Ntra. Sra. de Lourdes y Benedicto XVI

Celebramos en este día de la Virgen de Lourdes la jornada mundial del enfermo. Y la efeméride ha quedado desvanecida por ese gran acontecimiento que fue la renuncia de Benedicto XVI, hace ahora un año. Sería casualidad, no lo niego, pero a mí me provocó cierto impacto que eligiese un día tan mariano. Se suceden las valoraciones de la renuncia. Y de nuevo vuelven a surgir los temas que marcaron su pontificado: el asunto de la pederastia y el Vatileaks. Dos escándalos que ensombrecieron la colosal figura de un Papa anciano, pero lúcido, tan lúcido que fue capaz con su renuncia de provocar una pequeña primavera. Un cambio que ha ilusionado a casi todas las corrientes intra y extra eclesia.

Mi valoración positiva sobre Benedicto XVI se ha fortalecido con el paso del tiempo. Me pareció siempre un gran intelectual, un excelente teólogo y un hombre poco comprendido. Su figura emergía con la sonrisa tímida y huidiza, con la voz pausada y serena. La suavidad de su presencia contrastaba con aquel el gigante polaco, de aspecto teatral y enérgico. Fue un cambio de tono dentro de unos vientos huracanados que agitaban la barca de Pedro. Pero creo que gestionó con sabiduría su papado. Sabía que sólo una renuncia podría romper la imagen de la Iglesia deteriorada por los escándalos. Y además, fue consciente de que esa labor necesitaba de una energía que a él le faltaba.

El día señalado para más anecdotarios coincide con la advocación de Ntra. Sra. de Lourdes y dentro de la Pastoral de la Salud, con la Jornada Mundial del enfermo. ¿Está enfermo Benedicto XVI?. ¿Se sentía enfermo y desvalido antes de su renuncia?. Más allá de los cálculos aventurados sobre su salud, podemos elucubrar que le agitaba una enfermedad interior, denominada impotencia; esa conciencia de saber que le era imposible limpiar a fondo toda la podredumbre que soportaba sobre sus hombros. Y atisbó con su fina inteligencia la única solución posible, la de romper esquemas y resurgir de las cenizas. De ahí que su jugada sea una pieza maestra de honestidad y entrega a la Iglesia.

Pero además decidió ser un faro en la oscuridad. Una figura eclipsada voluntariamente por el nuevo Pontífice y que sin embargo ilumina las sombras con su vigilancia permanente. Un asesor imprescindible dentro de la maquinaria Vaticana, cuyo engranaje debe conocer a la perfección, tras largos años trabajando en la ciudad Eterna. Benedicto XVI ha decidido hacer lo que un hombre de su edad necesita, orar y dedicar su tiempo a lo que cualquier anciano de sus características haría. Marcar una fecha de caducidad a cualquier pontífice no creo que haya entrado dentro de sus cálculos, porque todo depende del vigor personal y las característica particulares de cada uno.

Pero vuelvo señalar con interés el día elegido porque las apariciones de Ntra. Sra. en Lourdes tenían como mensaje dos cosas de las que andamos muy necesitados: invitación a la penitencia y a la oración por los pecadores. En un tiempo en el que el pecado parece eclipsado bajo el manto del relativismo. Y por último, invitación a vivir la pobreza evangélica. Algo que parece haber captado el Papa Francisco, incluso al elegir el nombre. La protección de María, madre de la Iglesia, es una constante en cualquier papado. La imagen de la Inmaculada Concepción somete bajo sus pies al pecado del mundo. Las apariciones no son dogma de fe, son revelaciones privadas. Pero no cabe duda que expresan de alguna manera esa verdad escondida en palabras de Pascal “Dios tiene sus razones que nuestra razón no conoce”. En 1992 fue Juan Pablo II quien en el día de la primera aparición instituyó la Jornada del enfermo, que desde entonces viene celebrándose todos los 11 de febrero.

Hagamos nuestras las invitaciones de la Virgen: oración y penitencia. Especialmente deteriorada anda la última en tiempo donde privarse de cualquier capricho se considera banal. Sin embargo, en palabras de María, son dos armas imbatibles frente al enemigo.

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Acerca de Carmen Bellver

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