Se nos han ido Paco de Lucía y Ana María Moix

Se nos ha ido Paco de Lucía. Un hombre que hacia hablar a la guitarra. Un genio que enamoraba con el rasgar de sus acordes. Un personaje de aspecto frágil y sencillo. Conozco su obra más que su persona, pero me caía bien. El iba a lo suyo, ajeno al bullicio de la farándula y de los focos mediáticos. Y la fama, siempre casquivana, es la moneda devaluada de cualquier artista. Viene bien recordar que en el balance de una vida, cuenta más ser buena persona que dejar un legado inmortal. Inolvidable su disco Entre dos aguas, pero más allá de su discografía deja un recuerdo imborrable en quienes le conocieron. Retirado dignamente, jugaba con sus hijos más pequeños cuando le fulminó un infarto.

Y su ausencia nos hace pensar precisamente que es el calor humano lo que cuenta en última instancia. Su prodigiosa técnica quedará en el recuerdo de los estudiosos del flamenco. Pero a mí me cautivaba su imagen sobria, las horas de trabajo solitario, el esfuerzo contenido para producir sonidos nuevos y fantásticos. Era un hombre hecho a sí mismo. Y las pocas declaraciones a los medios iban siempre en la dirección del esfuerzo y la pasión. Dos caras de una misma pieza en cualquier arte.

Hoy precisamente el Evangelio nos habla de que no podemos servir a Dios y al dinero. Y quien dice dinero, puede sustituirlo por cualquier otro ídolo de barro. Llámese poder, vanidad, orgullo, soberbia, trabajo. Se nos pide buscar el Reino de Dios y su justicia, sin que nos agobie nada más. Y se nos pone como ejemplo los lirios del campo, que ni trabajan, ni hilan. Bonitas imágenes para una onda reflexión. Especialmente en momentos de pérdida, como la de Paco de Lucia o como la de Ana María Moix, otra artista que nos deja también en plena madurez. Poeta, editora, escritora y hermana del desparecido Terenci Moix.

Si no hubieran otras palabras en el Evangelio una se quedaría con la sensación de que no vale la pena vivir con intensidad, porque en definitiva nos afanamos tras cosas que no son las que en realidad merecen la pena. Pero lo cierto es que no, que hay muchos otros ejemplos que nos piden utilizar los talentos que tengamos, ponerlos a trabajar y no guardarlos sin producir. En realidad lo que se nos invita es a no dejarnos esclavizar por el mundo. Y bien saben los artistas que se deben a su público las angustias y temores que deben superar por mantener el listón alto. Se nos habla, en cambio, de apreciar en su justa medida todo lo que nos rodea.

Pero no debemos dejar de dar gracias por esos personajes dedicados a su trabajo que nos han ofrecido su genio. Estuvieran o no absorbidos por su arte. La grandeza de la creatividad consiste en que se dona generosamente a los demás. De manera que también ellos han ofrecido lo mejor para todos nosotros. Y ojalá podamos decir también que pasaron haciendo el bien. Que es la manera como se define a Jesús, nuestro modelo y ejemplo a seguir. Pasar haciendo el bien, aprendiendo a ser mejores en aquello que sepamos hacer, construyendo lazos de fraternidad a nuestro alrededor. Y haciendo felices a los demás.

De eso trata la vida cristiana. Ahí está el Reino y su justicia. En ocuparnos de los demás y en ofrecer lo mejor de nosotros mismos. Descansen en paz estas dos figuras señeras, cada una en lo suyo. Que el Señor les acoja con misericordia.

Acerca de Carmen Bellver

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