La sangre de los mártires cristianos en Irak, no conmueve a Occidente

Hay dos páginas de información religiosa que no dudan en acoger como bloguers a destacados defensores de la memoria histórica. La catedral de los mártires y el blog del sacerdote Jorge López Teulón hacen memoria sobre los mártires de la guerra civil, que se ha ido apagando por la propaganda del lado republicado que ayer mismo exaltaba a las 13 rosas. En el post anterior sobre el conflicto palestino-israelí, comentaba que a mí me duelen igual las víctimas de un lado y otro. Ambas están atrapadas en una espiral de violencia que destruye el derecho a la vida y además afecta a civiles indefensos.

Pero hay un rasgo que me llama mucho la atención, la gente que podía renunciar a su fe con una sencilla blasfemia y salvar su vida, sin embargo prefería morir gritando ¡Viva Cristo Rey!. Eran sacerdotes, religiosos, civiles, exterminados por ser fieles a Dios. No habían luchado en ningún bando, no llevaban armas, no tenían intención de atacar al gobierno de la República. Estaban en manos de gente armada que había decidido exterminar cualquier vestigio de cristianismo en su territorio. Y que llevó a cabo un genocidio sistemático con gente inocente. Y eso es un hecho histórico innegable.

Algo similar sucede ahora en Irak, los cristianos marcados en las puertas de sus casas como Nazarenos, con una señal tan significativa como lo fue la estrella de David en las casas de los judíos, previo a deportarlos y exterminarlos por los nazis. Estos cristianos han sido invitados a renegar de su fe y asumir determinadas condiciones bajo un régimen islamista que está llevando a cabo un genocidio cruel e inhumano. Pues bien, los cristianos abandonan sus casas, sus bienes, y se lanzan con lo puesto a un éxodo hacia tierras que quieran acogerlos como refugiados. Y afortunadamente las hay, existe todavía gente que profesa la religión de Mahoma y que acoge a los cristianos.

Me gustaría que todos los bautizados nos pusiéramos en la piel de estos cristianos de Irak que reflexionáramos si estamos dispuestos a perderlo todo antes que renunciar a la fe. Que nos planteemos si valoramos por encima de nuestras vidas y pertenencias la fe que da sentido a nuestra existencia. Estamos asistiendo a un nuevo holocausto, hermanos nuestros dan su vida antes que renegar de Cristo. Y de paso comprobamos como el derecho universal de respetar la fe de los ciudadanos, firmado por organizaciones mundiales, se puede ignorar desde la prepotencia de las armas.

El día de la Asunción hay otra jornada de oración por nuestros hermanos perseguidos. Lo más esperanzador ha sido la reacción de otros países musulmanes. Locutoras de televisión que llevan en solidaridad el icono de Nazareno. Signo mundial que se ha puesto en marcha en la red en un gesto que dignifica y separa claramente la frontera entre la fe y el fanatismo. Si hay países islamistas como Jordania que respeta otras creencias. Que acoge a los perseguidos. Si la media luna que es lo equivalente a la cruz roja, está lanzando protestas sobre lo que sucede. Podemos sentir que Dios obra en los corazones de los hombres la suficiente sensibilidad como para sentir empatía por quien sufre. Que la humanidad se hermana incluso en las diferencias.

Todos somos hijos de Dios, también quienes reniegan de Él. Todos somos hermanos esa es la fe que profesa el cristianismo. Y además con un plus de valor que a imagen de Jesucristo en la cruz, es capaz de perdonar a su verdugo. Lamento que estos hechos apenas sean portada en los medios. Que no promuevan manifestaciones solidarias de todos los cristianos del mundo. Francia ha sido la única nación occidental que se ha ofrecido a acoger a los cristianos de Irak. La laica Francia habla, la católica España, calla. Lo único que ha hecho el gobierno español es paralizar la exportación de armas a Israel. Pero no conozco ninguna iniciativa del gobierno del Partido Popular contra de ese crimen de lesa humanidad que sufren los cristianos en Irak.

Ni siquiera las iglesias convocan jornadas de oración. Y deberíamos ser los fieles quienes promovieran marchas solidarias por la paz y el respeto a los derechos humanos. Especialmente porque no se puede consentir el silencio de países que se tienen por civilizados. El silencio siempre es cómplice del mal.

Es muy significativo, en cambio, recordar la movilización que hubo contra la guerra de Irak por parte de EEUU, que movilizó una marea humana en todo Occidente, y que convirtió a Bush en diana de todas las protestas. Aquello sucedía en el 2.003. Desde entonces, cuántas víctimas inocentes han sido sacrificadas. ¿Cuántas revueltas árabes han conducido a un gobierno democrático?.

Los ciudadanos seguimos siendo esos peones en el tablero de ajedrez de algunos poderosos. No olvidemos que por cuestiones de azar pueden cambiar las tornas y convertir el polvorín de Oriente Medio en el detonante de la III guerra mundial.

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Acerca de Carmen Bellver

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