El boom del Papa Francisco

Llevamos un año de pontificado del Papa Francisco, se están haciendo valoraciones de todo tipo. La más común es la relativa al fenómeno mediático que ha supuesto su figura. El incremento paulatino de seguidores de sus cuentas sociales. El aumento de fieles en las Iglesias, la autoridad moral de sus discursos de la que se hacen eco los medios. Me parece todo un boom que obedece a múltiples factores. El primero y fundamental será siempre el del vacío interior. Cuando se corre por el camino de lo superficial y el sentido de la vida consiste en consumir, disfrutar aparentemente, enajenarse, distraerse. Llegará un momento que la persona choque con su interioridad. Ese momento es precisamente el de las preguntas fundamentales por el sentido de la vida. Dónde ponemos el corazón. Por qué nos agitamos, qué nos mueve a seguir navegando a través de corrientes que no llevan a ninguna parte.

Nadie puede negar el ansia de espiritualidad interior de nuestra época. En especial en un mundo materialista, donde el hedonismo parece medir por el mismo patrón a toda la sociedad. En ese mundo de personajes vacios a quienes se encumbra a través de los medios, en ese espejismo constante. Algunos, saben mirar hacia adentro y no dejarse engañar por las apariencias. Y ahí es muy posible que la figura del Papa de los gestos impacte con mayor fuerza, remueva conciencias, suscite preguntas. Y seguramente lleve a muchos devuelta a la fe. Porque el corazón está sediento de trascendencia y sólo un amor oblativo puede llenarlo en plenitud.

La vida es un camino hacia Dios en el que atravesamos por desiertos donde se eclipsa su presencia. Pero en definitiva todos terminaremos por encontrarnos con Él. Y hacer conscientes de esa realidad a todo el mundo es la vocación cristiana. No predicamos lo suficiente la fe. Malvivimos aletargados en cumplimientos rutinarios. No arde en nuestro interior el fuego del Espíritu que te lleva a salir de los márgenes para salvar almas. Incluso tiene mala prensa eso de preocuparse por las almas.

Pues bien, el Papa Francisco en cada una de sus intervenciones lleva el sello del testigo de la fe en alto, eso es lo que está conmoviendo al mundo. Sabe predicar con el ejemplo y con la palabra clara y diáfana, sin barroquismos ni circunloquios vacíos. Y eso mismo se nos pide a cada uno de nosotros. Que demos testimonio de la fe, enseñando a valorar lo que de verdad vale la pena. El amor a Dios y a los demás. Un tándem que lleva a la fraternidad universal, la única capaz de superar las injusticias con la fuerza de la caridad.

Me pregunto si sabremos dar esperanza a tantas almas en pena que andan por el mundo. Obnubilados por los falsos ídolos de barro tras los que se afanan hasta el hastío. Me conmueve pensar que podríamos devolver el sentido de la vida a muchas personas con solo mostrarles el cálido abrazo amoroso de Dios. Y estamos llamados a crear esas estructuras de amor entre nosotros.

Que este tiempo de Cuaresma nos invite a todos a ocuparnos más de reflejar en nuestro rostro la paz de Cristo. Sólo así podremos suscitar el anhelo de conocer la fe en los demás

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Acerca de Carmen Bellver

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