La defensa del bien común

Ya es noticia la nueva formación política VOX. ¡Un nuevo partido, albricias!. Pero un partido de derechas: ¡ohhhhh!. Siglo XXI y mismo lenguaje de hace más de cien años. A ver si nos enteramos de que no hay derechas e izquierdas. Estamos todos en el mismo barco capitalista, donde ambos extremos del arco parlamentario han fracasado de manera estrepitosa. Y lo han hecho por motivos similares, olvidar el bien común y dejarse llevar por los instintos primarios. Cuando no se tienen límites y fronteras, suceden este tipo de cosas. El capitalismo ha fundido la socialdemocracia a base de corrupción, ofreciendo en su agenda pura ingeniería social para distinguirse del otro lado.

En un país asolado por los recortes y la rapiña de los bancos, no dejamos de hablar del aborto. Todavía hay quien sigue pensando que es de progresistas defender el derecho a dar matarile a un feto. Que mira por dónde a algunos que se dicen defensores de la madre tierra no les importa quitarles el derecho a la vida. Deben pensar que esa cosa que crece por semanas, no deja de ser un apéndice molesto, algo que hay que sajar a lo bestia.

Y en esas andamos mientras la nueva formación entra tomando el toro por los cuernos: suprimir ese estado de las autonomías que ha hecho repartir el botín entre diecisiete, de lo que se deduce el por qué de esta crisis que no llega ni para papel higiénico. No es mala idea en tempos de vacas flacas. Nos sobran embajadas y políticos por metro cuadrado. Cuanto menos parlamentarios, mejor, menos tendremos que pagar los ciudadanos de a pie. Es una receta de sentido común que va viciada por esa cosa que se ha ido incubando durante treinta años que es el nacionalismo periférico Terminator. Ese tipo de veleidades nos lleva directamente a un conflicto, que no es nuevo en Europa, cuna de dos guerras mundiales, nacidas al abrigo del nacionalismo. Vayan tomando nota, porque estamos en la efeméride de la primera guerra mundial.

El caso es que poner coto a la avaricia y el despilfarro político es lo único sensato de cualquier propuesta de progreso. Lo otro, reducir el discurso a vaguedades, es seguir mareando la perdiz para calentar banquillo sin hacer nada de provecho. Y en esto son maestros los señores diputados que parecen empeñados en vivir de sus privilegios mientras se hunde todo a su alrededor.

Hay una economía del bien común de la que este blog se hizo eco, hay plataformas de indignados, hay barrios enteros airados con las medidas de sus ediles que parecen dispuestos a seguir derrochando del bolsillo del contribuyente. Pero se echa en falta capacidad de juicio y análisis certero. Los políticos están acostumbrados a mentir en campaña, a falsear discursos, a repetir sin vergüenza cientos de mentiras. Y no se sonrojan ni aunque les saquen de la videoteca sus declaraciones.

Todo eso sucede porque nadie es capaz de hacerse responsable de sus actos. Nadie dimite aunque lleven en la frente la marca de Judas. Y sería conveniente que para las próximas elecciones, si amamos en algo la democracia, les diéramos en los morros a esos individuos que han hecho de la política su medio de enriquecimiento, sin atender a las necesidades de la sociedad.

Yo me pido la abstención o el voto responsable. Pero más de lo mismo ya no va conmigo. Antes me voy de España y que Dios reparta suerte.

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Acerca de Carmen Bellver

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