Los señores de la guerra y la desinformación de los medios

No sé el argot periodístico para dejar que un conflicto pase a ser secundario y otro tome el relevo en primer plano. Lo que sí tengo claro es que en este siglo XXI al menos unos cuantos de ellos tienen origen en sus recursos energéticos. De manera que me he permitido recurrir a google ese “sabelotodo” y miren por dónde Ucrania tiene en su territorio los principales gasoductos que suministran energía a la Unión Europea. Y me he quedado helada, sospechando que bajo el torbellino Ucraniano se está llevando a cabo una guerra económica entre potencias.

Algunas fuentes aseguran que los intereses de determinadas multinacionales de EEUU están haciendo negocio con esta sucia guerra. Se trata en definitiva de lo de siempre de mantener el control estratégico de los principales recursos energéticos para seguir siendo la principal potencia del mundo. La cuestión es que esa guerra se manipula, como todas, en los medios. Y ni les cuento lo que se cuece en las redes sociales. Invento curioso que tiene como principal objetivo desinformar, antes que informar. Y para algunos cretinos, liberar adrenalina con la mala bilis tomando como diana lo que sea.

Pero basta abrir un poco los ojos y los oídos para darnos cuenta de que estamos viviendo un cambio de era. Donde muchos conflictos tienen detrás un frio cálculo de intereses económicos. África es una buena muestra, con el mineral codiciado para nuestros smartphone, el clotán, cuyas minas son campos de esclavitud de niños que se escurren por túneles apestosos para extraer el codicioso material. Les dejo los puntos calientes del continente Africano, que además guarda minerales tan codiciados como el diamante. Observen los mapas del Congo y Sierra Leona. El Congo está en guerra desde 1.998. En Sierra Leona el inicio comenzó en 1.991 y llegó a filmarse una película “Diamantes de sangre”.

No voy a entrar en más detalles porque terminaríamos haciendo un análisis que no están realizando los medios de comunicación. Nos amargan las comidas y cenas con telediarios llenos de un baño de sangre. Eso no es información, sino manipulación interesada que casi siempre esconde la verdad bajo una cortina difusa de largos intereses económicos. El pueblo podría sublevarse si sospechara que algunos se dedican a provocar conflictos para llenar sus bolsillos. Y si, efectivamente, hay muchos conflictos cuyos intereses económicos son tan importantes que no se les pone fin porque todavía no han ganado suficiente “los señores de la guerra”.

Ahora mismo el foco se ha desviado a Oriente Medio y baja de intensidad el conflicto en Ucrania, el derribo del avión malasio derivó en acusaciones de carácter internacional. Me temo que se ha intentado involucrar a Rusia, quien hasta el momento se mantiene firme dentro de las posiciones del derecho internacional. Pero a nadie se le escapa que el polvorín está ahí y puede estallar en nuestras narices. Los intereses geoestratégicos son de suficiente importancia como para que Europa tomara partido de alguna manera.

No nos llegan imágenes de lo que está sucediendo, ahora la atención de la opinión pública se ha desviado. Pero en Ucrania también se está machacando a la población civil. De manera que asistimos a este juego en el tablero de ajedrez con una inmensa impotencia, frente a tanto dolor y muerte. Tomar partido por unos u otros es el objetivo de los medios de comunicación. Ser prosionista o propalestino; proruso o proucraniano. Todo es un absurdo envenenamiento que enfrenta a la población. Si tuviéramos la información real y verídica del por qué de estas guerras, tal vez todo podrían oír la voz del Papa Francisco clamando por la paz y la resolución de las diferencias. Porque la muerte, el asesinato y el crimen son armas diabólicas. Nos hace falta leer a Isaías 2, 3-5:

Irán muchos pueblos y dirán:
«Venid, subamos al monte del Señor,
al Templo del Dios de Jacob.
Él nos instruirá en sus caminos
y marcharemos por sus senderos,
porque de Sión saldrá la Ley,
y de Jerusalén la palabra del Señor».
4 Él juzgará entre las naciones,
y dictará sentencia a muchos pueblos.
De sus espadas forjarán azadas,
y de sus lanzas, podaderas.
No alzará espada nación contra nación,
ni se adiestrarán más para la guerra.

Nos hace falta ser constructores de la paz en nuestras calles y ciudades. Salimos a protestar contra la guerra de Irak y no nos hicieron caso. Cuánta sangre inocente derramada por la avaricia y el poder. ¿Y todavía hay quien duda del poder de la oración?. Sólo Dios sabe de cuántos peligros hemos escapado gracias al clamor de su pueblo rogando día y noche por la paz del mundo.

La indiferencia nos convierte en ese rico de la parábola de Lázaro que banqueteaba mientras a Lázaro le lamían sus heridas los perros. Muchos no saben valorar el don de la paz. Y dar gracias a Dios por vivir donde viven. Otros se alzan de hombros, con el consabido no podemos hacer nada. No es cierto, podemos hacer lo que esté en nuestra mano. Especialmente ayudar a la población civil que es tan inocente como podamos serlo nosotros. Y crear conciencia para que los Estados no conviertan a los ciudadanos en “daños colaterales”.

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Acerca de Carmen Bellver

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