Natividad: el don de la vida

La vida sigue con la secuencia que la providencia imprime a cada hogar. Semana navideña de hospital, donde se contempla que no todo son villancicos y fiesta, que el dolor aprieta por lo pliegues de cada arruga. Los años pesan y marcan su anecdotario en el calendario. Si todo va bien nos comeremos las uvas en casa. Pero nadie puede asegurar lo imprevisible, como son esas sorpresas que advertimos hijas de la fatalidad. Mientras tanto contemplamos como otras familias también están golpeadas por la enfermedad y la ancianidad. Y reflexionamos sobre todas aquellas zonas de guerra, de conflicto, donde también se viven en precario estas fechas.

Y volvemos a dar gracias por cada día que pasa, porque nos proporciona muchos motivos de esperanza y alegría. Estas fechas son muy dolorosas para quienes no tienen familia, pero hay quien nos enseña a vivirlas con generosidad, voluntarios que visitan hospitales y asilos de ancianos. Gente dispuesta a donar su tiempo en un comedor social; samaritanos de la urbe que recorren las calles con un termo caliente de sopa para confortar a los sin techo; todos ellos merecen que se les recuerde por hacer más humano este mundo.

Un mundo donde la vida del no nacido se somete a leyes herodianas. Mientras no admitamos el fracaso del aborto, como sociedad, no entenderemos nada de la gratuidad de la vida. Tenemos escasísimas probabilidades de nacer, de ser personas, la vida es un regalo y hay que protegerla. Esa es la obligación de una sociedad avanzada y humana. Proteger al no nacido, respetando la libertad de la madre para rechazar el fruto de su vientre. No se nace madre, se trabaja la maternidad día a día. No es una imposición, es una vocación asumida. Pero el aborto es un fracaso social y una irresponsabilidad personal. Nadie tiene derecho a arrebatar el halito de vida en otro ser.

Pero la sociedad sigue crispando y engañando. Los derechos primarios son precisamente el de la defensa de los seres más débiles. ¿Qué sería de esos ancianos sin hogar en una sociedad sin entrañas?. Seres quebrados por la enfermedad, se convertirían de pronto en una carga social. Y engullidos en el egoísmo la ley  podría determinar su aniquilación, como se ha hecho con los menos afortunados, los no natos.

Se les ha despojado de la ciudadanía, aunque una ecografía demuestre su presencia a las pocas semanas y sea capaz de determinar su sexo. ¿Podemos decir que somos una sociedad avanzada cuando no respetamos la vida?. ¿Cuándo consideramos que el no nato no merece existir?. Les pido unas dosis de reflexión sobre el tema. Vale la pena considerar el derecho a la vida como el don más precioso que hay que preservar.

Yo desde luego ante el nacimiento de Dios hecho hombre, compartiendo nuestra condición humana, preciosa y limitada, siento que me sobrecojo cuando se habla del derecho al aborto. Puedo entender un dilema moral, pero con el tiempo me vuelvo más sensible hacia la vida. Y en estas fechas, si cabe, mucho más. Sigamos orando por la vida de esos mártires del  egoísmo humano.

Acerca de Carmen Bellver

Colabora en los medios de comunicación aportando su visión desde el humanismo cristiano
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Una respuesta a Natividad: el don de la vida

  1. E dijo:

    El aborto, como tantas otras barbaridades, aberraciones y latrocinios, forman parte de un proyecto de nueva ingeniería social. Lo peor es que se empeñan en calar en la sociedad elevándolos macabramente a la categoría de “derechos”, para que todo el mundo piense que son realmente “derechos”, consiguiendo, por tanto y en parte, sus viles e inicuos propósitos. Pero también se mueven grandes intereses económicos y otro tipo de intereses espurios en esa nueva ingeniería social: industria farmaceútica, formación de lobbys de poder, de presión, financieros, políticos, etc.

    No entiendo bien cómo personas proabortistas, feministas radicales, etc, formen parte de organizaciones como Unicef, por ejemplo. Ya lo dijo Jesucristo: “Los hijos de las tinieblas son más astutos que los hijos de la luz…”. Y como es lógico de toda lógica, el gran enemigo de estos lobbys es la Iglesia, que sigue el proyecto de Dios y se enfrenta y desenmascara a los poderes de este mundo.

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