Y con Internet falleció la privacidad

Hemos entrado de lleno en la Nueva Era. Ya nada será como antes. Mis alumnos no entienden el sentido de escribir una carta, cuando se puede enviar un WhastApp o un SMS o un email. Todo rápido, corto, sin mucho vocabulario ni imágenes literarias, ni filigranas verbales. Han nacido en la época de Internet. Y cuando leen libros de otras épocas no se imaginan que se pudiera vivir sin nevera, sin televisión, sin electricidad. Precisamente eso es lo bueno de la literatura, que nos mete de lleno en épocas diferentes, que nos alumbra historias que nunca hubiéramos imaginado, que nos enriquece el vocabulario y nos hace llevar un registro de palabras desconocidas. Usar el diccionario es descubrir la parte oculta de las palabras que suenan raras y extrañas.

Ese es el camino de hoy para amar la literatura y leer no ya los libros de texto que pueden resultar súper aburridos, sino a esos grandes maestros que hacen sencillo lo complejo. Quien ha estudiado algo de filosofía recordará sin duda lo mucho que disfrutó con El Mundo de Sofía de Jostein Gaardern. Personalmente me hizo recordar mi profesor de filosofía que le daba sentido a todos los textos de Aristóteles, Platón o Sócrates. Reconociendo en cada uno de ellos las preguntas fundamentales que dan sentido a la existencia. En la medida que se olviden las humanidades, perdiendo peso a favor de una técnica que no está supeditada a mejorar la sociedad, sino a crear negocio, más fácil será dominar al individuo, masificarlo, sopesar sus intereses y sacar beneficio de todo aquello por lo que se siente atraído.

He empezado un curso de lenguaje informático y me pierdo en el mundo de los bits y el temible marketing digital. Porque el marketing ya fue inventado con anterioridad pero ahora recoge información de todas nuestras cuentas de correo y redes sociales. Hoy vale la pena desaparecer en el anonimato y no existir para Internet. Seguramente con ello ganaríamos independencia, aunque nos condenemos a cierto grado de ostracismo. La vida es un aprendizaje continuo y no podemos olvidar que el futuro es hoy la red. Pero si debiéramos protegernos en la medida de lo posible.

Yo me he negado muchas veces a poner mi fecha de nacimiento. Y lo curioso es que ahora me sale en la página de inicio el horóscopo que corresponde a la fecha falsa. No he querido poner muchos datos familiares y no he subido ninguna foto personal. Odio que me reenvíen, pero terminaremos todos identificados de un modo u otro. Porque los dichosos stmarphones nos hacen a todos vulnerables de ser abducidos por cualquiera.

Si cruzamos los datos que piden algunas corporaciones como el DNI o la fecha de nacimiento, descubriremos que hay empresas dedicadas exclusivamente a atar cabos de todos nuestros datos. La misma policía advierte con razones de peso que no publiquemos fotos de nuestro lugares de veraneo. Que no descubramos nuestras escapadas del hogar. Porque ahora no se trata de que el vecino esté al tanto de nuestro correo. Es que la propia red es un libro abierto de nuestra persona.

Para quienes disfrutamos escribiendo, nos resulta muy duro esto de tener que cubrirnos las espaldas. Algunos lo han hecho bien desde el principio escogiendo nombres de personajes ficticios. No sé, a mí por ejemplo no me gusta admitir por amigo un nombre sin foto. Los casos que añado es porque son conocidos reales. Nada de personajes de muchos seguidores.

Hoy la técnica se impone E-comerce; Cloud Computing el mismo Google Analytcs, todos contratan datos y ofrecen mensaje subliminales que como dato curioso intentan vender el producto que se supone más nos agrada, más falta nos hace, o por el que más nos hemos identificado.

Ojo al dato. Esas empresas venden información a otras corporaciones. Por eso, insisto que al utilizar la web informemos a nuestros alumnos e hijos de que ese espacio global y atractivo, también es una fuente de striptis personal. Es fabuloso que pueda leer la carta pastoral que cada domingo publica mi arzobispo. Es genial que pueda leer decenas de opiniones de conocidos que me son afines por cultura o religión. Pero detrás de todo ello se oculta siempre la mano oscura. En cierto modo aquellos que no piensan como nosotros, que tienen otros intereses, nos catalogan inmediatamente. Y no todo el mundo es tolerante con ciertas opiniones o información.

Pues bien. Seguiremos navegando y manifestándonos porque para quienes nos gusta escribir es una manera de llegar al público que con anterioridad pasaba inevitablemente por las manos de alguien que decidía por ti, valorando si lo tuyo se publicaba o no. Pero no olvidemos que la aldea global es un peligro real que hay que medir y sopesar.

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Acerca de Carmen Bellver

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