La mayodormia de Vitigudino, una de godos y visigodos

Es algo que me viene persiguiendo machaconamente. Preguntas cuyas respuestas no encuentro, o si las encuentro, me desconciertan. Que tres curas niegan la mayodormia a una mujer en Vitigudino por vivir en pecado. ¿Qué es eso del pecado?. Pues que no están casados por la Iglesia, ni tan siquiera por lo civil. Se lleva ahora mucho. Pero no impide que sean padrinos de bautizos, ni tampoco que den la comunión a sus hijos. Ni que reciban un sepelio religioso. Aquí algunos pasan de la coherencia y pelillos a la mar. Ese es el otro escándalo que algunos omiten al hablar del tema. Todos a hacer la vista gorda, porque además se pasa factura, aunque enmascarada como donativo para buenas obras.

Pues miren, yo no soy quién para decir quien vive en pecado. La iglesia inicia la eucaristía reconociéndonos a todos como pecadores. Pero el que escandaliza con sus actos ya es otra cosa. Lo mínimo es un poco de coherencia. Y no me voy a poner a juzgar si los curas de Vitigudino han hecho bien o mal. El efecto ha sido un pueblo enervado ante un hecho que muestra cierto grado crispación y enfrentamiento. Pero una se pregunta si se puede permitir que lleve el paso de Nazareno un encapuchado que esconde el petate de alcohol bajo su túnica.

Lo que sucede es que los fieles somos piedra de toque de las habladurías de quienes nos conocen. Y además lo somos de manera inmisericorde. Es decir no al estilo de Jesús que ponía delante la misericordia, sino al estilo de María Antonia Iglesias, que falleció ayer, y para escándalo de algunos se manifestó en más de una ocasión como creyente. Pero su lengua viperina no tenía remilgos mojigatos. Eso la novela española lo ha retratado milimetricamente desde Galdós a Unamuno; desde Pío Baroja a “La Regenta” de Leopoldo Alas, apodado, Clarín.

Pues así son las cosas de esta Iglesia Santa y Pecadora. Nos reunimos para bautizar a un infante al que nunca se le va a enseñar a encomendarse a Dios, ni cuáles son las principales oraciones del cristiano. Ni siquiera hacer la señal de la cruz. Es un cristiano neófito en materia religiosa que llegará a recibir alguna catequesis cuando se aproxime a la edad de la comunión. Pero todo cumpliendo como por compromiso, como rito que hay que llevar a cabo, sin mayores trascendencias. Y pobre del cura que quiera poner coto en el asunto.

Los hay que son coherentes y ni comulgan, ni muestran el mínimo interés porque sus hijos tomen la primera comunión. Ni tampoco les bautizaron. Como mucho reunieron unos amigos y celebraron cordialmente que se incorporaba un nuevo ser a la familia.

Yo no entro a juzgar detalles. Ni quien es mejor o peor. Allá cada uno con su conciencia, que es en definitiva por lo que nos debemos regir. Lo que sí me preocupa es hacer leña del árbol caído. No se puede ir a determinados sitios vestidos de un modo concreto porque el buen gusto y la etiqueta así lo demanda. Pues con el mismo sentido común la Iglesia pide unos requisitos mínimos para sus feligreses. Especialmente si estos puedan dar lugar a ciertos comentarios, como que al cura le importa una higa que dos anden amancebados. Tal vez tendremos que plantear la cuestión no desde ese buen rollito del relativismo moderno, del que quién soy yo para juzgar si eso es pecado o no

¡Pero qué leches si está en los mandamientos!. ¿O es que también vamos a pasar del decálogo?. Porque al final sólo nos examinarán del amor. Y como esos se aman mucho, pues mira, a cerrar la boca. No, hombre, un poco de coherencia. El escándalo lo es porque unos dicen que sí y otros dicen que no. Lo que viene a mostrar el grado de permisividad y confusión en la que nos estamos enredando. Y en cada parroquia hay diez feligreses, aunque sean tipo La Regenta, que irán murmurando que ese mucho comulgar pero da de coces a su hermano.

Y es que tendemos a confundir el rito con la fe. Las normas eclesiásticas con el Evangelio, la misericordia con el alce de hombros, la parroquia con el casino del pueblo. Y ante situaciones como se han encontrado los curas de Vitigudino unos son godos y otros visigodos. Que es como decir de la misma familia pero enfrentados en permanente disputa. Y el bueno, al decir de algunos, el que traga con el asunto porque tiene un corazón de oro.

Y así Somos Iglesia, en frontera, en el atrio porticado de la catedral, en la revista más leída por la feligresía. En la confusión creada por visiones diferentes de lo que es fe y lo que no es fe. De lo que conlleva rezar el Credo y de lo que compromete ser confirmado en la Iglesia. Que no es un feudo como algunos intentan hacernos creer, sino un lugar sagrado donde puede acudir los más granado a lo más vil. Y así sigue sucediendo desde el siglo I cuando unos dijeron ser de Pablo y otros de Pedro.

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Acerca de Carmen Bellver

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