Asia Bibi: testigo de nuestro tiempo

Cuatro largos años de cárcel para una madre de familia como Asia Bibi. Un caso que tiene repercusiones internacionales gracias, entre otros, al ministro para las Minorías religiosas Shahbaz Bhatti, quien mantuvo la defensa de Asia, siendo asesinado por su causa en el 2011 por extremistas islámicos. El grave delito de esta madre católica paquistaní de cinco hijos fue ir a por agua a un pozo musulmán, lo que le valió la acusación de convertir en impuro el pozo y la exigencia de convertirse al islam. A lo que ella lleva negándose imperiosamente. El Papa Benedicto XVI también pidió su indulto, así como numerosas organizaciones de derechos humanos, sin respuesta hasta la fecha.

El gobernador de Punjab, Salman Taseer, también fue asesinado en el 2011 por defender la libertad de Asia Bibi. La figura valiente de esta mujer convencida de preferir la muerte antes que la apostasía de su fe, nos recuerda la valentía de los primeros mártires. En un tiempo donde se oculta sistemáticamente que la fe de muchos creyentes es puesta a prueba. Se ha dicho del siglo XX que tuvo más mártires en comparación que todas las víctimas anteriores, incluyendo las de las primeras persecuciones.

No hace mucho pude visionar “Un Dios prohibido” sobre el asesinato de los seminaristas claretianos de Barbastro junto a sus formadores. Estamos ahora reaccionando a la revisión histórica que nos abdujo durante la transición, dando lugar a una larga filmografía de exaltación de la República, sin reconocimiento de sus numerosos errores. Entre los que cabe destacar la larga persecución religiosa de miles de sacerdotes, fieles o monjas, por el único delito de profesar su fe. Se estrena por estas mismas fechas “Bajo un manto de estrellas” sobre los dominicos ejecutados en Almagro. Las fuentes históricas corroboran que todos ellos prefirieron morir antes de apostatar de su fe. Su delito, como en el caso de Asia Bibi, es el odio irracional incapaz de aceptar la libertad religiosa como un bien a defender en un estado de derecho.

Y estas situaciones han sido frecuentes y lo siguen siendo en multitud de países. Sin que los organismos internacionales sean capaces de arbitrar sanciones o estipular acuerdos que salvaguarden la libertad de creencias. Las películas antes mencionadas nos ponen tras la pista del odio a la fe. Un odio que también se fraguó en México a principios de los años veinte del pasado siglo. Que nació con especial virulencia en la Revolución soviética persistiendo hasta la caída del comunismo. Que sigue presente en países totalitarios como China, donde la Iglesia católica sobrevive en la clandestinidad. Que está derramando la sangre de miles de creyentes en territorios islamistas.

No hay nada nuevo que nos sepamos. A lo largo de la historia fueron numerosas las persecuciones por la fe. Muchos abjuraron, otros muchos derramaron su sangre conscientes de que vale la pena morir por Cristo, y lo hicieron perdonando a sus ejecutores, dando testimonio de su fortaleza espiritual.

En este tiempo de Cuaresma, recordemos a los miles de cristianos perseguidos a lo largo del mundo, oremos por ellos para que el Señor les asista en la tribulación. Y reivindiquemos ante los organismos internacionales el derecho a la libertad religiosa como un bien precioso que hay que defender como un derecho humano irrenunciable.

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Acerca de Carmen Bellver

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