra y los asaltos de la sin razón.

Me pido un villancico en mitad de Siria, asolada por las bombas. Me pido una oración por Irak, por Sudán, por tantos países golpeados y abandonados a su suerte. Me pido ese día especial con la presencia de un Niño Dios para todos ellos. Un Niño que convoque a las gentes corrientes, como esos pastores de Israel que acudieron hace dos mil años a un pequeño establo. Gente dispuesta a ver en lo vulnerable la gracia de Dios derramada para la salvación de todos. Y seguro que en ese instante, los corazones recibirán un vuelco transformador. Ese es el milagro de la Navidad, Dios llega a los más profundo de nuestro ser, para darnos calor y amor, para fortalecernos en los momentos difíciles. Y son tantos los necesitados de ese Niño.

Por eso antes de la Navidad hemos ido pasando por cuatro semanas de Adviento, encendiendo una luz cada nueva semana. Cuatro velas en la corona de Adviento que desprenden la cegadora luz de la estrella de Belén, que nos han ido convocando a despojarnos de la ira y del resentimiento, que nos han convocado para la generosidad, donando alimentos y ropa para quienes menos tienen. Realizando pequeños gestos anónimos que pasan desapercibidos para esos voceros mediáticos que pregonan noticias que no enseñan a ser mejores, sino que nos muestran lo peor de la condición humana.

Por eso la Navidad tiene esa dulzura del turrón, porque es un bálsamo reparador que cada año nos convoca ante una gran promesa. Y vivir la Navidad donando tiempo o dinero a los demás, es un modo de hacer presente ese Reino de Dios que debe nacer en cada corazón. Celebramos un acontecimiento que caló como lluvia fina, haciendo brotar un mundo nuevo. Y esa ilusión, ese empeño debe renovarse cada año, por eso nos convoca en la mesa común para partir el pan junto al hermano y recibir la fuerza necesaria para nuestra transformación.

Gocemos la verdadera Navidad, la que no se refleja en guirnaldas ni adornos vistosos, la que se vive sin consumismos banales, ni compras compulsivas de última hora. Cada vez que damos la mano a alguien es Navidad, cada vez que consolamos al triste es Navidad, cada día que visitamos al enfermo es Navidad. Porque en cada gesto fraterno nace una vez más ese niño Dios en el mundo. Sólo por eso podemos decir: ¡Feliz Navidad!.

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Acerca de Carmen Bellver

Colabora en los medios de comunicación aportando su visión desde el humanismo cristiano
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3 respuestas a La luz de Nochebuena

  1. E dijo:

    Carmen, que pases con tu familia y los tuyos una Noche Buena muy buena. Que Dios os bendiga.

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  2. E dijo:

    Sí que he disfrutado, Carmen. Porque he visto bien a mis hijos, es un regalo que nos ha hecho el Niño Jesús.

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