Carnaval por imposición

Estamos a un pasito de Carnaval y los centros públicos se preparan para celebrar tan magno acontecimiento. Sabemos que la educación no consiste exclusivamente en inculcar conocimientos, trabajamos valores, enseñamos a pensar, educamos en las emociones. Todo forma un pack. Algunos apuestan por una educación que no valora los conocimientos memorísticos. Sin embargo, para aprender a pensar se necesita conocer muchas cosas. No sólo se estructura bien el cerebro con el conocimiento del lenguaje y las matemáticas. Se profundiza en las ciencias sociales y naturales de manera paulatina. Y eso forma la estructura básica en la que se construye la persona. Nuestras escuelas sin embargo están en estos momentos muy lejos del lugar de excelencia que miden los pedagogos. Y no obstante, nadie cuestiona que nos pasemos interminables sesiones de celebraciones lúdicas, a las que les adosamos supuestos saberes transversales que las relacionen con el conocimiento.

Entiendo que el Carnaval se vive en los Centros Educativos como algo importante, como si fuera cultura. Puede que lo sea en Rio de Janeiro y en Cádiz. En el resto lo hemos introducido en calzador. Y perdemos unos días lectivos maravillosos en celebraciones que no hacen crecer como personas a nadie. Eso sí, los niños recordaran lo bien que se lo pasaban desfilando disfrazados, los papás gozarán archivando fotos en el álbum familiar, y los docentes nos tiraremos de los pelos por no llegar a finalizar los temas de programación.

No digo que no sea importante disfrutar. Pero a mí personalmente me parece que hacemos encajes de bolillos para meter una festividad más en el horario lectivo. Y no todos podemos celebrar Carnaval porque no a todos nos gusta disfrazarnos. Hay sentimientos religiosos, personales y morales, que no son tenidos en cuenta, coaccionando a vivir lo que no se siente. Sin embargo, se han impuesto durante estos treinta años de democracia una serie de vivencias en los Centros Educativos que son totalmente profanas, muchas de ellas vienen como consigna desde organismos superiores. El día de la paz es un adosado más que enseña la tolerancia y recuerda la no violencia para resolver conflictos. El día del árbol nos aporta respeto sobre el medio ambiente. El día de la mujer nos recuerda que no hace mucho éramos ciudadanas sin derecho a voto.

Cada una de estas celebraciones marca el calendario con un goteo periódico de actos que se solapan dentro del currículum oficial. Me pregunto si los niños finlandeses y japonés celebran todos estos actos. Por no hablar de China, el gigante asiático está ya muy cerca de ser la primera potencia mundial. Y es el primer país con mejores resultados en el informe Pisa, por delante de Finlandia. Con una relación maestro alumno basada en el respeto y la autoridad, con una disciplina férrea y trabajando la memoria y la responsabilidad. Lo que vendría a confirmar que la excelencia se consigue no solo invirtiendo en educación, sino además potenciando las ganas de aprender. En ese sentido se inculca a los niños la necesidad de retomar materias que no han sido superadas, aunque se les conceda más tiempo para alcanzar sus objetivos. Lo que justificaría la excelente base académica, sin lagunas, ni vacíos.

Insisto que no veo justificación alguna para el Carnaval, pero es casi un rito de obligado cumplimiento. Vistosísimo, desde luego, lúdico, no cabe ninguna duda. Puede que fomente la socialización, que azuce la creatividad del docente para realizar disfraces originales con material poco costosos. Y que todo ello se recuerde con interés. ¿No enseña esto algo más?. Podríamos realizar una encuesta a niños y padres para que nos cuenten el origen de la festividad, y probablemente nos llevemos una gran sorpresa. Porque relacionar la Cuaresma con el Carnaval ya entra dentro de las creencias. Y no deja de ser curioso que esto suceda en una escuela que desea defender la libertad religiosa y la laicidad.

Esta reflexión es desde luego personal. Y no tiene ninguna probabilidad de modificar lo que se ha convertido en una imposición de obligado cumplimiento, por parte de la escuela pública y concertada. A la que se le ha añadido Haloween, y que de seguir por esta senda terminará por convertir a los Colegios en abanderaos de la cultura subliminal dentro del universo infantil. Que ustedes lo disfruten.

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Acerca de Carmen Bellver

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