Acomplejados y miedosos o equivocados y taimados

Todavía son muchos quienes se empeñan en seguir utilizando términos del siglo pasado. Hoy mismo he leído en varios digitales que la Iglesia se empeña en imponer un tipo de familia. Les molestan las declaraciones de algunos mitrados que no temen ser juzgados de retrógrados. Y dentro de esa tónica hay algunos creyentes que se avergüenzan de las declaraciones de sus obispos. Personajes del mundillo católico que quieren ir de progresistas que apuestan por tender puentes, para finalizar proclamando un relativismo inconsistente pero muy propio de nuestro tiempo.

Los grupitos anticlericales entran ya en las iglesias gritando consignas de buen tono: “fuera los rosarios de nuestros ovarios”. Es el signo de decrepitud de una época que no encuentra su norte. Estamos atravesando un cambio de paradigma con el armazón de un tiempo caduco. Lo progresista es contemporizar con cualquier cosa, el diálogo se entiende como dejar hacer, permitir, consentir, la falta del rigor critico consiste precisamente en querer unir lo blanco con lo negro. Hay fronteras que no se pueden cruzar. Lo sabe cualquier educador. El diálogo no consiste en admitir cualquier cosa como válida, sino precisamente en saber defender los principios con claridad.

Y dentro del marasmo inconsistente del pensamiento débil azuzar odios contra la Iglesia parece ser la consigna de cualquier época. Lo fue en tiempos de los emperadores romanos y prosiguió con todos los istmos posteriores. Seguramente para algunos la misa de las familias es tan provocador como el rezo del rosario por la calle. Pero lo cierto es que la familia cristiana tiene mucho recorrido en la historia. Con el cambio social de los últimos cincuenta años, se han promovido consignas que son la antítesis de lo que se considera un matrimonio cristiano. No quiero negar la libertad de optar por uno u otro modelo de familia. Pero a mí también me molesta que los paladines de la libertad se sientan ofendidos con las celebraciones públicas de los creyentes.

No soy de grandes manifestaciones, ni aglomeraciones. No me van las multitudes. Pero reconozco que todo el mundo tiene derecho a manifestar sus convicciones con educación. Y en esto último la Iglesia no puede ser más exquisita, muy alejada de esos programas demoledores de la sexta que se mofan sarcásticamente de la fe. De esas irrupciones en los templos profanando el culto. De esos artículos demoledores contra la misa de las familias, que prefieren ver recluidas en cada iglesia.

Hoy el Papa ha dirigido sus palabras a los fieles afirmando la validez de la familia cristiana como un bien social que nadie debe dudar. Aunque la misma cultura televisiva y cinematográfica se empeñe en horadar sus cimientos. Y es que el Evangelio sigue pidiendo un plus de generosidad a cada individuo, proclamando precisamente que la convivencia impone dosis de generosidad y perdón mutuo para seguir cohesionando a la familia.

Como es obvio por el camino no todo son rosas, y algunos fracasan en el empeño de formar una familia, para todos ellos deben arbitrarse soluciones, pero sin frivolizar el sacramento del matrimonio, sin convertir el divorcio exprés en un modelo cuando es el mayor fracaso social del siglo XXI. Sin subvertir el significado de la palabra matrimonio que tiene raíces etimológicas muy claras.

Tal vez necesitamos que esos progresistas acomplejados de su fe, comiencen a argumentar en defensa de la misma, con tolerancia pero también con firmeza. Porque el modelo de dejar hacer, de consentir todo para ser guays y modernos, no ha dado personajes de categoría humana sólida, sino más bien ha convertido a unas cuantas generaciones en seres amorfos e inconsistentes, incapaces de asumir los retos de la historia.

No hay que temer la crispación social, porque de eso son maestros los anticlericales. Pero se agradece la capacidad de explicar las propias creencias sin miedos al qué dirán, o a que se nos etiquete de cavernarios.

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Acerca de Carmen Bellver

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4 respuestas a Acomplejados y miedosos o equivocados y taimados

  1. E dijo:

    El rechazo a la Iglesia es un rechazo a Dios. Creen que aceptar a Dios en sus vidas atenta contra su libertad, que creen ilimitada; creen que pueden hacer con sus vidas y con sus cuerpos lo que les plazca, y van más allá cuando quienes piensan y actúan así, lo imponen a los demás a través de cauces legales o por la fuerza de la sinrazón y la violencia. Dios es un estorbo, la Iglesia es un estorbo, para quienes no aceptan, entre otras cosas, ningún tipo de autoridad moral.
    No veo tanta diferencia entre determinadas ideologías actuales y los grandes totalitarismos del pasado siglo XX.
    Al leer el título del post me he acordado de un película buenísima sobre los juicios de Nuremberg, titulada “¿Vencedores o vencidos?” con actores de la talla de Spencer Tracy, Burt Lancaster, Judy Garland, Richard Widmark, Marlene Dietrich, entre otros. Cada secuencia, cada detalle, de la película es magistral, pero el final, la frase final que le dirige el juez norteamericano (Spencer Tracy) al sentenciado y juzgado culpable juez alemán (Burt Lancaster), es que es bíblica. El juez alemán (Burt Lancaster) es el único en todo el proceso que desde el principio asume su culpabilidad y no acepta abogado (aunque se le imponen, es así para que un juicio sea justo)

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  2. E dijo:

    El juez alemán se muestra abatido, arrepentido, confuso, no quiere defensa, no habla con nadie, y muestra desprecio por el resto de sus compatriotas que están siendo juzgados en el mismo juicio que él, porque los otros ni asumen su culpabilidad, ni muestran arrepentimiento y, en todo momento, siguen con el juego político de que ellos son mejores que la amenaza estalinista.
    Al final, cuando todos son juzgados y condenados culpables, y el juez norteamericano -que recibe muchas presiones para que no condene al menos a este juez alemán, pues le van diciendo que es una autoridad moral y que Alemania necesitaría personas así para su reconstrucción- va a visitar y despedirse del juez alemán, el único que acepta su condena como justa, éste le dice: “Créame, no sabíamos lo que estaba pasando, no sabíamos lo de los campos de exterminio”, Spencer Tracy (juez norteamericano) le responde: “La primera vez que, a sabiendas, condenó usted a un inocente, los condenó a todos”. Una gran obra maestra del cine y de gran valor moral. Ya no se hacen películas así. Ahora casi todo (no todo, gracias a Dios) es basura consumista y para el entretenimiento. Pero películas que hagan reflexionar, películas sobre los grandes valores morales que hacen que una sociedad sea justa, próspera, progrese, abra un futuro de esperanza y de convivencia mejor para nuestros hijos, de esas películas hay pocas.

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  3. E dijo:

    ¿Qué diferencia hay entre los que azuzaban e incitaban al odio contra los judíos en la Alemania nazi y los que azuzaban y azuzan e incitaban e incitan al odio contra los cristianos en España ahora y en la 2ª República? ¡Y qué decir de todos los campos de exterminio soviéticos y comunistas del mundo y de tantas persecuciones y matanzas contra cristianos en todo el mundo!
    ¿Tan ciego es el poder y las ideologías que convierten a las personas en enemigos y lobos para sus semejantes? ¿Es que no han aprendido nada de la Historia? No se debe odiar, no es sano odiar, pero todavía menos se debe incitar al odio, porque se puede desencadenar una espiral de odio y violencia incontrolada y seguro que eso nadie en su sano juicio puede desearlo. Y si llegado el caso se demostrase que hay quienes desean y participan activamente en la incitación al odio y a la violencia, a esas personas habría que denunciarlas, y si es estimada la denuncia juzgarlas. Quieren imponer un pensamiento único que los cristianos no podemos aceptar.

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  4. Juan dijo:

    Muy buen artículo! La verdad es que da gusto seguirte en tu blog.

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