Pedro Sánchez y la sede de las viejas consignas

Esto de los partidos sigue teniendo mala pinta porque parten de principios equivocados. No se trata de cambiar caras para dar un aire nuevo al partido y buscar gente que posa bien y tiene buena planta. Señores, a ver cuando comprenden que las ideas son las que no se renuevan. Que llevan años tratando de cargarse el Concordato con la Santa Sede. Que desde que Zapatero tenía espinillas adolescentes, siguen con la vena laicista y las ideas preconcebidas del siglo XIX. No es cuestión de poner a Pedro Sánchez al frente del complejo entramado socialista.

Se les ha parado el reloj. Porque ya no son obreros, sino hombres y mujeres que visten de marca y utilizan tarjetas visa oro. Al menos la derecha no reniega de su origen burgués. Pero ustedes hicieron la revolución, la perdieron y finalizaron siendo más burgueses y liberales que la mismísima democracia cristiana.

Yo de las personas que no han ejercido en su vida otra profesión que la de medrar en un partido, es que ni me molesto en seguirles la pista. Me basta y sobra conocer por el rabillo del ojo que esos no valorarán jamás al trabajador, ni lucharán por mejorar sus condiciones. Porque viven de los privilegios desde que iniciaron su carrera hacia la poltrona.

Podemos seguir lamentándonos de los errores o podemos intentar de verdad que se renueven las ideas y que aparezcan soluciones a la crisis permanente en la que está instalado el capitalismo. Si quieren hacer resurgir de las cenizas una ideología que ya no da más de sí. Seguirán cometiendo los mismos errores que sus antecesores. Y nos llevarán inevitablemente al precipicio.

No se puede vivir en una dictadura financiera donde unos pocos guardan millones en paraísos fiscales y se suprimen sin vergüenza las ayudas sociales. Se han cargado la sociedad del bienestar que estaba basada en unos derechos que son universales y vale la pena luchar por ellos. Sus bisabuelos se dejaron la piel en eso. Hicieron marchas para que las mujeres tuvieran voto; utilizaron la huelga cuando las condiciones draconianas de la economía industrial hacia mal vivir a los obreros, condenándolos a la pobreza y la semi-esclavitud. Crearon sindicatos para negociar condiciones laborales dignas. Pero todo eso ocurrió en un tiempo y una época que ya ha pasado.

Y hoy ante los problemas globales que nos atañen a todos. Seguimos poniendo tiritas sin entrar de lleno en el quirófano para operar al enfermo y recuperar la salud. La inmigración ya no tiene vuelta atrás. La gente cruza fronteras, océanos, ríos, continentes. Porque van tras el dorado como los conquistadores españoles. Buscan una vida digna, mejores condiciones para sus hijos, médicos que les atiendan cuando están enfermos, residencias donde puedan terminar con cierto bienestar sus últimos años.

Todos eso se construyó bajo la premisa de esos derechos humanos universales que nos dicen que no hay diferencias por el color de la piel o por la religión que se profese. Que hay lugares comunes que no se pueden vender al mejor postor. Y mira por donde, cuando indagas sobre la vida de quienes estuvieron en política activa durante la transición. Te encuentras con que además de sus pensiones vitalicias son consejeros de entidades y multinacionales, cobrando una riñonada por asistir a diez reuniones al año, que ya son muchas.

Esa es la marca y divisa de la traición de quienes ayer decían que les avalaban cien años de honradez y tienen que esconderse bajo las sábanas para que no se les vea la cara roja de la poca vergüenza que les queda. Y no son los únicos en el patético desfile de imputados en cohechos, evasiones de impuestos, comisiones ilícitas, etc. Podrían ocupar todas las páginas del periódico de más tirada partidos de todos los colores.

Volviendo al principio del tema, se ve claro que no se trata de Sánchez, tras Zapatero cualquier cambio de imagen lleva la sospecha de Maquiavelo grabada en su frente. Y tras Pujol a una le parece fantástico que se pueda ver a las claras que el separatismo se inoculó como un virus para beneficio de la casta. Esos privilegiados que hablaban de que España nos roba. Eran los verdaderos ladrones de guante blanco, blindados por el poder.

Se nos cae España si no surgen ideas, más allá de las que dicta el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y esos mandarines del club privilegiado que dirige misiles destructivos hacia la sociedad del bienestar y que encuentra todas las puertas abiertas para delinquir sin que nadie les lleve a la trena. Precisamente por eso seguiremos rogando por España y por todos aquellos que deben dirigir su destino.

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Acerca de Carmen Bellver

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