El baile de la confusión

Reivindico la sana pluralidad. Reivindico la libertad de expresión. Pero me indigna que en nombre de tan nobles principios se confunda a la gente, que le ofrezcan sucedáneos que nada tienen que ven con los buenos alimentos. Y sin embargo como en la parábola del trigo y la cizaña, todo anda revuelto. De esa manera llegan libros, artículos, conferencias y disertaciones de dudosa doctrina a todos los rincones del planeta. Te encuentras con personajes rodeados de una aureola mágica promocionada por determinados medios, que les hace ser gurús de la nueva era. La del sincretismo religioso, el relativismo ramplón, el yo me lo como y me lo guiso a mi gusto. He oído cientos de veces hablar a gente que se considera muy espiritual y navega por los tenebrosos océanos de los seudos profetas. Aborrecen todo lo que venga de la Iglesia y la tradición. Y se dedican a ser francotiradores de la fe, creyendo servir a una noble causa, la de la reforma de una Iglesia en la que no se sienten cómodos, pero de la que tampoco se atreven a salir. Porque para ellos “todos somos Iglesia”.

En la nueva era tecnológica se suceden las páginas de información religiosa junto a los blogs personales. Distinguir la opinión de la información es un ejercicio cada día más complicado. Porque se suele utilizar la información sesgada, manipulada según el criterio personal del informador. Promocionar a determinados personajes en un portal religioso nos debe llevar siempre a plantearnos si la supuesta pluralidad no es sencillamente una estrategia hábilmente calculada para seguir horadando los cimientos de la fe sencilla de miles de personas. Tirar del relumbrón de algunas firmas conocidas. Financiarse con el pedigrí de determinadas Entidades religiosas. Todo tiene su cálculo milimétricamente dosificado.¿ Ante tanta confusión qué se puede hacer?. Les aseguro que el tema me produce un cierto desasosiego. A la larga se termina por dejar de leer a esos personajes liantes y malandrines de la fe que pululan como moscas alrededor de la miel. Y es que los hijos del diablo siempre son más astutos que los hijos de la luz.

En cualquier caso dejemos que al malhumor le sigan unas dosis de misericordina y esperanza. Recemos para que sus tenebrosas mentes se aclaren con unas dosis de gracia fruto de esa oración que tenemos en común en la comunión de los santos. Seguro que a más de unos se le caerán las escamas de los ojos y podrá contemplar la Verdad sin sucedáneos tóxicos, como los que se suelen vender en algunos blogs.

Reconozco no tener ninguna facilidad para la apologética. Mi formación personal está bastante alejada de esa línea. Por eso cuando caigo en la tentación de refutar infundios malintencionados, me limito al artículo de opinión. Y todo queda en esa línea peligrosa de la descalificación. Algo que me molesta porque no le veo que lleve a ninguna parte. De manera que pese a leer verdaderas burradas de otros compañeros de este portal. He optado por callar, que es algo que también están haciendo muchos ilustres colaboradores, con más méritos y conocimientos de los que yo pueda tener.

Pero convendría que al baile de la confusión alguien le pusiera un poco de sentido común. Porque el proceso se está complicando de manera pasmosa. Y algunos terminarán por no saber distinguir su mano derecha de su izquierda. En cualquier caso debemos tener claro que la calidad no se puede medir por el éxito o la audiencia de un determinado portal. Porque estamos hartos de contemplar como los medios se deciden por dar basura para aumentar beneficios. Todo en definitiva se convierte en negocio por encima de valores que debieran ser el verdadero motor que mueve los hilos entre bambalinas.

Esa honestidad es precisamente la pieza fundamental del bien común, tan deteriorado en todas las instancias de nuestra sociedad. ¿Es esto una crítica despiadada o sencillamente una reflexión abierta a la consideración de cualquier lector?. Yo confío que sea más bien lo segundo y que permita expresarse con libertad a quienes lo lean.

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Acerca de Carmen Bellver

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