“El arte de amar”

El secreto de la felicidad consiste entre otras particularidades en hacer las cosas con amor, con dedicación, con cariño. Cuando se acometen las actividades cotidianas buscando realizarlas lo mejor posible, el espíritu se ensancha. Por eso la fortuna reside en trabajar en aquello que nos realiza y amamos. En ese momento, el trabajo, se vuelve gozo. Y durante generaciones quienes mejor trabajaron y disfrutaron con mayor intensidad fueron los artistas: por aquello de que “sarna con gusto no pica”. Un artista, entre los que incluyo a actores, son exponentes de esa capacidad de entrega al trabajo que hace gozosa su actividad.

Se dice del escritor francés Víctor Hugo (Besançon, 1802-París, 1885), que escribió su novela histórica Nuestra Señora de París en tan solo una semana; durante dicha semana estuvo encerrado día y noche en su habitación entregado por entero a la escritura. El motivo de tal dedicación al trabajo no fue otro que la falta de dinero, y también la buena oferta de un editor que le prometía una gran suma de dinero a cambio de entregar una novela en el corto plazo de una semana. Refiriéndose a este hecho Víctor Hugo solía decir: “El talento es preciso para escribir, sí, pero también es importantísima la voluntad”.

En esta fecha próxima a San Valentín, con corazones atravesados por flechas y frases amorosas. Lo primero que me sugiere la edulcorada celebración es que el amor no es exclusivamente un sentimiento. A decir de los entendidos el amor es un acto de voluntad que surge de la empatía inicial, de la atracción fascinadora, de esa chispa que hace emanar una corriente de simpatía entre dos seres. Pero se derrite como agua en azucarillo, sino hay un compromiso personal por cultivarlo con dedicación.

En esa obra paradigmática e interesante de Erich Fromm, “El arte de amar” El autor postula que los elementos necesarios para el desarrollo de un amor maduro son el cuidado, la responsabilidad, el respeto y el conocimiento. Como se puede deducir hay más de voluntad que de pasión arrebatadora. Aunque sin duda se necesita esta última para que pueda surgir la segunda fase. Sobre esa chispa que llamea se construye el futuro. Y no es muy diferente la dedicación por un trabajo y la dedicación al otro. Para nosotros los creyentes el secreto reside en la máxima que proclaman los textos del Evangelio: “Haz a los demás aquello que quieres que te hagan a ti” (Mateo 7, 12). Es más feliz quien busca construir la felicidad del otro, que quien la persigue como una quimera.

Para este día de San Valentín les deseo a todos mis lectores que apuesten decididamente por hacer feliz a su pareja. Tener un detalle es importante, pero mucho más aún lo es hacer que cada día la convivencia no sea una espina clavada en el zapato. Las dificultades conyugales, como las familiares, son fruto casi siempre de nuestra propia falta de madurez y aceptación hacia el otro. Construir juntos un camino de felicidad es la mejor aventura en la que nos podemos embarcar, estemos casados o solteros. Porque en definitiva el amor se reviste de muchos colores a lo largo de nuestra existencia. Amamos a los familiares y a los amigos de una manera particular. Pero también no obligamos a estimar a los compañeros. En realidad la frase del Evangelio concluye diciendo que en el amor reside el cumplimiento de la Ley y los Profetas.

El camino de la fe no consiste en otra cosa que en practicar el amor a Dios y a los demás. Vivimos para ir construyendo lazos entre nosotros, más fuertes que las cadenas del odio y el rencor. Y ser pacíficos se resume en destacar los puntos de unión y desechar aquellos otros que nos separan y dividen. Feliz San Valentín a todos.

Acerca de Carmen Bellver

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Una respuesta a “El arte de amar”

  1. Jose Manuel Martinez Tamayo. dijo:

    Carmen la paz pasa por el cambio del hombre,deben insistirle al papa la cosagracion de rusia tal como se lo pidio Maria a los tres pastorcito en fatima,es un ruego de los enfermos y debiles por que seran martirizados.Ayudemnos a no sufrir haciendo al papa esta recomendacion.

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